La Barbie y los límites a la imaginación

Desde siempre, las formas de juego han marcado múltiples diferencias, la más evidente quizás sea la de género; así las niñas juegan a la casita y a la mamá y los niños a los coches y a las luchitas. Si vemos los registros de juguetes que pertenecen a tiempos anteriores a la Antigüedad Clásica encontramos sonajeros, trompos y otros objetos quizá más dirigidos hacia cada género, como muñecas, aros, canicas, pelotas y figurillas de caballos.

Pero los roles de género no son lo único que se aprende jugando. En la infancia, el juguete es uno de los estímulos para el juego y el juego es un campo de práctica en el que se revelan reglas, causas y conductas que preparan para la vida adulta. Mediante el juego interiorizamos al mundo para formarnos acorde e incorporarnos a él tomando consciencia de la existencia de roles dados e independientes de nosotros mismos.

Las muñecas sean de trapo, madera o plástico, se prestan a la acción dramática y dan pie a un juego que impacta en el desarrollo afectivo (más que cognitivo o motriz) de niños –niñas, en este caso específico– de edades avanzadas. Bien lo sabe Elvira Sanjurjo, Directora de Marketing de Mattel España, quien dice que la Barbie, quizás la muñeca más famosa de todas, "es mucho más que una simple muñeca […] Conecta con las niñas porque no pone límites a su imaginación; les permite explotar el mundo y canalizar sus inquietudes a través del juego. Les lanza el mensaje de que todo es posible si crees en ello: ‘Si puedes soñarlo, puedes hacerlo’".1 Sin duda, una muñeca es, simbólicamente, mil cosas más que una muñeca, pero ¿de verdad no pone límites a la imaginación? ¿En realidad todo lo que creemos es posible? El mundo que Barbie y su entorno permiten crear es, de hecho, particularmente rígido.

Para colocarse en el mundo

Viene a cuento la definición que de ‘estereotipo’ como imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad de carácter inmutable, porque incluye la palabra ‘imagen’ y uno de los puntos más polémicos de Barbie es cómo se ve.

Un estereotipo se conforma de creencias consensuadas que dan sustento y justifican las reacciones del grupo que las comparte ante cualquier cosa, principalmente otros grupos. La estereotipación es inherente al hombre y resulta del proceso cognitivo básico de categorización pues le permite determinar qué es “lo normal”, “lo aceptable” y lo que no lo es. Por eso, para formarse y fortalecerse, el estereotipo simplifica o exagera rasgos, volviéndose resistente al cambio e ignorando las pruebas que los desmienten –lo que sucede precisamente con Barbie–.El problema de estas categorizaciones es que generalmente crean aspiraciones difíciles de cumplir y condenan rasgos naturales en cualquier persona. En cuestión de género, los estereotipos establecen rasgos, roles, ocupaciones y características físicas que diferencian y legitiman a los hombres y las mujeres, y por lo tanto, forman parte de nuestro proceso de adquisición de la identidad sexual.

En este proceso –además de los otros niños, los medios de comunicación y los cuentos y juegos tradicionales– intervienen principalmente las madres y los padres con sus expectativas de comportamiento, su trato y su relación de pareja: los padres juegan futbol con sus hijos y las niñas reciben muñecas de cumpleaños; las niñas que lloran tras una caída son atendidas y los niños son mandados a callar; la madre procura al padre y el padre provee a la madre. Así, con diversas actitudes de los adultos hacia los niños, los niños van asumiendo una forma de colocarse en su mundo.

La historia de Barbie

Esta muñeca, que es el gran éxito de la empresa Mattel, derivó de Lilli, una muñeca alemana de la que la empresa estadounidense compró los derechos y relanzó con nuevo nombre. La “historia” detrás de Barbie, necesaria para dar vida a sus inverosímiles y polémicas medidas, es la siguiente: Barbara Millicent Roberts nació en 1959. Tiene varios hermanos –Skipper, Tutti y Todd, Kelly, Krissy y Stacie– y su mejor amiga es Midge. Asistió a la escuela Willows High School pero se graduó en la Manhattan International High School. Su primera profesión fue el modelaje. ¿Una vida prototípica?

No pasa desapercibido el físico despampanante de la rubia alta y delgada de pies rígidos, con la forma exacta para calzar el tacón, invariablemente maquillada. Ojos azules, labios rosas y una sonrisa casi tan discreta y encantadora como la de la Monalisa. Sus medidas, llevadas a un cuerpo humano, se estiman en 91 cm de pecho, 46 de cintura y 84 de caderas: cuerpo de una persona que –según el Hospital Universitario Central de Helsinki– padecería de amenorrea debido al bajo porcentaje de grasa corporal.

Y no sólo es el físico caucásico, relativo a la anticuada clasificación en razas. Esta muñeca está rodeada de muchas otras cosas que delimitan su mundo de juego. Para empezar, Barbie tiene pareja. Probablemente una vez que los creadores se dieron cuenta de la tristeza y soledad de la muñeca (y de las niñas que no podían jugar a los novios), decidieron tomar una de sus costillas de plástico e iniciar, en 1961, la producción de Ken, el galán prototípico de formas cuadradas, alto, rubio apiñonado y siempre impecable. El uno para el otro.

Luego, la casa de Barbie tiene elevador y varios balcones. Ella tiene caballos y en su alberca puede tomar el sol con su bikini rosa. Barbie va de paseo en su camioneta y se transporta por la ciudad en convertible. Sus accesorios y prendas son infinitos, siempre en tendencia. En fin, es una vida que nos habla de un nivel de ingreso determinado y de ciertos códigos y hábitos culturales.

Aunque inicialmente sus versiones eran más imaginativas y de fantasía –Barbie Sirena o Barbie Hada–, en la década de los 90 los roles de la muñeca se abrieron a las profesiones: Barbie Gimnasta, Barbie Profesora, Barbie Fotógrafa, Barbie Veterinaria, Barbie Doctora, Barbie Dentista, Barbie Bailarina, Barbie Cantante. Pero nada de Barbie Constructora, Barbie Empleada doméstica o Barbie Taxista.

El impacto de una muñeca

Juguetes tan famosos y publicitados como la Barbie de Mattel funcionan entre los niños de la misma forma que la ropa, las bolsas o los carros entre los adultos. Fomentan relaciones de poder y exclusión, y nos hacen sensibles a la idea de estatus. La Barbie, tanto como proyección de persona como juguete-objeto, siempre se ha movido en los estratos altos.

Más que sólo una muñeca, ella ha sido ícono de la moda. Sus accesorios y su maquillaje han ido acompañando sus más de 50 años de historia. Además, bajo su marca y con Barbie como protagonista, se han realizado series, películas, revistas, perfumes, pijamas… Aunque también parodias, denuncias, críticas. El artista Nickolay Lamm, por ejemplo, ha llevado a cabo un par de proyectos para polemizar con el físico de la muñeca. Para la serie de fotos “Barbie con medidas ‘de verdad’" usó medidas de jóvenes reales de 19 años para producir su propia muñeca y la retrató al lado de una Barbie, subrayando las diferencias. En otra serie, Lamm presentó diversas Barbies sin maquillaje, mostrando rostros mucho menos glamorosos.2

Así como las de este artista, las denuncias a las implicaciones de la figura inverosímil y la influencia que su imagen y su mundo tienen en el desarrollo aspiracional de los niños son muy frecuentes; y por lo mismo no es raro que algunas críticas pierdan de vista la condición de juguete de la muñeca y lleguen al absurdo de quejarse de la inexistencia de sus pezones o de que la falta de flexibilidad de sus rodillas la condenaría a no poder jugar futbol en la vida real. Todo el tiempo se denuncia la segregación de la gente gorda en el universo de la Barbie pero, también podríamos pensarlo del otro lado: de haber muñecas obesas, ¿no se estaría también normalizando –o quizá hasta fomentando– la mala salud?

Nueva Barbie

Con el 2016 llegó el lanzamiento de las muñecas Barbie Fashionistas. La novedad de esta línea es que Barbie perderá su lugar único y predominante para abrir camino a la multiplicidad de figuras que se producirán con 4 tipos diferentes de cuerpo, 7 tonos de piel, 22 colores de ojos y 24 estilos de cabello. En la página web oficial se anuncia: “Esto es sólo el inicio”, de un esfuerzo por, según dice, “ofrecer productos que impulsan aún más la imaginación y trabajar en conjunto con los mejores modelos a seguir, “creemos en las niñas y en su potencial ilimitado”.

Saltan dos cosas: el papel de la muñeca asumido como “modelo a seguir” y la animosa fe que Mattel tiene en el potencial ilimitado de “las niñas” que consumen sus muñecas. Ambas cosas son una realidad –para qué negarlas– pero no dejan de evidenciar el papel que este juguete se ha ganado dentro de la sociedad: fortalece los estereotipos que transmiten y perpetuán el mundo adulto tal cual es.

A la par de este supuestamente revolucionario lanzamiento, nos enteramos de que las ganancias de la muñeca más vendida de la historia –que en algún momento abarcó el 30% de las ventas de Mattel– están cayendo en picada. Barbie ha reportado ingresos mucho menores a los esperados durante los últimos años y parece ser que su decremento no parará.

Líneas como Monster High, también de Mattel, y BRATZ ampliaron la oferta y las opciones desde hace tiempo porque, aunque en esencia las muñecas que producen siguen respondiendo al estereotipo, dan la sensación de ser diferentes; unas por ser hijas de los monstruos clásicos –Frankie Stein, Draculaura, Clawdeen Wolf– y las otras quizás por ser más atrevidas en sus formas, maquillaje y atavíos casi grotescos. Incluso podríamos recordar, de varios años antes, a las Cabagge Patch, niñas que crecían en lechugas con diversos tonos de piel, color de ojos y tipos de cabello. Podría sospecharse que más allá de la noble intención de impulsar la imaginación de las niñas mediante el modelo a seguir que es la muñeca, Mattel ha decidido abrir ese mundo interno del niño a una diversidad más amplia –al parecer un poco tarde–, pensando en reincorporarse a un mercado en el que la oferta de estereotipos ya lo están dando otras líneas y marcas.

Antes de jugar

En cada momento de la historia los juguetes han respondido a la vida cotidiana, ¿qué dice este cambio de nuestra actualidad? ¿Será únicamente una estrategia de venta que responde a la sociedad consumista o será también una nueva conciencia respecto a los estereotipos?

Si bien la identidad sexual y los estereotipos de género están dados a una edad más temprana –por los padres, los medios de comunicación, los semejantes y las tradiciones–, la Barbie, como objeto que lo estimula, determina un tipo de juego que permite y refuerza la elaboración de un tipo de mundo. Un tipo de exploración con márgenes muy definidos.

Barbie no sólo dicta un cuerpo prototípico sino todo un estilo de vida –casas y autos de lujo, la pareja perfecta, altas esferas, ocupaciones y profesiones “de mujer” de una clase social alta– que no siempre viene al caso con las realidades de las niñas que juegan con ellas: en Estados Unidos es probable que ser maestra tenga cierto estatus, pero en nuestro país, ¿qué tanto se  reconoce dicha profesión?

“Jugar a las barbies” implica, entonces, enfrentarse a un modelo de características físicas al cual aspirar y con roles, rasgos y ocupaciones específicos que aprender. Todo está dado: “la niña” sólo tiene que tomar la muñeca e incorporarse al campo para conocer y aceptar las reglas de juego del mundo adulto. Parecería que en la medida en la que el mundo ficticio de Barbie se expande y se asemeja más al real (incluyendo profesiones actuales, cuerpos, escenarios, personajes…) el juego se transforma, la muñeca pierde su dimensión simbólica de juguete y se vuelve meramente un objeto de recreación a escala. ¿Juego o educación?

#TheDollEvolves, #YouCanBeAnything.


1 María Porcel, “Las niñas quieren ser superheroínas: cómo y por qué están cambiando las muñecas”, en http://huff.to/1rKD9uJ

2 Barbie real: la muñeca con proporciones "de verdad", María Porcel, en http://huff.to/1SDZ54v

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Publicado en: Ensayo literario