Para la cultura audiovisual, el papel de los festivales de cine es fundamental. Como una conexión entre los realizadores y el público, en estos espacios se definen estilos, ritmos de trabajos y escaparates para las producciones que se verán en pantallas.
En México, uno de los países en el mundo con más festivales de cine, su protagonismo es indiscutible, y este año uno de ellos cumple 15 años: el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) abre sus puertas del 20 al 29 de octubre para un buen porcentaje de cinéfilos mexicanos y extranjeros.
Además de las presentaciones de libros, conferencias magistrales y encuentros cinematográficos de cualquier tipo, la médula espinal del FICM radica en la presentación de producciones mexicanas que se dividen en sección de cortometrajes y largometrajes distribuidos entre la ficción y el documental. Este año, en su selección oficial figuran nombres conocidos como Lorenzo Vigas (León de Oro en Venecia 2015); Trisha Ziff, que en la edición 14 presentó El hombre que vio demasiado, un homenaje al fotógrafo Enrique Metinides; Natalia Beristáin y Paula Markovitch. Sin embargo, el gusto de Morelia es que su jurado siempre de sorpresas y ahora, encabezado por el húngaro Béla Tarr, seguro habrá ganadores muy particulares.
El complemento de las presentaciones mexicanas, y uno de los platos fuertes del festival, es que es el primero en presentar películas traídas directamente de su estreno en Cannes, la Berlinale, Venecia y Locarno. Para la quinceañera del FICM, una vez más se proyectará la ganadora de la Palma de Oro en Cannes: The Square, de Ruben Östlund; el Premio del Jurado: Loveless, de Andre Zvyagintsev, y más estrenos internacionales como Happy End, de Michael Hanake, The Killing of a Sacred Deer, de Yorgos Lanthimos y Call me by your name, de Luca Guadagnino.
Para la cultura mexicana, cumplir 15 años tiene un significado muy importante: es un rito de madurez, y en este festejo, el FICM se cuestiona a sí mismo si ha cumplido sus objetivos a través de una mirada retrospectiva que, como adelantó Rodrigo Toledo, el diseñador de la imagen del festival (una pomposa quinceañera envuelta en su vestido rosado), este año será el principio de una fiesta, de una gran celebración que incluirá a los invitados de casa como Gael García y Diego Luna, y dos presentaciones con evidentes motivos mexicanos: el estreno de Coco, la más reciente película de Pixar que recupera una de las tradiciones más importantes de México, y en especial de Michoacán, sede del festival, y The Shape of Water, de Guillermo del Toro, consentido del festival y que hace unos meses ganó el premio a Mejor Película en Venecia.
Parece poco pero en este país es un logro que un evento cultural cumpla tanto tiempo de vida con un ritmo y una calidad in crescendo. Estos XV años son un punto reflexivo. No perdamos de vista a festivales como éste que resguardan las propuestas de cine mexicano que, con seguridad, obtendrán proyección nacional e internacional, grandes esfuerzos que, de alguna u otra manera, conservan el respeto y el amor por la creación.
Arantxa Luna
Twitter: @_loquefuimos.