Siempre tendremos París, y Casablanca, pero no siempre habrá producciones con enamorados como personajes principales que nos arranquen lágrimas y risas en buena lid y nos inviten a soñar, aunque sea por unos instantes, que podríamos ser esos dos allá adelante, en la pantalla grande.
¿Para qué pedirle peras al olmo desabrido que es Siempre el mismo día (One Day, 2011)? Demasiada ingenuidad esperar que con los huesos de Anne Hathaway (princesa de Disney venida a más) y Jim Sturgess (el Jude de la beatlesca Across the Universe) se produzcan chispas festivas. Nada. Cero.
Género socorrido por tórtolos acaramelados (de esos que, de entrada, echan para atrás el brazo que separa dos butacas); por mujeres que aman demasiado (y en color rosa); y por novios y esposos complacientes (“la que tú quieras, mi amor; a mi me da igual”), la comedia romántica no es, por definición, un divertimento descerebrado. Pero también es cierto que no todos los días se filman Annie Hall o When Harry Met Sally.
One Day quiere apoyarse en demasía en el carisma de los actores principales. Basado en un exitoso best seller del mismo título –su autor, David Nicholls, perpetra el guión–, el resultado es noño, simplón, plagado de lugares comunes.
Decía Jules Renard que “entre un hombre y una mujer la amistad es tan sólo una pasarela que conduce al amor”. Aquí hay dos amigos que se encuentran los 15 de julio a lo largo de casi 20 años hasta que, por fin, reciben el beso fulminante del amor. Y entonces sucede lo que en Love Story, La última nieve de primavera u Otoño en Nueva York: la fatal separación de los amantes. El amor imposible, trunco, cegado, es recurso argumental muy socorrido. Hora de sacar los kleenex.
Hay tal fajoneo a las fórmulas en esta cinta de la danesa Lone Scherfig (quien alguna vez acarició los lineamientos del Dogma 95 y mostró sensibilidad con el material de Nick Hornby en An Education) que hasta la banda sonora canturrea un titilante “refrito de Ennio Morricone, favor de empezar a sollozar”.
Lo mejor es que la amada de este comentarista se durmió un buen cacho de la peli y esa noche –descansada ella; inquieto él– tuvieron fiestecita. Boba comedia romántica en una noche de invierno: plan con maña. –Jordi Torre.

En la cita de Jules Renard he recordado a este gran escritor francés y sobre todo su libro tal vez autobiográfico «Poil de carotte» cuyo personaje un niño malquerido por su madre quien para luchar contra las humillaciones cotidianas y el odio maternal se refugiaba en la ironía y decía » Todos no pueden ser huérfanos……..»