Hoy, 18 de agosto, se cumplen 85 años del asesinato de Federico García Lorca. Durante este tiempo varios han sido los interesados en reunir uno por uno los textos inéditos que el poeta granadino guardó en maletas, entregó a sus amigos o dejó en algún cajón. Otros tantos han ido en busca de ejemplares casi extintos o con el sello de la censura. Todo para que los lectores puedan alumbrarse con las palabras lorquianas. De ese recorrido editorial se ocupa esta pieza.
Cuando Guillermo de Torre inició el primer intento de reunir las obras completas de Federico García Lorca, en la editorial Losada de Argentina, no le fue fácil encontrar los inéditos del poeta: ardua labor porque Poeta en Nueva York; Doña Rosita, la soltera y La casa de Bernarda Alba, entre otras, no se habían publicado antes de 1936, año de su muerte. A tal complicación se impusieron otros escrúpulos: la obediencia a la voluntad del autor, casi irrefrenable, tras su ominosa muerte al comienzo de la guerra civil española.
Gracias a su tenacidad y a la ayuda de amigos y admiradores del poeta, en particular de Margarita Xingú, De Torre sentó las bases sólidas y duraderas para el conocimiento de la obra literaria del poeta granadino. Pero con voluntad expresa omitió un libro de prosa primeriza: Impresiones y paisajes. Publicado en Granada, en 1918, marcó el inicio de una breve y fulgurante carrera literaria. Hallar un ejemplar en Buenos Aires era una tarea poco menos que imposible. No obstante, De Torre estaba consciente de que García Lorca guardaba una opinión negativa de aquellas páginas de juventud. Fue Manuel Ángeles Ortiz, compañero del poeta, quien le prestó su extraño y casi único ejemplar. De tal modo que el investigador literario ratificó su primera compilación e incluyó una selección en las Obras completas, editadas por Losada.
En ese entonces, entre la omisión y la selección, se debatió un doble criterio: el estético, respetuoso de la visión que el escritor pudo tener de su obra; y el objetivo “científico”, que pretendía reunir toda su obra sin escatimar página alguna. La pugna duró varias décadas y a ella alude Marie Laffranque en su breve introducción a la Poesía inédita de juventud (1994). Laffranque fue una hispanista francesa que, pese a que tuvo problemas de salud —quedó cuadripléjica— se dedicó al estudio de la vida y obra de Lorca. Su tesis de doctorado Les idées esthétiques de Federico García Lorca (1967) está dividida en cuatro etapas esenciales: juventud en Granada, estancia en Madrid, experiencia en Estados Unidos y vivencias dentro de la segunda república.
Sobre la obra lorquiana no sólo se debatía el criterio, sino que estaba en juego la búsqueda y el hallazgo de nuevos textos; tarea que continuó deparando sorpresas tanto a investigadores como a lectores. Impresiones y paisajes sólo se restituye completo en la decimoctava edición de las Obras completas (1973) que, bajo el cuidado del escritor y periodista Arturo del Hoyo, editó Aguilar en Madrid.
Otro problema que aplazó la entrega de la obra completa de Lorca a sus lectores fue que hasta 1954 un consejo de ministros, presidido por Francisco Franco, aprobó la primera edición de Aguilar. Y antes de eso hubo otros casos de asfixia política. Por ejemplo, el editor español José Manuel Blecua conservaba un ejemplar de La casa de Bernarda Alba (Losada, 1945) con un gran sello en su portada, en donde constaba la autorización de la censura para el “disfrute y uso exclusivo del volumen” por parte del editor de poesía española, cuyo nombre fue añadido a mano en el centro de dicho membrete.

Ilustración: David Peón
Por fortuna, las censuras políticas, el desconocimiento de originales y los escrúpulos estéticos son ya un horizonte lejano. La lucha por reunir íntegra la obra del poeta es en sí misma una historia apasionante impregnada de sueños y debates, en donde han estado implicados la familia del poeta y un grupo de admiradores e investigadores. A los primeros pasos editoriales dados en Buenos Aires y en Madrid, se suma hoy la amplia secuencia de reediciones a un lado y otro del Atlántico. Para gusto de sus lectores, todavía se insiste en encontrar un Lorca completo.
La aparición de un libro capital y póstumo de Francisco García Lorca, Federico y su mundo (Alianza, 1980), marcó simbólicamente un cambio de dirección en el rescate de la obra lorquiana. Detrás de esas páginas estaba el empeño del hermano del poeta, quien también deseaba la edición de la obra inédita y la depuración crítica de los textos conocidos. La consulta de manuscritos, apógrafos y primeras publicaciones permitió fijar ediciones confiables, labor que llevaron a cabo varios críticos literarios de diversos países.
En esa misma década salieron a la luz los dibujos de Lorca. En 1986 la obra gráfica del poeta se expuso en el Museo Español de Arte Contemporáneo y se reunió en el catálogo Libro de los dibujos de Federico García Lorca (Tabapress, 1990). En la siguiente década, en 1999, se dio a conocer un análisis de la gráfica del poeta. En Los dibujos poéticos de Federico García Lorca, Benito Madariaga de la Campa habla sobre cómo se gestaron, a quién se los dedica y cómo es el trazo en cada uno de ellos: las manos que sangran; la luna como testigo de nostalgias; las lágrimas derramadas; la presencia de peces, perros, caballos, pájaros, pavorreales y dragones; payasos, arlequines, sirenas, caras con jaras y retratos de personajes que van desde Dalí, Whitman hasta san Jorge, san Cristóbal, san Sebastián y la Virgen. En sus primeras páginas también aparece el retrato que Gregorio Prieto le hizo a Lorca días antes del asesinato. El cuadro está en el acervo del Museo de la Fundación Gregorio Prieto, localizado en Valdepeñas, Ciudad Real, España.
Para conmemorar el centenario del nacimiento de García Lorca, en 1998, Fernando del Paso publicó La muerte se va a Granada, obra de teatro, escrita en verso, que repasa los últimos días del poeta, a quien la Guardia Civil arrestó por ser acusado de ser espía ruso, por su trabajo como secretario de Fernando de los Ríos —intelectual y militante del Partido Socialista Obrero Español— y por ser homosexual. En el homenaje de Del Paso a Lorca aparecen algunos dibujos del poeta.
A través de los años se ha ido recuperando, a cuentagotas, la producción musical de Lorca, anterior a su inclinación a la literatura. En la Fundación de su nombre se conservan unas partituras de composiciones musicales que escribió en su juventud y un nutrido repertorio de la música popular española que solía escuchar.
Elvira García Picosi, prima del poeta, relató hace tiempo a un periodista del diario madrileño ABC la pérdida de un baúl durante la guerra civil; la valija contenía inéditos. Lo que se logró rescatar fue una gran cantidad de textos que aparecen en la serie de volúmenes publicados por Cátedra en 1994: Prosa inédita de juventud, Poesía inédita de juventud, Teatro inédito de juventud, en ediciones de Christopher Maurer, Christian de Paepe y Andrés Soria Olmedo. La aparición en esta misma casa editorial y fecha de Impresiones y paisajes, en una escrupulosa edición de Rafael Lorenzo Millares, vino a cerrar la secuencia de este reencuentro con Lorca.
Por recomendación del escritor Francisco Umbral, el crítico literario Miguel García-Posada se encargó de fijar el canon lorquiano. García-Posada conocía los pormenores de cada edición lorquiana que se intentó ponderar con el carácter de obra completa, incluso desde la iniciativa de Guillermo de Torre. Su relación como especialista de García Lorca le llevó treinta años de dedicación. Otro acierto fue que en 1984 dio a conocer versos inéditos de Lorca, Sonetos del amor oscuro. En vísperas del centenario del poeta, en 1997, comenzaron a publicarse los tomos de la Obra completa de Federico García Lorca, bajo el sello de Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg. El volumen I está dedicado a la poesía, el II al teatro, el III a la prosa y el IV recopila primeros escritos y correspondencia. García-Posada fue un crítico literario con mucha influencia en España desde 1980 hasta 2012, año de su muerte.
Marie Laffranque mantuvo una relación cordial con Francisco García Lorca, hermano menor de Federico, hasta que la hispanista falleció en 1976. En una ocasión, ella le preguntó: “Paco, ¿a ti te parece que la mitad de los lorquistas estamos locos?”. Francisco respondió: “La mitad no, más, María, más”. Años después, el fundador del Museo de Fuente Vaqueros, el poeta Juan de Loxa, definió el arraigo que abarca a todos los estudiosos obsesionados con la obra: “enlorquecidos”.
Tras el centenario del poeta, ocurrido en 1998, han surgido biografías, ensayos, libros para niños con los dibujos del dramaturgo, cuadernos para iluminar, películas sobre su vida y obra, escenificaciones de sus obras de teatro, estudios basados en su grafología, tesis, diversas revisiones y la historiografía digital de su obra; quizá alguno que otro poema suelto que haya estado en manos de sus amigos y que, en su momento, hubiera escapado del escrutinio riguroso de García-Posada.
Lorca es, sin duda, el poeta y dramaturgo español más traducido en la historia. Los fascistas creían que al eliminar al poeta granadino iban a sepultar también su voz, su obra. Se equivocaron.
Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y editora.