Orlando es un niño que vive en una cueva. No hace ruido ni se mueve bruscamente porque, le dicen los adultos, “el Ejército puede en encontrarnos”. El lugar es tan oscuro y el silencio tan obligado que Orlando sólo puede reconocer a sus padres tocándoles el rostro. Huele a guano: la caverna es la casa natural de murciélagos que buscan la humedad en las alturas. Durante dos años y medio la cueva también es el refugio de Orlando y de otros habitantes de Cinquera, en el Salvador. El Ejército los busca por “subversivos”. Y los encuentra: para llevarlos al exterior, golpearlos, asesinarlos, desaparecerlos. A todos menos a Orlando: un niño que se esconde del Ejército hasta que el silencio del exterior le diga que puede salir. Cuando lo hace, de Cinquera sólo queda el mismo abandono que se replicó de 1979 a 1992 en El Salvador, años de conflictos armados al interior del país centroamericano.
Orlando volvió a la cueva veinte años después. La idea fue de la realizadora salvadoreña Tatiana Huezo, quien conoce bien Cinquera porque es el pueblo donde nació su abuela. Se lo propuso a Orlando durante el rodaje de su documental El lugar más pequeño que, después de exhibirse en más de 50 festivales y recibir 38 premios o menciones, se estrena en México este fin de semana. “Orlando hoy es un hombre de treinta y tantos años que no había vuelto a esa cueva desde que escapó. Le dio mucha curiosidad regresar y emoción de contarme cómo fue la infancia que vivió allí dentro”, describe Tatiana Huezo.
Huezo, egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) visitó Cinquera por varios años de manera itinerante, sin plan de rodaje ni equipo de producción a la mano; temporadas donde conoció bien a sus habitantes. Ellos le contaron de la cueva, de los escondidos, de Orlando. También le enseñaron cómo se vive después de la muerte de hijos, padres y hermanos, más de 80 mil muertos después de 12 años de guerra.
Cuatro años después de la primera visita a Cinquera y varios intentos fallidos por levantar el proyecto a Tatiana Huezo le llegó la hora del concretar el rodaje: “tenía este proyecto abandonado y enterrado cuando recibí un correo del CCC para invitarme a su primera convocatoria de óperas primas. Desempolvé la carpeta de producción, rescribí el proyecto y lo envié. A la semana me llamó Henner Hofmann, director del CCC, para decirme que estaban enamorados de El lugar más pequeño y que me daban el apoyo para realizar el documental”.
Al mes de esa llamada Huezo y su equipo de producción comenzaron a filmar. Al fotógrafo Ernesto Pardo se le sumó el sonidista Federico González, y un jovencísimo productor: Nicolás Celis. “Unas semanas antes del rodaje mi productora canceló su participación. El CCC me propuso a Nicolás Celis, que conocí el día que entró a la oficina: un niño de 23 años, flaco, rubio, con cara de pollo. ¿Será que este muchachito tendrá la capacidad de sacar adelante tremenda aventura? Tuve muchas dudas, pero no había otra opción”, recordó la directora.
Dudas que se disiparon durante la filmación: El lugar más pequeño se hizo durante nueve semanas, un rodaje largo con condiciones de producción que incluyeron altas temperaturas, plantas de luz en la montaña, prolongadas caminatas, humedad adversa al equipo técnico, días de lluvia imparable y una directora rigurosa, disciplinada y apegada al plan de trabajo. Nicolás Celis, quien trabajó anteriormente con los directores Elisa Miller y Jorge Michel Grau, sacó adelante al equipo y concretó una de las producciones más premiada del CCC. “La película es lo que es gracias a Nicolás”, confesó Tatiana Huezo.
La carpeta que Huezo le presentó al CCC no incluía aproximaciones históricas a la guerra en El Salvador, no había testimonios a cuadro ni imágenes de archivo para ilustrar los sucesos. A Huezo le interesaron las historias personales de los sobrevivientes, su vida cotidiana, la manera en cómo platican de las perdidas y las ausencias desde el punto de vista “más íntimo posible”. Por eso utilizó la voz en off de los protagonistas mientras la imagen exhibe la humedad del bosque de Cinquera, las paredes con dibujos de una casa, el parto de una vaca o la calada que una mujer mayor le da a su cigarro. El diseño sonoro de Lena Eskenazi y la música de Leo Heiblum y Jacobo Liberman terminan de componer el retrato interior de un pueblo marcado por la guerra.
Los testimonios de El lugar más pequeño son el resultado de varias horas de conversación en solitario entre la directora y los protagonistas. Sólo un micrófono fue testigo de lo que se platicó en medio del bosque, sin cámaras ni más elementos de producción. “Fue una apuesta previa al rodaje que permitió que los protagonistas entraran en un relato más íntimo, casi para sí mismos”, señaló Huezo, para quien el cine es un oficio que requiere compromiso y preparación.
La apuesta de Huezo por un relato íntimo también acompañó a Orlando hasta la cueva que lo escondió en infancia, “el corazón trágico de El lugar más pequeño”. Es una caverna que se encuentra a tres horas caminando desde Cinquera, trayecto que la directora recorrió varias veces con su equipo hasta el día del rodaje. “Después de caminar, la entrada está a quince metros de escalada en roca; es un lugar muy caluroso y sofocante que se vuelve macabro porque no entra la luz”, describió la directora. Dentro de la caverna Orlando recordó la oscuridad, los ruidos, los rostros de sus padres y compañeros un testimonio único que quedó registrado en el documental mientras los murciélagos vuelan y el aire se va agotando.
Cinquera es un pueblo que tiene alrededor de mil habitantes y está ubicado al noreste de El Salvador. Para llegar a él desde la capital salvadoreña se recorre un camino de tres horas de terracería, seco durante el invierno y lluvioso en el verano, las únicas estaciones que ocurren al año. Es un pueblo con pocas calles, una escuela y una iglesia cuyas paredes cuelgan retratos de jóvenes guerrilleros asesinados en la guerra, las historias que los familiares recordaron ante la mirada cinematográfica de Huezo y su equipo.
Tatiana Huezo logró que la vida de esos salvadoreños se conociera en Corea, Alemania, Abu Dhabi, Estados Unidos, países en donde ya se exhibió El lugar más pequeño. “Con esta película aprendí que siempre hay un pedazo en todo hombre que queda intocable a pesar de la muerte y la violencia. Es el lugar más pequeño y más grande del ser humano. Los mexicanos podemos aprender de los salvadoreños, de cómo superaron las perdidas, de cómo el olvido es la única verdadera forma de perder cualquier batalla”.
El documental El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo, se estrenó este viernes 30 de marzo, distribuido por la Cineteca Nacional. Se exhibe en Cinépolis Universidad, The Movie Company, Lumiere Reforma, Cinemark Pericoapa, Cinemagic Ixtapaluca, Cinemanía Loreto, Cinemanía Parque Huayamilpas, La casa del Cine, Sala Molière IFAL y la Biblioteca Vasconcelos. –Mariana Linares Cruz
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Muy bien escrito y reseñado.