La razón política y las sombras del pasado en Javier Cercas

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Javier Cercas
El monarca de las sombras
Literatura Random House
México, 2017
288 p.


El monarca de las sombras explora la vida de Manuel Mena, joven combatiente franquista, tío abuelo del autor, y personaje entrañable para la madre del mismo, otra protagonista de la novela, que nunca salió del todo de la provincia donde venció de manera definitiva la derecha: Ibahernando, Cáceres. El autor llama a su tío, el joven combatiente falangista, “el primer muerto de mi madre”, asesinado en la batalla del Ebro.

La historia que teje el entramado narrativo es la de este joven soldado que fue herido en el Cucut, cuando los falangistas abortaron la misión de contraataque republicano. Ahí, el joven Mena fue herido fatalmente y yació en la cima del cerro hasta que llegaron por él los servicios de salud. Víctima tragicómica de aquella victoria lenta y exterminadora que deseaba Franco y que dejó miles de muertos en ambos bandos.

Javier Cercas plantea un tema éticamente necesario, aunque peligroso desde el punto de vista de lo políticamente correcto: ¿es siempre superior moralmente aquel que tiene la razón política? Su tío, el casi adolescente Manuel Mena, ¿es un monstruo del pasado genealógico, o un ingenuo que no tenía la menor idea de lo que ocurriría derrotada la República española? Hablar del pasado es también hablar de los hábitos de los cuales no podemos alejarnos, de la experiencia emocional de la familia y de las herencias ideológicas.

Además de la provincia atrincherada —que es otro de los protagonistas omnipresentes de la novela—, está la depresión materna, esa especie de condena que sufrían las mujeres casi siempre en el silencio doméstico. El escritor hace visitas a la provincia española, a varios lugares de Extremadura donde ocurren los sucesos que le daban tanto pavor (y pena) averiguar. Siempre hace las excursiones acompañado (entre otros, del cineasta David Trueba) y registra las emociones de su madre al escuchar la historia del tío muerto en combate. En su mayoría son mujeres las que narran los detalles de la historia que Cercas irá encontrando en su periplo.

El libro contiene un álbum familiar destacando la única foto de este adolescente aniñado, muy lejos del combatiente sanguinario que podríamos imaginar, al que le queda un poco grande el uniforme de soldado.

Y quizá ésta sea una de las premisas de la novela: aunque sabemos que la falange —el lado más conservador y opositor de la abolición de los privilegios de clase y del clero— no hubiera triunfado sin ayuda de personajes como Manuel Mena, también viene a la luz el rostro de un ingenuo al servicio de lo que creía que era la patria: “Arriba, España”, era la consigna de quienes combatieron a la República.

La continuidad de las obsesiones de Javier Cercas es un hecho patente en sus obras, que son esencialmente novelas políticas con un planteamiento más cercano a la novela policiaca que al juicio ético. El método en El monarca de las sombras y sus libros anteriores es similar: indaga sobre el origen de figuras poco honorables y los trae a la vida como una suerte de biógrafo y detective, por ejemplo, en Soldados de Salamina (2001) donde cuenta la historia de Rafael Sánchez Mazas, fundador de la falange fascista, ministro de Franco y hombre de letras, que es capturado por un soldado republicano que termina perdonándole la vida, dejándolo escapar. (Habrá quien se estremezca ante el hecho de que un republicano le perdone la vida a quien sería un franquista prominente). Otro ejemplo es El impostor (2014), la historia de un falso superviviente de los campos de concentración nazi afincado en Barcelona y que acaba por ser descubierto. En Anatomía de un instante (2009), Cercasrecoge a manera de crónica el golpe de 1981, cuando el franquismo atacó de nuevo, años después de la muerte de Franco: un intento caricaturesco de varios personajes reaccionarios presentes tras la toma del Congreso.

El monarca de las sombrasse asemeja a cierta narrativa nacida en la entraña de las dictaduras, como por ejemplo la novela Si te dicen que caí (1973) de Juan Marsé (escrita en la juventud de Marsé, durante el franquismo y en clave experimental) con una atmósfera claustrofóbica y donde cierta intuición sobre lo terrible que no se nombra y que se adueña de la página hasta dejarnos exhaustos. Es quizá la inminencia del horror la característica constante de las novelas producidas en tiempos de dictadura, como Operación Masacre (1957) de Rodolfo Walsh, escrita en el contexto de la dictadura argentina, o lo que ensaya Jorge Semprún pero en sentido inverso. Así, la historia de Semprún se encuentra del lado de los libertarios y la de Javier Cercas del lado de los vencedores fascistas. Por un lado, Semprún fue un mito de la resistencia, huyendo al exilio, perdiéndolo todo hasta caer en Buchenwald, usando seudónimos y viviendo en la clandestinidad. Al contrario de Cercas, usaba el olvido como una condición para la supervivencia. Semprún el hijo de una madre republicana, el comunista controvertido, el funcionario público tras el triunfo de la democracia española. Semprún es la antítesis de la historia familiar de Cercas, que es opaca y de derechas.

Existe también en Cercas una honestidad intelectual inusual al explorar el pasado familiar de los patricios de provincia. Son pocos los socialistas de aquella época que se han atrevido a explorar su pasado y a emitir juicios sin ser acusados de reaccionarios. Cercas lo hace sin temor porque tiene poco que perder. Su historia familiar está llena de cadáveres.

Incluso el mismo escritor-soldado que fue Heminghway se negó a hacer una revisión del pasado como combatiente a favor de la República, hay pocos opositores capaces de autocrítica. Cercas hace este ejercicio desde la distancia e insiste: los republicanos españoles tenían la razón política.

Quizá uno de los logros de la novela de Cercas es que mediante la trama —y sin adjetivar en exceso— dibuja al franquismo como una ideología que se asemeja al desconocimiento político del redneck estadounidense, como una combinación explosiva entre ignorancia y provincianismo intelectual, y lo hace con cercanía y entendimiento: eclosiona el origen de su historia familiar reciente.

Cercas, el autor, se separa de las sombras familiares y de ese linaje de patricios fachos para ponerse del lado de los vencidos, de este lado de la derrota. ¿Es siempre moralmente superior el que tiene la razón política? Y la contestación es no. “No es verdad que el futuro modifique el pasado pero sí es verdad que modifica el sentido y la percepción del pasado”, dice Cercas. 

Que la exploración del pasado es siempre inescrutable, eso ya lo sabemos. Que la derrota vuelve a algunos impolutos y puros, quizá no parezca tan obvio. Que la indecencia es siempre la de los vencedores, parece ser una creencia popular, justo a volver controvertibles estos temas es a lo que nos acerca la novela de posguerra, de cualquier guerra. La historia de Manuel Mena es quizá una disección del cadáver del franquismo. Una invitación al vértigo de pensar sin ideologías.

 

Sidharta Ochoa
Escritora y editora. Es autora del libro Historia de las feminazis en América.

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Publicado en: Ciudad de libros, Reseña