cercas-sm

Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) visitó en estos días la Ciudad de México para presentar su más reciente libro, El monarca de las sombras (Literatura Random House). De la conversación que sostuvo con una veintena de jóvenes escritores en la Fundación para las Letras Mexicanas destacamos los siguientes pasajes.


La literatura es una invitación a rebelarse contra la realidad, a decir que es más compleja de lo que tú crees y a negar las verdades taxativas, inequívocas, las verdades que lo explican todo.

Yo tuve muy poca relación con los escritores cuando era joven y me hubiese venido muy bien, al menos para ahorrarme tiempo, para evitar determinados errores que cometí, que podría haber cometido igual, pero en menos tiempo. 

Mis libros efectivamente guardan relación con la historia, con la política. Eso es lo que a mí me da a conocer, me va a recibir la transición de grandes temas, etcétera. Pero yo tengo que deciros que no empecé así como escritor, tengo que deciros que a mí la historia me importa mucho, la política me importa mucho, pero a mí lo que me importa son las palabras, la forma. Un escritor es ante todo un tipo que piensa acertadamente, que a través de la forma de la batalla con las palabras, de la estructura, se puede llegar a lugares donde no se puede llegar de ninguna otra manera; que la narrativa, en particular las novelas, y la poesía, pueden decir cosas que ningún otro género literario puede decir, que nada distinto puede decir.

Nosotros somos formalistas. Un escritor que no es formalista no es un escritor, porque la literatura es forma; en la literatura la forma de algún modo es el fondo. 

Una buena historia bien contada es una buena historia; una buena historia mal contada es una mala historia. 

La historia de El Quijote es una tontería, es un señor que se vuelve loco leyendo libros de caballerías. Pero Cervantes convierte eso en una gran cosa. ¿Cómo? A través de la forma. La literatura es forma.

El instante es del presente, pero lo que lo dota verdaderamente de significado es el pasado y el futuro.

Voltaire decía que sólo los idiotas no se contradicen tres veces al día. Yo me contradigo todo lo posible, no siempre me lleva tres veces al día; a veces estoy de acuerdo conmigo mismo. 

Las ideas son claras, las novelas son otra cosa: te van construyendo a ti mismo, van construyendo lo que eres.

Hannah Arendt dijo: “Kafka no busca la belleza, busca la verdad”, suponiendo que belleza y verdad sean cosas distintas, que no lo son. En literatura belleza y verdad para mí son la misma cosa, como para Keats en unos versos famosos.

flm

En las novelas que yo aprecio, en las novelas de punto ciego como les llamo yo, no hay una respuesta; al final de la búsqueda no hay una respuesta, la respuesta es la propia búsqueda, la propia pregunta, el propio libro. No hay respuestas claras, nítidas, taxativas, no fue el mayordomo, no fue la suegra, sino que son respuestas ambiguas, contradictorias.

No hay que escribir para que te afecten, no hay que escribir para los críticos, quien escriba para los críticos está acabado, ni para que te reseñen. Hay que escribir lo que uno lleva en las tripas porque es la única manera de escribir algo bueno. Hay que escribir, sí, no hay de otra, hay que olvidarse de todo y sólo pensar en satisfacer al lector que uno lleva. Yo sólo conozco a un lector de verdad, que soy yo mismo. Tengo que intentar satisfacerme a mí mismo, el público no existe, cada lector es distinto, sólo tengo que pensar en mí mismo, los escritores tenemos que ser salvajemente egoístas. Eso es para hacer algo de provecho.

Escribir es reescribir y reescribir es más divertido que escribir incluso, por lo menos para mí; cuando ya tengo el manuscrito y empiezo a reescribir y a darle, a pegarle ahí, eso es fantástico.

La honestidad consiste en ser fiel a lo que te importa de verdad y donde hay algo trascendente para ti. Puede ser cualquier cosa. Sólo uno sabe lo que de verdad le importa.

Pongo como ejemplos ni más ni menos que a Kafka y a Borges. Los que creíamos que eran lo contrario del escritor comprometido, la antítesis del escritor comprometido, a su modo lo eran. Hay que reformular eso.

Uno entiende mejor qué es lo que significa escribir con las tripas cuando lee a Dostoievski.

Yo he enseñado literatura española durante muchos años y más bien yo me he querido escapar de la tradición española.

El vientre de la ballena es la tercera novela que publiqué y es la única novela que yo he querido reescribir, las otras digamos que me parece bien como están, pero ésta, cuando pensaba en ella, decía: “esta novela no funciona”.

Vivimos una especie de dictadura del presente y la literatura es una batalla contra esa dictadura creada evidentemente por los medios de comunicación, que tienen un poder abrumador.

Cuando hablo del presente no lo hago sólo desde un punto de vista político, sino también individual y moral.

Los medios de comunicación no reflejan la realidad, la crean; lo que no aparece en los medios no existe.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciudad de libros, Fragmentos