Juventud y nuevas formas de poder

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En un artículo reciente sobre las incursiones políticas de las generaciones jóvenes actuales, Jorge Cano Febles responde al punto de vista que tiene al respecto Enrique Krauze y que también es reconocible en otros personajes de la esfera periodística, como Julio Patán. Para Krauze, las generaciones pasadas se sacrificaron para lograr cambios que fueron históricamente significativos, construyeron instituciones y conquistaron derechos. En cambio, los jóvenes mexicanos de hoy en día, en vez de unirse al debate racional, son frívolos, indiferentes al presente y tienden a reducir la participación política en la esfera pública (mediatizada) a insultar y denunciar. Krauze insta a los jóvenes a cambiar la historia organizándose como sociedad civil y participando como lo hicieron en su momento los jóvenes del 68. También les sugiere presentar programas gubernamentales para competir con los actuales, participar en la política con proyectos nacionales y les propone que sean líderes de la “democracia liberal”. Así visto, el esquema de acción política de Krauze implica actuar dentro de un aparato de Estado democrático con instituciones dispuestas a ser reforzadas, mejoradas o reformadas, y a esto responde Cano Febles.

La generación a la que pertenece Krauze, definida por ser “post-1968”, se inscribe en la crítica a los totalitarismos. En esta lógica, los cambios políticos no resultan de la captura del poder por un partido revolucionario, sino mediante la institución de la democracia directa; vemos que hay un cambio de visión entre participar en la militancia revolucionaria, a actuar dentro de las instituciones. En este entendido, el Estado habría dejado de ser el enemigo para convertirse en una arena en la cual la sociedad civil, actuando de manera independiente, pudiera retar a las instituciones trayendo así un cambio que, sin importar quién estuviera detrás de ellas, no vendría de éstas sino desde abajo

Sin embargo, las políticas neoliberales cambiaron la forma de operar y estructurarse de estos Estados. La actual función del gobierno es la de constituir un orden normativo basado en orientar todos los ámbitos y acciones humanas de acuerdo con la lógica del libre mercado.1 Como consecuencia, el poder dejó de manifestarse como una forma pura de dominación, para hacerlo a través de la gobernanza, es decir, administrando a la oposición para eliminar tensiones entre el gobierno, lo privado y la sociedad civil. Y la manera en la que el gobierno administra a la oposición es tolerando la crítica e invitando a la participación; procesos que se han convertido en herramientas para la coacción y aplacamiento del descontento social a través de una integración, individuación y cooperación, pero desligada de la justicia y de las necesidades de la mayoría. Se fetichiza a la democracia y se le reduce (y obliga) a la “participación”.

En este sentido, Julio Patán acusó también al #YoSoy132 de haber sido un movimiento bipolar y contradictorio por no formarse como partido político o asociación cívica, y no participar en las estructuras sociales y Estatales existentes. Una misma forma de entender a estos movimientos juveniles se revela: al proponerles que presenten programas que compitan contra los actuales, incitarlos a que participen en la política, pedirles que sean líderes de la democracia liberal o emprendedores sociales y que se inserten en un debate racional para llegar al consenso, Krauze y Patán parecen negar que sea posible descreer de instituciones, sindicatos, políticos y políticas del estado, de la democracia parlamentaria, del sistema electoral, de los partidos, de la política económica y de la transparencia de los medios.

Por eso, para Jorge Cano Febles –representativo de la generación que militó en el movimiento #YoSoy132 en 2012 –, la visión liberal de la acción política de Krauze es estrecha y no da cabida a otras formas de expresión política que él llama “afectivas”. Cano Febles propone el silencio, la inmovilidad (en el espíritu del “preferiría no hacerlo” de la resistencia pasiva del Bartleby de Melville), el arte y la denuncia como formas de expresión política. Es decir, acción con lenguajes y en espacios otros a los de la politización institucional. Cano Febles enmarca estas expresiones, junto a los movimientos o sujetos políticos sin programas claros, en el campo del antagonismo. Según Cano Febles, estos movimientos (incluyendo al #YoSoy132) pueden tener efectos democratizadores si dan lugar a “instituciones agonistas que permitan que el desenlace del conflicto no sea la erradicación del enemigo [sino] el mutuo reconocimiento de su legitimidad”.2

Pero la visibilidad y el reconocimiento de agentes antagónicos como proyecto político ha derivado en referentes vacuos, sin potencial de organización. Lo vemos en el caso del #YoSoy132, pero también en otros movimientos sociales recientes, desde las Primaveras Árabes, hasta Occupy Wall Street. Y aunque Podemos y Syriza están haciendo experimentos para insertarse de diversas maneras en los aparatos existentes del Estado, sus efectos más trascendentes han sido, en su mayor parte,  cambios en la opinión pública que no han logrado traducirse en acciones concretas. Por esta razón y ante el descrédito de las formas de organización política tradicionales, el reto más grande de estos movimientos ha sido el de construir continuidad en el tiempo y extensión en el espacio. Lo que está en juego aquí son los rangos de posibilidad; no sólo de participación, sino de injerencia concreta en los procesos, decisiones políticas y grados de autonomía en las formas de organización por venir.

Mientras que el esquema de la democracia neoliberal invita a la participación ciudadana – la postura de la que Krauze es representativo –, las decisiones que nos afectan como colectivo compartiendo un territorio se están llevando a cabo a través de negociaciones y tratados secretos por medio de agentes políticos invisibles (por ejemplo: el TPP), fuera de cualquier arena o institución en la cual las relaciones antagónicas se pudieran construir y las diferencias sostener o llevar al consenso. Y el problema no es la visibilidad, sino que los procesos económico-políticos en el espacio público (que hoy son los medios de comunicación), están desligados de las decisiones que nos afectan como ciudadanos: concesiones de explotación de la infraestructura, asignaciones de vocación económica de ciertas zonas del país,  a los actuales procesos de despojo territorial. A su vez, la política se ha transformado en un mundo de apariencias que transmite mensajes redundantes y vacuos: justicia social, democracia, respeto a los derechos humanos, refuerzo a las instituciones –todos ellos elementos comunes de plataformas de partidos políticos, movimientos sociales y opiniones de líderes productores de consenso. Y es así que se hace evidente la brecha que existe entre los procesos políticos reales y la injerencia que pueda tener la ciudadanía a través del esquema de participación que brinda el Estado neoliberal –brecha colmada por la colusión entre los medios y el poder, misma que fue, discutiblemente, el blanco del movimiento #YoSoy132: en los albores de las elecciones de 2012, el #YoSoy132 denunció la colusión entre medios y poder, exigiendo una “mejor” democracia y transparencia de la información, y denunciando al incipiente modelo de “representatividad celebrity”, encarnado por Peña Nieto.>sup> 3/a>

Planteado de esta manera, lo que los estudiantes del movimiento #YoSoy132 denunciaron fue la transformación de la política en un mundo de apariencias que encarna mercancías fusionado con el ámbito de la farándula. En ese sentido, coincido con Jorge Cano Febles cuando argumenta que el movimiento #YoSoy132 buscó nuevas formas de entender e intervenir en la realidad, específicamente en su intento por elucidar y denunciar las nuevas formas de poder cristalizadas en la fusión entre acción política y medios masivos de comunicación. Sin embargo, las formas de politización agonista que propone están, como el resto de los movimientos sociales del país y del mundo, abismalmente lejos de poder tener injerencia en la realidad política del país, sobre todo porque no tienen la capacidad de extenderse en el tiempo y el espacio con propuestas concretas. Pero también por la ausencia de antagonismo real dado que una de las maneras en las que se manifiesta el poder neoliberal es precisamente tolerando la disidencia, ya sea institucional o extrainstitucional.4

También se cuestionan del movimiento #YoSoy132 el haber tenido propuestas etéreas al contrario de las “propuestas aterrizadas” de los jóvenes 19685 que describe Krauze. Habla del “sacrificio” de esta generación por el país, y no está claro si se refiere a la violencia de Estado ejercida contra los jóvenes en el 68 o a que, en esa época, tanto estudiantes militantes como intelectuales – como se concebía a estos actores políticos que en la actualidad se denominan “emprendedores sociales” u opinionistas – estaban avocados a trabajar por el bien común y el futuro del país en lugar de enfocarse en sus carreras profesionales e intereses individuales.6

Sin embargo, el disenso, la visibilización, el antagonismo desligado de lo económico y la proliferación de una opinión mediática basada en saberes especializados que, por provenir de “expertos”, se hacen incuestionables no funcionan para la organización política.  En la ausencia de las relaciones de clase y antagonismo social en el espacio público/mediático que se manifiestan en los movimientos de la sociedad civil, es necesario inventar nuevas formas. La libertad y la igualdad – valores que supuestamente brinda la democracia – implicarían tomar en cuenta la dimensión ética de las formas intolerables de interdependencia que están siendo creadas por el modelo globalizado de financialización y desarrollo.7

Innumerables ejemplos demuestran que, en la lucha política de hoy en día, no es la ideología lo que está en juego, sino la vida misma. Por eso, la idea moderna de hacer política a través de la crítica, la oposición o la visibilización, se queda corta en sentar las bases para organizar en un sentido político lo que estamos viviendo: un estado de excepción permanente, el calentamiento global, la pérdida de la autonomía alimentaria, la devastación de los comunes, una financialización de la economía, nuevas formas de control, despojo y explotación de tierras y comunes, etc. Son urgentes nuevas formas de resistencia, pero no a través de las formas de participación de Krauze o de no-participación agonística o política afectiva que propone Cano Febles, sino a partir de la irritación (Anonymous), de la agitación (Rosa Luxemburgo), la ocupación (CNTE), la organización autónoma colectiva (policías comunitarias), las demandas colectivas (como la actual contra Monsanto), los boicots al gobierno, corporaciones, medios y proveedores de servicios (Telmex, Hacienda, Walmart, Bimbo, Monsanto); y sobre todo, a través de la imaginación de formas diferentes de existir.


Nota editorial: A petición de la autora el nombre de Jorge Cano fue reemplazado por el de Jorge Cano Febles, el 27 de enero de 2023.


1 Ver Irmgard Emmelhainz, La tiranía del sentido común: la reconversion neoliberal de México (México D.F.: Paradiso Editores, 2016)

2 La teórica de la política Chantal Mouffe usa el concepto de “pluralismo agonista” para repensar a la democracia no como una forma de lograr consenso sino como una forma de democracia que se mantiene abierta a la posibilidad de conflicto y de la aparición de un campo en donde las diferencias se puedan confrontar, y  ese campo sea suplemento del proceso democrático.

3 La evidencia de este trabajo se encuentra en un documento difundido por The Guardian que causó un intenso escándalo. Ver: Jo Tuckman “Mexican Media Scandal: Secretive Televisa Unit Promoted PRI Candidate”, The Guardian, 26 de junio 2012. Disponible en: http://bit.ly/1POpERQ.

4 En un texto titulado “Arte y giro cultural: ¿Adiós al arte autónomo comprometido?” (2012) analizo cómo es que la producción cultural en general y el arte contemporáneo en particular funcionan como escaparates antagónicos a los discursos oficiales para justamente poner en escena una falsa democracia. Disponible en red: http://bit.ly/1QRwbZQ

5 Vale la pena recordar aquí algunos de los eslóganes que circularon por todo el mundo a raíz de Mayo del 1968, para poner en perspectiva al idealismo característico de la militancia joven: Il est interdit d’interdire (Se prohíbe prohibir), Sous le pavé la plage (Debajo del empedrado la playa), Soyez réalistes, demandez l’impossible (Sean realistas, exijan lo imposible), Prenez vos désirs pour des réalités (Tomen sus deseos por realidades), etc.

6 En este sentido, el esquema de participación política de Krauze está asentado en lo que queda del proyecto comunista del siglo XX, que es una nueva concepción de igualdad y libertad: la libertad de la auto-realización individual (a través de la figura del emprendedor social o cultural), de expresión y de elección e igualdad de participación en instituciones.

7 Por ejemplo: uno de los megaproyectos en la Sierra de Puebla es una planta hidroeléctrica para proporcionar energía a la Ciudad de México lo que implica destruir las tierras, vidas y formas de vida de cientos de personas en beneficio de las clases altas urbanas privilegiadas.

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Publicado en: Ensayo literario