Y luego caemos en la cuenta usted y yo; de repente estamos aquí ante cualesquiera animales divinos, no sólo ante unos caballos, sino ante todos los animales con cuernos, los animales que ladran, los demás animales rugientes que, volviéndose de pronto, saltan sobre el rey en las cacerías de Nínive, las grandes amenazas frontales que se nos parecen y no son nosotros. Esas que pintaron al comienzo de todo, antes de Asiría y de san Juan, antes de que se inventaran los carros y la caballería, mucho antes de Corentin y del pobre Géricault, en los tiempos de las grandes cacerías, en los tiempos de las presas idolatradas y temidas, divinas, tiránicas, en las hondas paredes de las cavernas. Es Lascaux, caballero.
Pierre Michon, Los Once

Cuentan que Mecha de enebros. La imaginación del Paleolítico superior & la construcción del inframundo nació mientras Clayton Eshleman (Indianápolis, 1935) visitaba las cuevas prehistóricas en el sur de Francia hace cuarenta años. Mienten. Este es un libro mágico. Existió antes que nosotros. Cuando el polvo de aquellos (tal vez) primeros rastros humanos se elevó en una brava corriente de aire para mostrar una colección de gestos primarios cautivos en la roca, el poeta dijo ante el acantilado: “He tenido una revelación”. Es así como Mecha de enebros fue descubierto.
Un rudimentario aerógrafo se improvisaba con algún hueso ahuecado para soplar el pigmento sobre los alrededores de los dedos. La palma de la mano es el primer esténcil en la historia. Las pictografías y los petroglifos, más que un pasmoso despliegue de la imaginación pública, delatan un ritual iniciático que Clayton Eshleman (y el traductor) recuperan: “Quienes dibujaban contornos de animales en las piedras podían apreciar simultáneamente la línea que no es, así como la nada que es”.
Si lo mágico es bello y trágico, estamos ante un libro tremendamente humano en el que las similitudes iconográficas delatan una gramática universal. En Un bárbaro en el jardín, el poeta polaco Zbigniew Herbert acepta su derrota como espectador en las cuevas prehistóricas: “Soy consciente de que es inútil cualquier descripción o inventario de elementos ante esta obra maestra, que posee una armonía tan evidente y deslumbrante. Tan sólo la poesía y las fábulas tienen el poder inmediato de crear las cosas. Y uno quisiera decir: ‘Érase una vez un caballo de Lascaux’”.
En lo que se conoce como la “Capilla Sixtina subterránea de nuestros antepasados”, los grafos eran pintados unos sobre otros. Bisontes y mamuts grabados en estas rocas son una versión reciente. No sabemos si estos dibujos son la versión final, pero estamos seguros de que no son el primer boceto. Lo que hubo antes de lo que tenemos ante nuestros ojos, ese momento en el que un puntero de piedra se destruye al grabar sobre las superficies rocosas, es una gran interrogante. Nunca lo conoceremos, pero Mecha de enebros es generoso con nuestra memoria y, al ser un profundo acercamiento a la poesía como una construcción mitológica, recrea inusitadamente lo que hemos ignorado. Escribe Clayton Eshleman que “[l]o humano es indeterminado, en principio no completado”. Lo que tiene evidente valor histórico es una metáfora en la que se reinventan los símbolos continuamente. Es así que el enigma se desdibuja en el espectro espacio-tiempo cuando el poeta instala una posibilidad en nuestros registros sensoriales. Siempre provocador, nos arrastra hacia nosotros mismos y, es por su lenguaje vital, casi chamánico, que estamos en “una oscura dimensión Paleolítica”.
Este libro es, sobre todo, una fuerza creativa y destructora. Estamos hablando de un creador (y un traductor: Hugo García Manríquez) híper conscientes de un objeto cultural pleno. Mecha de enebros crece lentamente emulando la formación de las estalactitas y estalagmitas que, en miles de años, crecen centímetro a centímetro. Mecha de enebros es una obra-libro que parece no acabar nunca y su interpretación tampoco. El intrépido Hugo García Manríquez es un caso peculiar en el que la traducción ya es una práctica alquímica contemporánea, que trasmuta la composición poética y sus formas. La poesía, decía Aristóteles, es un camino a medias entre la historia y la filosofía. Aquí, la traducción es un camino a medias entre la historia y la poesía. En “Mantos de no traducción”, Hugo —el poeta— dice: “el manto de no traducción / es ley que nos entrega / por fin al animal | la interioridad / propuesta por el traductor.”
Clayton Eshleman, Mecha de enebros. La imaginación del Paleolítico superior & la construcción del inframundo, traducción del inglés de Hugo García Manríquez, Editorial Aldus/Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 2013.
