La Reina Beth: un gambito que vale la pena aceptar

Gambito de dama, la miniserie de Netflix sobre la vida de una joven ajedrecista con problemas de adicción, ha sido uno de los programas televisivos más exitosos de los últimos tiempos. Esta elogiosa reseña considera a la serie como una excelente introducción al mundo del ajedrez.

Estimado lector, seas o no aficionado al ajedrez:

Los productos culturales relacionados con el juego-ciencia son como esa primera edición de nuestra novela favorita con la que uno se topa en algún anaquel perdido del mundo: aparecen muy rara vez, lo que los hace aún más especiales.

Ilustración: Patricio Betteo

Tal es el caso, por ejemplo, de  la película En busca de Bobby Fischer (1993), protagonizada por Max Pomeranc y dirigida por Steven Zaillian. El filme cuenta la conmovedora historia de un niño prodigio que, sin más deseo que divertirse en los tableros de Central Park, se adentra al mundo del deporte —sí, el ajedrez es un deporte— de alto rendimiento: con presiones de padres, entrenadores y competidores. Hasta hace poco, esta película era el referente pico de los productos culturales relacionados con el ajedrez. Y entonces, querido lector, llegó Gambito de dama.

Hay que decirlo: esta miniserie, distribuida por Netflix, es una de las mejores cosas que le ha pasado al mundo del ajedrez en tiempos recientes. Su popularidad es innegable: estoy seguro de que mucha más gente conoce Gambito de dama que la que recuerda a En busca de Bobby Fischer. Es posible que la serie termine por afianzarse como el programa de televisión más recordado de los tiempos pandémicos que vivimos. Esto es porque se trata de un producto fácilmente disfrutable para cualquiera, sepa o no sepa cómo se mueve un caballo o un alfil.

Empecemos con los aficionados al ajedrez. ¿Por qué deberían invertir tiempo en ver estos siete episodios? Porque, en primer lugar, la serie está llena de referencias ajedrecísticas que, de una manera fluida, ligera y nada pretenciosa, nos hacen compartir la pasión de los personajes por el juego: se habla de aperturas, defensas, finales o situaciones de juego medio con tanta naturalidad que uno termina por sentirse o miembro del club o un jugador más del torneo.

En segundo lugar, un aficionado al ajedrez podría encontrar emocionante el hecho de que esa misma naturalidad puede servir como una introducción al ajedrez para muchas personas que de otra manera no se interesarían por este deporte. Gambito de dama hace un muy buen trabajo al mostrarnos —con licencias dramáticas, por supuesto— cómo se organiza y se juega un torneo, para qué sirven esos relojes dobles, cómo se desarrollan las partidas rápidas, cuáles son las reglas de las llamadas “simultáneas”, cómo se registra una partida para la posteridad, todo el entrenamiento que hay detrás de una jugadora o jugador, etc. Es decir:  la serie abre de par en par las puertas del ajedrez para todo aquel que no lo conocía. Como muestra de este entusiasmo, ahí están los videos en YouTube que algunos de los más importantes canales dedicados al ajedrez han subido sobre las partidas que se juegan a lo largo de la trama.

Por otra parte, Gambito de dama goza de una historia potente y de elementos atractivos para cualquier espectador. La actuación de Anya Taylor-Joy es portentosa: hizo de Beth Harmon, la protagonista, un personaje cautivador gracias a su asertividad y su carácter, pero también al mostrar las vulnerabilidades que trae consigo la soledad. Me atrevería incluso a decir que Taylor-Joy está llamada a convertirse en una gran diva del cine internacional, a la manera de Emma Watson y Anne Hathaway.

Entre las vulnerabilidades expresadas en la pantalla cobran relevancia particular las adicciones, inducidas muchas veces por el propio sistema: recordemos que Beth se hace adicta a los calmantes por causa de la casa hogar donde vivía. Las adicciones de la protagonista son el producto de un mundo cruel y solitario que —aún jugando ajedrez en un lujoso hotel de París— es muy difícil de franquear. Así, los problemas con las sustancias de Beth y su madre adoptiva podrían leerse como un mensaje contundente: el síntoma particular de una enfermedad social más general. Al recrear la mitad del siglo XX, Gambito de dama nos muestra cómo la soledad y sus consecuencias son el producto de una sociedad poco amable, donde actitudes como la misoginia, el machismo, el racismo y el abandono llevan a mal puerto a la gente. Beth es brillante, sí, pero también es mujer. La serie nos recuerda que, para las personas que sistemáticamente quedan fuera del foco cultural, económico e intelectual del mundo del ajedrez, el talento no basta.

Hablamos, pues, de una miniserie redonda y por ello muy recomendable. Pero, ¿cuáles son sus puntos débiles? Hay que mencionar que el método por el que se define al campeón mundial de ajedrez no tiene nada que ver con lo que se muestra en la pantalla. Y luego está el tinte pro-Estados Unidos que vemos en los episodios finales, muy al estilo de Rocky IV.

No obstante, hay que insistir: Gambito de dama es posiblemente lo mejor que le ha pasado al mundo del ajedrez en mucho tiempo. La amplia audiencia de la que goza Netflix y lo bien lograda que es esta serie pueden ser una combinación ganadora para difundir una actividad tan benéfica y acaso accesible como el ajedrez. Por lo pronto, yo he desempolvado mi viejo tablero y he descargado una aplicación buenísima de problemas ajedrecísticos, pero sería genial enterarse de que alguien aprendió a jugar y compró sus primeras piezas luego de ver a Elizabeth Harmon acabar con sus oponentes. En el juego del ajedrez, el gambito de dama es una jugada que el oponente debe aceptar o rechazar. En este caso, vale la pena hacer lo primero.

 

Mauricio Rodríguez Lara
Internacionalista, consultor en comunicación política y asuntos internacionales, con una afición renovada por el juego-ciencia que aprendió de su tío hace tantos años.

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Publicado en: Cine

Un comentario en “La Reina Beth: un gambito que vale la pena aceptar

  1. La serie está basada en una novela – de acuerdo con una crítica en El País- y difiere con el personaje literario que nada tiene de la belleza física de la actriz de la serie: hay una falsigicación del personaje. Son sin duda hábiles esos señorrs fe Netflix.

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