Vicente Rojo y Arnoldo Kraus se embarcaron en un proyecto literario-visual del que llevan tres entregas: Apología del lápiz (DGP del Conaculta), Apología del libro (DGP del Conaculta) y Apología de las cosas (Sexto Piso/Secretaría de Cultura). El artista plástico y el médico escritor trabajaron bajo una premisa: las cosas, como las ideas y las palabras, tienen bagaje y memoria, acumulan historias. Ambos conciben la nostalgia como necesidad. Kraus rinde homenaje a Vicente Rojo —en su cumpleaños 85— y conversa sobre los vínculos entre medicina, escritura, diseño y pintura.

Vicente Rojo, Autorretrato, técnica mixta sobre madera, 140 x 140 cm, 2016. Fotografía de la pieza: cortesía de Sexto Piso.
Alejandro García Abreu: ¿Cómo ha sido tu relación creativa con Vicente Rojo a lo largo de los años?
Arnoldo Kraus: El vínculo con Vicente siempre ha sido magnífico desde todos los puntos de vista. Lo primero que habría que subrayar, por supuesto, es la inmensa personalidad de Vicente, inmensa en el sentido de su gran balance en cuanto a ser el mejor diseñador de México, uno de los más grandes artistas, con esa increíble humildad que enmarca toda su vida. Ser amigo de Vicente es ser amigo de un gran hombre, por lo humilde que es. Desde ese punto de vista, para mí es un privilegio —un regalo de vida— colaborar con él. Y, como sabes, hemos acabado tres libros y tenemos alguna otra colaboración. Con Rojo tengo muchos niveles de conversación y el primero es entre dos seres humanos. Nos mueven y nos conmueven muchos sucesos de la vida. De ahí nace un vínculo absolutamente fuerte e inicial. Posteriormente los vínculos se han ido agrandando. Yo soy su médico de cabecera, que es lo más bonito que puedo decir. Al ser médico de una persona tú te conviertes en su escucha, en su amigo, en su confesor y viceversa. He tenido la suerte de saltar de la relación humana entre dos personas a la relación médico-paciente y a una relación donde vinculamos escritura, diseño y pintura.

AGA: Sus saberes y especialidades —en Rojo, las artes plásticas y el diseño editorial; en tu caso, la medicina y la bioética— convergen.
AK: Mencionaste la palabra bioética. Honestamente yo diría que tanto Vicente como yo —sobre todo Vicente— nos conducimos como personas éticas, como personas que creemos en el ser humano, que respetamos al ser humano, que le damos prioridad a todo lo que tiene que ver con la humanidad y con la tierra, contra una serie de elementos que están obrando, llámense la política, la desigualdad económica, toda clase de oprobios. Vicente y yo establecimos una fuerte relación cuando apoyamos, hasta donde fue posible, al movimiento zapatista. Entonces el vínculo parte de dos personas a las que nos interesa mucho la ética, es decir, que nos preocupamos por el ser humano y la tierra.
AGA: En Apología del lápiz recuerdas que lapizar significa “dibujar o rayar con lápiz”. Y afirmas “Lapizar la vida es una faena hermosa. Lapizar significa mirar”. ¿Cómo miras a Vicente rojo, siguiendo la premisa de “lapizar la vida”?
AK: Antes utilicé la palabra humildad. Hay unas líneas de T. S. Eliot que me gusta repetir: “La única sabiduría que podemos esperar adquirir/ Es la sabiduría de la humildad: la humildad no tiene fin”. Vicente tiene esa sabiduría inmensa de un ser humano entrado en años. Lapizar es también una palabra que tendría que ver con la amistad, con el hecho de amistarse con Vicente a través de instrumentos como el arte. Él, por medio de sus grandes virtudes y artes, ha lapizado mis textos, los cuales yo he lapizado con palabras.

AGA: ¿De qué manera vinculas las diversas vertientes del tacto, imprescindible en la medicina y en las artes plásticas?
AK: La buena medicina es la que se establece, nace, se nutre y elogia la relación médico-paciente. Uso la palabra “relación” porque implica tocar, ver, escuchar, palpar, mover y hacerte cargo de todo lo que las otras personas te dicen. Las palabras tacto, mirar, palpar, escuchar —que son un continuo— tienen que ver mucho con el ejercicio médico y la escritura, e indudablemente con la pintura y con el diseño. Son el alma máter de lo que hace Vicente Rojo. Entonces uno se va dando cuenta de que la vida puede vincular muchas cosas, en este caso un trinomio entre medicina, escritura y pintura. Fácilmente hay muchos entrecruzamientos. Uno no los ve pero ahí están esperando a que alguien los revele.
AGA: “Los autorretratos sin cara tienen otras caras”, afirmas en Apología de las cosas, libro que contiene la pieza de Rojo titulada Autorretrato, de 2016. Concluyes: “Así Autorretrato: toda una vida llena de cosas”. ¿Qué significa para ti el Autorretrato de Rojo?
AK: Es el culmen y la apoteosis del libro. El volumen nació de un texto mío que leyó Vicente. Le gustó el texto y el libro continuó haciéndose conforme Vicente realizó su Autorretrato. La modificación del texto original se fue dando a la par que Vicente fue terminando su obra y hubo que agregar algunas partes de la pieza, del Autorretrato. Para mí es algo maravilloso que Vicente haya llamado Autorretrato a esa pieza que contiene sus cosas e ilustra el libro. Vicente, cuando leyó mi texto, dijo que él también tenía muchas cosas a las cuales les quería dar vida y no sabía cómo. Esas cosas están en Autorretrato. Hay pinceles, plumas, plumones, tubos de pintura usados, soldaditos de Barcelona, compases, reglas. Todo eso conforma el Autorretrato de Vicente. No se pintó con ojos, con nariz, con boca, con barba, con pelo; él hizo un autorretrato con sus cosas para darle presencia a su cara, a guiños, a su figura. Es algo que quizá va en el sentido de cierta humildad.

AGA: Apología del libro es la constatación de que los “libros son compañeros: palian el peso de los días y atenúan el dolor de la vida”. Imagino que Rojo y tú compartieron esa idea desde el comienzo de su relación amistosa y creativa. ¿Cómo recuerdas tu primer encuentro con el artista visual?
AK: Mi primer encuentro con él fue absolutamente médico. Fui a ver a su primera esposa, que estaba enferma en casa, y así fue como conocí a Vicente. Luego hubo juntas en su taller en las que intentábamos apoyar al movimiento zapatista. Después desarrollamos las colaboraciones.
Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.