Gabinete de lectura
¿Qué leen nuestras jóvenes escritoras?

Los escritores son, ante todo, grandes lectores. Su curiosidad permanente hace que los libros resalten de otra manera, que brillen de forma distinta. Por eso decidimos preguntarles a seis escritoras jóvenes (todas nacidas en los ochenta) qué lectura traen entre manos. El resultado es tan heterogéneo en sus gustos como seductor en sus miradas. 

La cámara lúcida. Notas sobre la fotografía de Roland Barthes
Marina Azahua

Roland Barthes
La cámara lúcida. Notas sobre la fotografía
Traducción de Joaquim Sala-Sanahuja
Paidós
Barcelona, 2009
144 páginas.

La fotografía “no dice (forzosamente) lo que ya no es, sino tan solo y sin duda alguna lo que ha sido”, dice Roland Barthes; “la esencia de la Fotografía consiste en ratificar lo que ella misma representa”. La fotografía, para él testimonio de que aquello que es posible observar, ha sido. Un espejo depositado en el trayecto del tiempo. Y sin embargo, por supuesto, existe la posibilidad de que esto sea falso, pues todos sabemos que una fotografía puede representar también lo que no ha sido, es decir, una falsedad. A la vez, Barthes no se equivoca, pues la fotografía de una mentira representa la certeza de que dicha falsedad ha sido. Sin embargo, el planteamiento del autor, puesto de cabeza, resulta igualmente certero: si la fotografía es testimonio de lo que ha sido, también es confirmación de lo que ya no es.

Marina Azahua (Ciudad de México, 1983).
Autora de Ausencia compartida y Retrato involuntario.

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Siete breves lecciones de física de Carlo Rovelli
Jazmina Barrera

Carlo Rovelli
Siete breves lecciones de física
Traducción    de J. Ramos Mena
Anagrama
Barcelona, 2016
104 páginas.

Carlo Rovelli es físico cuántico y escritor, y escribió Siete lecciones de física para quienes, como yo, “saben poco o nada sobre ciencia”. Me cuesta imaginarme el esfuerzo que requiere condensar años de conocimiento y teorías complicadísimas en frases y metáforas inteligibles para los lectores. Las imágenes de Rovelli son accesibles, y también son hermosas. “El espacio se mueve como la superficie de un mar”, dice, por ejemplo, y logra transmitir no solo ideas sino también la belleza intrínseca de estas teorías. Que el mundo es la aparición y el desvanecimiento permanente de entidades efímeras podría ser una imagen literaria, y lo es. Más allá de la “verdad” subyacente a estas afirmaciones, hay una belleza literaria en ellas que permanecerá incluso si años más tarde se las refuta. Este libro híbrido, entre la física y la literatura, es un acercamiento a las teorías contemporáneas más complejas de la física, y las presenta con todo y sus limitaciones: las dudas y misterios que las envuelven. La última lección podría ser que hay belleza incluso en esa oscuridad del conocimiento.

Jazmina Barrera (Ciudad de México, 1988).
Autora de Cuerpo extraño y Cuaderno de faros.

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Apegos feroces de Vivian Gornick
Úrsula Fuentesberain

Vivian Gornick
Apegos feroces
Prólogo de Jonathan Lethem
Traducción de Daniel Ramos Sánchez
Sexto Piso
México, 2017
200 páginas.

A primera vista, Apegos feroces de Vivian Gornick, originalmente publicado en 1987 como Fierce Attachments, es un ensayo biográfico (memoir, en inglés) sobre la infancia de Gornick en el Bronx, sobre el antagonismo vitalicio con su madre y sobre las caminatas que ambas emprendieron por el Manhattan de los años setenta y ochenta. Sin embargo, este libro brillantemente traducido por Daniel Ramos Sánchez, también es una meditación sobre el amor romántico, sobre la sororidad o la ausencia de ella y sobre la vida de los inmigrantes judíos en Nueva York.

En 1969, Gornick publicó un texto en el legendario periódico neoyorquino Village Voice titulado “El siguiente gran momento en la historia es de ellas”; se refería a Shulamith Firestone y a Anne Koedt, fundadoras del grupo New York Radical Feminists, pero bien se pudo haber referido a su madre y a las vecinas del edificio en el Bronx donde Gornick creció: inmigrantes de primera generación con pocos o nulos estudios, muchas de ellas miembros del partido socialista, mujeres feroces.

En su prólogo a esta edición, Jonathan Lethem asegura que Gornick, junto con Phillip Lopate y Geoff Dyer, es quien le ha enseñado todo lo que sabe “sobre limpiar las tonterías que uno escribe sobre sí mismo”. Al leer las páginas que narran el luto violento que trastocó a la madre de Vivian cuando enviudó y verlas contrastadas con la descripción de los funerales árabes que Gornick presenció cuando fue reportera en el Medio Oriente, una entiende perfectamente de qué habla Lethem. “Todo resultaba completamente familiar”, escribe Gornick, “solo que más ruidoso de lo que recordaba, y la locura bastante más repartida”.

La muerte, el sexo, el amor, el odio, los lazos familiares, la ciudad, el yiddish, todo en este libro es feroz. Feroz y entrañable.

Úrsula Fuentesberain (Celaya, 1982).
Autora de Esa membrana finísima.

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O reguero de hormigas de Yolanda Segura
Veronica Gerber Bicecci

Yolanda Segura
O reguero de hormigas
Fondo Editorial Tierra Adentro
México, 2016
80 páginas.

Regreso a las páginas de O reguero de hormigas para corroborar que no se trata de un libro sino de una grieta. En la grieta desfilan hormigas rojas. Yolanda Segura las estudia con una mirada microscópica y descubre una poderosa cartografía del rojo. Un mapa del cuerpo que es también un mapa de la escritura, porque: “[…] puede ser que todas las palabras/ provengan de la intención de nombrar el rojo/ que todas las palabras nazcan de la sangre […]”.

Este poema es, sobre todo, un ejercicio de entomología forense. Las hormigas trabajan día a día desintegrando nuestros cuerpos, y sus cuerpos, a la vez, se convierten en testigos legales del rojo: el dedo pinchado de un cuento infantil, el ciclo menstrual o un feminicidio. Aquí la poesía es el afán de reproducir esa escena del crimen que es nuestro presente.

Veronica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981).
Autora de Mudanza y Conjunto vacío.

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Carol de Patricia Highsmith
Karen Villeda

Patricia Highsmith
Carol
Traducción de Isabel Núñez y José Aguirre
Anagrama
Barcelona, 2016
328 páginas.

Querida Carol:

Este mundo es incierto. O casi. La única certeza es la tibieza de tus brazos: ese lugar donde el día se renueva. He memorizado tus nudillos. Los siento conmigo mientras estoy en Central Park. Hay un tapete de palomas para recibirte. Las migajas al viento delatan tu ausencia. Te estoy extrañando. Oscuridad mientras no estás. 

Tengo los labios deshechos, mi lengua es prisionera de tus dientes. Libérame. Me estás llevando contigo, a todas partes. Mientras, yo, en esta dolorosa sentencia. Te adoro. Te adoro en cada parpadeo, cada galope sanguíneo, cada mirada. En cada Carol que eres cuanto estamos juntas: el centímetro ocupado por tu ombligo, los lindes de tus dedos y el cielo, los pies que te beso (a veces) como devota, tus muñecas y sus pliegues interiores como para anudarles un cometa de color dorado. Imposible no hacerlo, si los rayos tostados de tu cabellera me ciegan. Un sol ha nacido contigo. Tengo que repasarte, una y otra vez, en los vericuetos, en el recuerdo, una sensación de que volverás a mí y aun así extrañarte mortalmente. Saberme de ti y estar sin ti.

¿Sabes? Te sueño durmiendo a mi lado. Necesito de tus costillas aferradas a estos costados que ensanchas como el mar. ¡Ay, la caricia! La espera. El compartir un secreto, la complicidad a rasgos, en cada gesto, a labios, Carol, a cada rato. Soy una ingenua. Esto nos ha sido dado por la  naturaleza: cauces de agua, infinitos y súbitos cauces de agua que renacen en ti, mi amor.

Vuelve.

Prometo dejar de ser una cobarde. ¡Me costará! Tu cintura me da miedo. Aún no puedo compensar lo que eres —una curva de carne que reposa sobre el dorso de mi mano—. Soy un vestigio de humedad no resuelta. Y, en ti, tal vez sobreviva esa brizna de saliva que guardé en tus adentros cuando mi lengua supo, supo que no habría palabras para lo que somos. “Hasta aquí mis manos”, pude decir y resarcir el daño: la brutal apertura de los muslos y su consecuente circularidad. Pero tuvimos silencio por horas. Ni un gemido. Un latido que se está formando para ti es el que ha roto el silencio. Ni todo el temblor y su nicho para el miedo. Ni el aleteo, los embates. Ni todo el tacto exagerado y las retóricas durante el amor. Ni un gemido ha sido capaz de imperar sobre el terreno virgen y salvaje de este latido. Este que es solamente para ti, mi amor.

Cuando mis brazos recuperen a tu añorada cintura, no habrá tregua, amor mío: te haré el amor hasta romperme los dedos.

Therese.

Karen Villeda (Tlaxcala, 1985).
Autora de Pelambres y Dodo.

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Glosa  de Juan José Saer
Isabel Zapata

Juan José Saer
Glosa
Rayo verde
Barcelona, 2015
240 páginas.

Por su original en latín antiguo, Glosa quiere decir “palabra oscura”, pero también tiene otros significados. Es, por ejemplo, la explicación que se hace de un texto escrito y también la variación que un músico ejecuta de una composición previa, una nota aclaratoria de un libro de cuentas o una forma poética elaborada a partir de versos ya existentes.

Podría decirse que Glosa es una palabra doble, que por un lado brinda una explicación y por el otro la exige. Y Glosa, el extraordinario libro de Juan José Saer del que quiero hablar, es también eso: una sucesión de calles, claxonazos, peatones y veredas que se explican a sí mismas. La novela, que sucede durante una hora de la mañana del 23 de octubre de 1961, relata una conversación entre Ángel Leto y el Matemático, dos conocidos que se encuentran por casualidad en una caminata por Santa Fe. Con un amplio círculo de amigos en común, los paseantes hacen lo que a veces hace la gente cuando se encuentra: comentan a detalle un suceso en el que ninguno de los dos estuvo y reconstruyen la fiesta celebrada por el 65 cumpleaños de Washington Noriega en una finca de Colastiné a partir de rumores, chismes, habladurías.

Así como la palabra, Glosa la novela se parece más a una pregunta que a una respuesta. ¿Qué cosa es la realidad? ¿Cómo narrar la vida? ¿Desde dónde? Por eso en el centro del relato no está el relato mismo, sino la percepción de la realidad. Mejor dicho: nuestro acercamiento a los fragmentos de realidad a los que tenemos acceso a través de nuestros limitados sentidos.

Isabel Zapata
Autora de Ventanas adentro.

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