La estación Varsovia

Estación Varsovia“¿Es pues aquí que viene la gente para vivir? Más bien me inclino a creer que aquí se muere”, con estas palabras abre Rainer María Rilke sus famosos Cuadernos de Malte Laurids Brigge. Brigge es el viajero moderno, no el aventurero Ulises sino el marginado que viaja para aprender, pero no como los turistas, no quiere ver monumentos o edificios, lo que busca es a prender a verse a sí mismo. Con el protagonista de Estación Varsovia de Luis Bugarini asistimos a las secuencias de un hombre que ensaya la melancolía, la tristeza y el deseo, como un niño ensaya las actitudes paternas frente al espejo. Varsovia es mera escenografía, una estación no en el sentido de lugar sino de temporada, la estación Varsovia es ventosa y amarga, llena de reflexiones sobre la soledad y la desazón. Es una temporada en el purgatorio del amor, donde la pareja anterior aún no se ha ido del todo —M la ex esposa llama por teléfono—, y la siguiente pareja toma formas temporales: el ligue de bar, la prostituta de ocasión.

Esa estación-purgatorio también se puede apreciar en el género literario del propio texto que transita entre el ensayo, el aforismo y la ficción autobiográfica. Estación peligrosa porque bien podría no cuajar del todo el experimento, sin embargo, Bugarini sortea el ejercicio con elegancia, porque más que exigir un esfuerzo de lectura, Bugarini busca y consigue algo aún más difícil, que es entrar a un ritmo muy particular, en la respiración del narrador, el estado melancólico de quién vaga por una cuidad sin amigos, sin conocidos, sin conocer el idioma, una estación propicia para el olvido, una pausa para la convalecencia.

Porque hay que aprender a sobrevivirlo todo, la felicidad, el amor, la violencia, la tristeza, nada esto sirve como sensación sino como experiencia. Allí está Laurids Brigge, vigilando al narrador de Estación Varsovia, pidiéndole paciencia, tiempo, porque hasta que M. H. J. y el resto de los personajes de esta novela hayan perdido sus nombres y se hayan borrado todos sus actos, sólo entonces, nuestro narrador podrá escapar de esa estación para emprender el camino de regreso a casa.

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Publicado en: Ciudad de libros