Las preguntas correctas

Es interesante que la reciente controversia alrededor de los Arieles no habla mucho de  la calidad de las películas nominadas o no nominadas. En las múltiples discusiones en torno al tema de las que he sido parte,  no he escuchado a mucha gente que me alegue que “Rudo y Cursi” es una porquería sin redención posible, o que “Desierto Adentro” es una obra de arte que les cambió la vida. No. Lo que escucho en ambos bandos es que “Arráncame la vida” es muy cara y vendió muchos boletos, y que “Los Herederos” es el triunfo de un esfuerzo que fue capaz de multiplicar panes y peces en donde no había nada. Me parece triste y limitado pensar así. Más allá de eso: me parece necio e inconducente.

Decir que la lista de nominados es correcta porque es correcto que la academia elija la calidad sobre la comercialidad,  y defienda a las producciones nacionales que no defiende la opinión popular, es menospreciar a todos los involucrados: a la academia, al público y sobre todo a las películas nominadas. Películas que cuentan entre sus virtudes muchas más cosas que su bajo presupuesto y su corto paso por la cartelera. No hay un valor intrínseco en hacer una película que nadie ve. Simplemente no lo hay. ¿Eso significa que quien hace una película debe modificarle un sólo cuadro en nombre de buscarle éxito comercial? De ninguna manera. Pero tampoco significa que quien tiene  éxito comercial deba, casi por decreto, quedar excluído del prestigio y el valor que tiene el reconocimiento de la crítica, los festivales y sí,  de los Arieles y otros premios que entregan sus pares.

Yo tuve la suerte de ver los Arieles con un amigo mío que es una dosis de realidad: economista, fan de Ben Stiller, cinéfilo de domingo en la tarde. Se dedicó toda la ceremonia a preguntarme qué estaba pasando, por que medio notaba que había un desencuentro entre los asistentes. No tenía idea de quién era, vamos, ni Gimenez Cacho; de Yulene Olaizolamejor ni hablar.  Hizo el favor de identificar a Diego Luna como “el gordito de ‘El abuelo y yo’ que se está dando a Camila Sodi”.  Cuento esto para que nos acordemos (porque increíblemente a veces se nos olvida) de que no existe tal cosa como el cine mexicano comercial.   “Arráncame la vida” con su envidiable y exitosísimo paso por la taquilla,  no logró recaudar en diez semanas lo que “Un chihuahua en Beverly Hills”  recaudó en dos. En México existe nada más el cine nacional  que ve poca gente y el cine nacional que no ve nadie.  En una industria así ¿no es ocioso hablar de dinero a la hora de entregar premios?

Los disgustos, las quejas y las defensas deberían hablar de cine, no de cuentas.  Las cuatro películas que aspiraban al premio principal en los Arieles de este año sin duda merecían su nominación (las ví todas, y conociendo su calidad, me parece un hecho terrible que tuve que asistir a tres festivales en ciudades distintas para hacerlo). No creo que la calidad de los nominados esté a discusión, lo que me parece notable es que la defensa que sus allegados esgrimen contra  los quejosos del lado “comercial” del disgusto, tienen siempre menos que ver con su factura o su contenido que con su presupuesto: como si dijeran que a falta de dinero y público lo que les “toca”, de menos, es un premio que (aclaran, además) a nadie le importa. 

El hecho mismo de que se mencionen presupuestos y taquillas habla mal de la discusión.

Esta gran controversia hace muchas preguntas equivocadas: ¿Por qué la academia no se alínea con el público? ¿Por qué las películas caras no son premiadas? No tiene sentido.

Yo creo que las preguntas correctas van por otro lado:  ¿Por qué si se convoca a votar a 300 miembros de la academia, sólo confirman 70? ¿Quién da fe de los resultados? ¿Cómo se elige a los miembros votantes que no han ganado un Ariel? ¿Por qué nadie había oído hablar de los Arieles en años? ¿Por qué con tanta naturalidad hablamos de él como un premio sin repercusiones? ¿Por qué algunas de las películas nominadas no tienen dustribuidor? ¿Por qué ser consideradas por la Academia como lo mejor del año no las ayuda a conseguir uno? ¿Por qué aceptamos que el premio máximo de la cinematografía mexicana no tenga importancia?

Y sobre todo, sobre todo ¿Por qué no dejamos de contar pesos y hablamos de talento?  ¿Por qué no dejamos de hablar de esfuerzo y hablamos de cine? Y sí, también ¿Por qué no nos parece importante que mi amigo economista sepa quién es Fernando Eimbcke como sí sabe quien es Wes Anderson? Las academias y sus premios ¿no deberían servir también para crear esos puentes?

Por otro lado, es verdad que hay que dejar de llamarse a engaño y de rasgarse las vestiduras exigiendo democracia. Los premios son arbitrarios, está en su definición ser excluyentes.  Por lo menos estos premios, esta vez, nos están obligando a hablar de ellos; a pensar en lo que premian; a buscar y  formular las preguntas correctas. 


6 comentarios en “Las preguntas correctas

  1. Yo creo que lo que hace falta en estos casos es ponernos a pensar que los Arieles deberían ser un premio mucho más atractivo, lo que los Oscares son para la industria Hollywoodense y no una entrega olvidable y que sólo causó controversia por «Arráncame la Vida» y si no hubiera sido por eso, éste año, una vez más, hubiera pasado desapercibido.
    Yo sí creo que tenemos cine comercial en México y bien que mal puedo decir que conozco poca gente que no hubiera ido a ver «Arráncame la vida» al cine o la rentara, sé que hay sus excepciones, siempre las hay, pero sí es una película que atrajo a un público mucho más numeroso que Lake Tahoe. Al final del día lo que hace de una entrega de premios un fenómenos atractivo para la gente es que la gente sepa de qué diablos están hablando y es triste saber que La Academia se dedicó a entregar premios a pura película desconocida, cuando, no digo que no se deba, pero sí deberían darle chance a las películas más «comerciales» o conocidas. Y es un error que la película que se mandó como representante de México a los Oscares, terminó por no representar a México ni en México. Yo estoy a favor de un cambio en «Los Arieles» hacerlos más para la gente sin caer en ser los premios TvNovelas!

  2. Claramente la idea de que exista una academia busca establecer un juicio calificado sobre algo, en este caso el cine, me parece que el problema está en que (1) se planeta como opuesto lo «comercial» con la «calidad», a veces es verdad pero no siempre, pareciera que a los puntos de una película se le restan los de recaudación como si fuera un pecado; (2) el juicio de los notables a veces tiende a ser muy especializado y se separa de la realidad del arte, poco importa si se cumple o no con los cánones en turno, vale más descubrir si una obra cumple con su objetivo de comunicar, conmover o llegarle de alguna forma a su público. En resumen un premio debe discriminar, pero no se debe tornar algo que sea sólo para iniciados… eso es despreciar el origen de lo que hace al cine el séptimo arte, su universalidad y su capacidad de enfrentarnos con una forma diversa de ver el mundo.

  3. me encanta el cine. me fascina que la gente piense y cuente historias, que sea capaz de ponerles cara. y no estudié cine, mucho menos soy una clavada de leer sobre él. pero supongo que como dicen en publicidad soy «target», el 90% de la población que acude al cine es como yo. vamos a desconectarnos, a disfrutar, a viajar, a conmovernos y hasta a mentar madres. y a la mera hora poco importa si la película costó 1 o 200 millones de dólares, si sale Leonardo DiCaprio o Mario Zaragoza. las puedo disfrutar u odiar igual. aquí el tema es qué historia decidieron unos monitos contar, por qué les pareció relevante, con qué imágenes la unieron y cómo la llevaron a cabo. eso es. eso es hacer arte. yo me dedico a diseñar. la fotografía de Rudo y Cursi me parece una joya. arráncame la Vida me conmovió por todos lados. Eso me pasó. Y creo que de eso tendrían que tratar los premios. Lake Tahoe es una maravilla, que bueno que ganó. Pero igual de bien hubiera estado ver a Roberto Sneider recibir ese premio. así es esto, los premios son arbitrarios. y que bueno que hablemos por lo menos por unos días con tanto ahinco sobre el cine en México. pero la discusión es acerca de que es memorable en la pantalla grande, por los motivos que sean, mucho más allá de cuanto costó y de si es «comercial».

  4. Es curioso como en la «Academia» mexicana se dedican más a pelearse pro cosas que sólo a ellos les importan y que a hacer cine.

    Sólo creo que con lake Tahoe sí tenían razón ah y que espanto Irene Azuela, hacer como ídolos de barro es de flojera

  5. Con explicación o sin explicación, con justicia o sin justicia, por arbitrariedades o por méritos Arráncame la Vida debió ser reconocida y punto. La manufactura, el guión, la producción, los actores… es una película con innumerables aciertos y es una verdadera tristeza que se le haya descartado justo por eso.
    Sus méritos son tan grandes que miles de personas lo reconocieron tomándose la molestia de pagar un boleto para verla. Eso no se debería pasarse por alto.

  6. Yo opino, que la respuesta es esta, (corríjame la autora si no):

    -Porque en México muchos no tienen ni tiempo ni dinero para meterse a una sala.

    -Algunos tienen tiempo y dinero pero sólo curiosidad/cultura suficiente para conocer lo más inmediato.

    -Poquísimos tienen tiempo, dinero y curiosidad/cultura suficiente para ir a la salas con una idea de qué van a ver, quién dirige, quién produce etc.

    -Finalmente, sólo la redacción de este blog cruza estados de la república para ver a los nominados de los Arieles.

    Este debate se puso tan bueno que, yo pienso, a la gente de a pie como yo, no sólo está empezando a saber que un Ariel no sólo sirve para lavar la ropa, sino que existe una afición y una industria de cine Made in Mexico. Eso, como ya dije, está muy bueno.

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