La dama de hierro deslactosada, descafeínada y apolítica

Al paso que vamos, cualquier biopic de gran presupuesto le prenderá incienso hasta el grado de la zalamería al líder o lideresa política que aborde. Ya nos referíamos en estos ámbitos a algunas producciones recientes sobre Adolf Hitler y Edgar J. Hoover. Ahora le ha tocado su beatificación a la baronesa Margaret Thatcher, mejor conocida como “La dama de hierro”. No se le exija perspectiva crítica o posición política a un filme dirigido por Phyllida Lloyd, en cuyo currículo reluce Mamma Mia!.

Lo que mejor hace esta cinta es apuntalar a la Thatcher en el santoral de los idolillos de la Revolución Conservadora, esos que lucharon como aguerridos cruzados contra un comunismo ineficiente tocado de muerte e hicieron de privatizaciones, desregulación, lucha frontal contra los sindicatos y aplausos entusiastas y acríticos a la mano invisible de Adam Smith sus lemas de batalla. Con esta clase de guionistas y cineastas cabe esperar que de un momento a otro Ronald Reagan y Karol Wojtyla se transformen, también, en súper héroes aún más intachables que Iron Man, El Hombre Araña, Gatúbela o Batman.

Quizá por lo anterior resulte aún más aplaudible la actuación de Meryl Streep. La mejor actriz de cine del siglo XX, y lo que va del XXI, dicta cátedra de lo que significa no sólo ponerse en los zapatos de la primer ministro, sino de lo que es respirar a través de cada uno de sus poros (asombrosamente maquillados, por cierto). Streep, la versátil actriz liberal estadounidense, no tiene empacho en interpretar a la recia política conservadora inglesa. Entre el ícono y el monstruo, dice, se propuso ofrecer la visión de un ser humano, que luchó, a su manera, contra la discriminación de género, abrió caminos, se aferró a creencias, y en algún momento de su vida también ha sufrido demencia senil, soledad y aislamiento.

Gran actuación de la Streep en un filme entretenido, pero descafeínado, y, lo que es peor, peligrosamente apolítico. Ésta no es la mirada definitiva sobre los años de Thatcher. Estos, curiosamente, pueden repasarse, como en abigarrado rompecabezas, lo mismo en Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) que en Hunger (Steve McQueen, 2008), en varias cintas de Ken Loach y en diversas películas inglesas. El Thatcherismo fue mucho más que el triunfo legítimo de una mujer en un mundo de hombres, pero de ello no queda registro en esta mirada complaciente.  – Jordi Torre


Un comentario en “La dama de hierro deslactosada, descafeínada y apolítica

  1. Estimados.-
    He leído su comentario acerca de la película La Dama de Hierro, y me gustaría externar mi opinión:
    a) Totalmente de acuerdo en referirme a Meryl Streep como una grande de la actuación, simplemente la mejor.
    b) No estoy de acuerdo en decir que la película presenta a una Margaret Tatcher “deslactosada, apolítica y descafeínada”, basta volver a verla para analizar la profundidad y firmeza de sus diálogos, vgr: “mañana a trabajar como si no hubiera pasado nada”, “los sindicatos nacieron para defender a los trabajadores, pero ahora sólo los tienen amarrados,No los dejan trabajar”, “no tenemos porque mantener flojos”, etc.
    c) Creo muy importante resaltar las dotes de Líder, que demuestra, vgr.: “Húndanlo”, “Como en su caso Hawaii”, etc.
    Finalmente y como la más importante, hay que resaltar la austeridad en la que presentan su vida en los últimos años, después de 11 años en el poder, ¿se imaginan un político mexicano del PRI ó del PAN , ó del PRD, ó de cualquier partido así?
    Muchas gracias por la oportunidad de comentarlo.

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