La muchacha indecible. Mito y misterio de Kore

En La muchacha indecible. Mito y misterio de Kore, el filósofo Giorgio Agamben y la pintora Monica Ferrando desarrollan un diálogo entre las palabras y las imágenes, un coloquio que interroga y que recorre los misterios de Eleusis, el mito de Kore-Perséfone, su rapto en los campos de Sicilia, su estancia en la oscura tierra de Hades, la búsqueda y desdicha de Deméter, la risa obscena de Baubo, la vuelta de Kore a la tierra de los dioses y, finalmente, la dicha del reencuentro con su madre y con la luz. Presentamos un fragmento —escrito por Agamben— del libro que Sexto Piso puso a circular recientemente.

 

Kore

Monica Ferrando, “Kore”, óleo sobre tela, 30 x 20 cm.

Un lexicógrafo alejandrino del siglo V, Hesiquio, al citar el fragmento de un verso de Eurípides, explica que «la muchacha indecible» (arretos kore) que ahí aparece es Perséfone. Perséfone es, pues, por antonomasia, la «pequeña muchacha» (en Phaedr., 230, korai son las muñequitas que, en las proximidades de un templo, eran colgadas en las ramas), y la pequeña muchacha es en sí misma indecible.

En 1941, Károly Kerényi y Carl Gustav Jung publican en Ámsterdam el volumen Introducción a la esencia de la mitología (Einführung in das Wesen der Mythologie).Basta hojear el índice para darse cuenta de que el contenido del libro no se corresponde de ningún modo con el título. Se trata esencialmente de dos ensayos de Kerényi sobre la figura mitológica del niño divino (Das göttliche Kind)y de la muchacha divina, personificada por Kore (Das göttliche Mädchen), acompañados por dos amplios comentarios de Jung sobre los correspondientes arquetipos psicológicos («Acerca de la psicología del arquetipo del niño» y «Acerca del aspecto psicológico de la figura de Kore»).

En el momento de la primera y la segunda edición del libro, Holanda era ocupada por los nazis y, al publicarlo en Suiza de nuevo diez años después de la guerra, los autores advierten en un breve prefacio que el libro había sido publicado en Holanda durante el conflicto mundial, sin fecha y sin que las autoridades de ocupación tuvieran conocimiento. Es posible, entonces, que el título serio y de apariencia científica fuese una argucia para escapar de la atención de la censura nazi.

Puesto que los autores no se encontraban en países ocupados, ni eran sospechosos políticamente, es lícito suponer que, a sus ojos, era el tema mismo del libro el que necesitaba de una cobertura científica. Una lectura atenta del texto confirma esta hipótesis. En el centro de los estudios de Kerényi y de Jung está la figura del Urkind, del «niño original», tanto en su aspecto masculino como en el femenino –pero, sobre todo, en su andrógina indeterminación–. El estudio de Kerényi sobre el Urkind concluye con la figura de Dioniso hermafrodita y termina con la afirmación: «Porque éste era nuestro argumento: lo Indeterminado original (das Ur-Unentschiedene), el Niño original (das Urkind)». 1 El comentario de Jung se detiene extensamente en el «hermafroditismo del niño» y, evocando la vitalidad del arquetipo de la coniunctio de lo masculino y de lo femenino, escribe: «El símbolo, en su significado funcional, no señala hacia el pasado sino hacia el futuro, hacia un objetivo que aún no ha sido alcanzado… El hermafroditismo se ha vuelto progresivamente un salvador que supera los conflictos»2 (que a los censores no les hubiera resultado agradable este «símbolo» propuesto al hombre nacionalsocialista era, pues, perfectamente verosímil).

En cuanto a Kore, «la muchacha divina», la indeterminación que en ella actúa es todavía más inquietante, porque tiende a anular y a cuestionar la distinción entre las dos figuras esenciales de la femineidad: la mujer (la madre) y la muchacha (la virgen). Ante todo, precisa Kerényi, vírgen no debe entenderse en sentido antropomórfico. El «elemento primordial» que está en cuestión en la Kore «parece más bien el de una hetera y no el de una vírgen».3 Kerényi cita, además, una inscripción de Delfos en la que las dos divinidades eleusinas, Deméter (la mujer) y Kore (la hija), son contradictoriamente identificadas: kai kores/kai gynaikos, juntas niña y mujer. Curiosamente, él interpreta esta coincidencia en el sentido de que «el hombre debe morir, pero sobrevive en sus propios descendientes».4 La indeterminación de la mujer y de la niña es banalizada, de este modo, a significar, «como lo ha formulado el profesor Jung: vivir el retorno, la apocatástasis de la vida ancestral, de modo que la vida actual del individuo se prolongue a través de las generaciones futuras».5

Kore

Monica Ferrando, “Kore”, óleo sobre tela, 100 x 80 cm.

Ciertamente no es el regreso de la vida ancestral, y mucho menos la supervivencia del individuo en sus descendientes, lo que podía inquietar a los censores nazis (o, para el caso, a los moralistas y legisladores de hoy, tan ocupados, sin darse cuenta, en transformar la figura del niño en objeto sexual prohibido y, por tanto, privilegiado): inquietante es la indeterminación que el Urkind opera en el hombre y Kore-Deméter en la mujer. Ya Clemente de Alejandría exclamaba escandalizado a propósito de la Deméter eleusina: «¡Cómo debo llamarla, madre o esposa!» (metros e gynaikos).6 Kai kores/ kai gynaikos: entre la hija y la madre, entre la virgen y la mujer, «la muchacha indecible» deja aparecer una tercera figura que cuestiona todo lo que, a través de ellas, creemos saber de la femineidad y, en general, del hombre y de la mujer.

El término griego kore (en masculino koros) no se refiere a una edad precisa. Deriva de una raíz que significa la fuerza vital, el impulso que crece y hace crecer a las plantas y a los animales (koros significa también «retoño»). Una kore puede, por lo tanto, ser «vieja», como las Fórcides, llamadas denaiai korai, «muchachas longevas», y graiai, «de cabellos blancos». Y korai son, en Esquilo, las Erinias, las terribles vengadoras de la sangre, las «antiguas niñas de cabello blanco» (graiai palaiai paides: Eum., vv. 68-69). Que la ira y la venganza implacables contra las que debe enfrentarse el héroe trágico y que, en las Euménides, Atenea y Apolo buscan por todos los medios domesticar, sean personificadas por niñas es ciertamente significativo. Una de estas «viejas muchachas» (benévola, esta vez) es Yambe, que aparece en el mito de Perséfone, la Kore, «la muchacha» por excelencia. Kore es la vida porque no se deja «decir», porque no se deja definir ni por la edad, ni por la identidad sexual, ni por las máscaras familiares ni sociales.

Traducción de Ernesto Kavi

Giorgio Agamben nació en Roma en 1942. Se doctoró en filosofía. Ha dirigido la edición italiana de las Obras completas de Walter Benjamin y ha publicado Estancias: la palabra y el fantasma en la cultura occidental, Infancia e historia, El lenguaje y la muerte e Idea de la prosa, entre otros libros.


1 C. G. Jung, K. Kerényi, Einführung in das Wesen der Mythologie, Akademische Verlagsanstalt Pantheon, Ámsterdam-Leipzig, 1941(3. ª ed., Rhein Verlag, Zúrich, 1951; trad. it., modificada siguiendo el original, Prolegomeni allo studio scientifico della mitologia, Boringhieri, Turín, 1972, p. 106); trad. esp., Introducción a la esencia de la mitología, Siruela, Barcelona, 2012.

2 Íd., p. 139.

3 Íd., p. 214.

4 Íd., p. 255.

5 Íd., p. 256.

6 Clemente de Alejandría, The Exhortation to the Greeks, edición y traducción a cargo de G. W. Butterworth, The Loeb Classical Library, Cambridge y Londres, 1948, p. 34 (trad. cast., El protréptico, Gredos, Madrid, 1994).

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Publicado en: Ciudad de libros