Algo habremos aprendido en la escuela sobre la mítica fecha del 16 de septiembre de 1810. Pero para entender cómo fue y qué cambió con el proceso independentista de México, aplicar la simple lógica del parteaguas histórico resulta insuficiente. Ofrecemos aquí una selección de libros para abordar con mejor perspectiva el “momento fundante” de nuestra nación.
El pasado importa

La historia oficial suele narrar la Independencia como el momento inaugural de nuestro país. Libre del yugo español, la mexicanidad hacía tabula rasa y empezaba su camino por la historia, desatando una serie de procesos que aparentemente se engarzan hasta llegar a nuestros días. Sin embargo, la historiografía lleva décadas cuestionando esta idea bajo la premisa de que tres siglos de vida virreinal tendrían que haber dejado alguna impronta en la identidad de los habitantes del “nuevo continente”.
En El paraíso de los elegidos. Una lectura de la historia cultural de Nueva España, el historiador Antonio Rubial busca desmitificar la idea de que la época colonial fue un periodo de oscurantismo, una etapa insignificante al momento de entender el desarrollo de nuestra realidad nacional. Estudiando diversas fuentes —el arte en sus distintas manifestaciones, crónicas y relatos de viaje, sermones, poemas y cartas públicas— la obra nos muestra la vida cotidiana durante ese turbulento apéndice del imperio español y concluye que “los patrones de [la cultura novohispana] sobrevivieron décadas después de consumada la Independencia”. Es un recorrido por la idea del mundo que tenía Occidente entonces, su aterrizaje en este territorio y la relación con las culturas indígenas, las formas y medios de comunicación de la sociedad novohispana, y la Ciudad de México como particular centro de recepción y emisión de mensajes identitarios, reconocibles hasta hoy.
Antonio Rubial, El paraíso de los elegidos. Una lectura de la historia cultural de Nueva España (1521-1804), México: FCE/UNAM, 2010.
Nuestra primera novela

Para seguir con la vida cotidiana, El Periquillo Sarniento nunca pasará de moda acaso como el mejor retrato de la Ciudad de México en los tiempos inmediatamente anteriores a la Independencia. En sus páginas desfilan los apellidos aristocráticos, el léxico de pobres y ricos, los lugares a los que se iba a comer, beber y jugar, y las venturas y desventuras del primer pícaro latinoamericano: el cínico y divertido joven Pedro Sarmiento.
Es además la primera novela de Iberoamérica, publicada por entregas en el periódico El Pensador Mexicano. El año pasado, sus tres primeros tomos cumplieron doscientos años; el cuarto no fue publicado hasta 1840, años después de la muerte del autor. De la obra del intrépido Lizardi, que para publicarla lidió con la prisión y la censura por sus críticas a la sociedad novohispana, Vicente Quirarte ha dicho en estas mismas páginas: “ Su prédica continúa siendo actual en muchos sentidos, y sus tipos populares son los que desfilan cada día en nuestro mexicano domicilio”.
José Joaquín Fernández de Lizardi, El periquillo Sarniento, México: Porrúa, 1970.
Hecho en México

Toda época se acompaña de sus propias imágenes, y las del último siglo de vida virreinal en la Nueva Esapaña están actualmente en exhibición. Pintado en México, 1700-1790: PINXIT MEXICI, se compone de más de cien obras —muchas de ellas nunca antes vistas— que revelan los contextos en que se producía la pintura de este lado del mundo (para señalar explícitamente el origen de sus producciones, los pintores empezaron a añadir la leyenda “Pinxit Mexici” [Pintado en México], junto a sus firmas). Las obras de altares y universidades, pero también los retratos de la crema y nata, y la particular pintura de castas, muestran una realidad que hoy parece insostenible pero que entonces estaba muy bien definida.
A la exposición la acompaña un catálogo bilingüe, próximo a publicarse, en donde colaboran historiadores del arte, curadores y restauradores, en un esfuerzo para revisar los cambios, la movilidad y el valor, tanto decorativo como político, del arte pictórico que produjeron los artistas del llamado “barroco novohispano”. La exposición se encuentra actualmente en el Palacio de Iturbide; en noviembre viaja al LACMA de Los Ángeles y se inaugura el próximo año en el Met de Nueva York.
Ilona Katzew, Luisa Elena Alcalá, Jaime Cuadriello, et al, Painted in México, 1700-1790: PINXIT MEXICI, Munich: Prestel Publishing, 2017.
El peso de la ideología

Una vez asumido que la Independencia no fue estrictamente un corte en el tiempo que diferencia con claridad un momento histórico de otro, sino que más bien hay que hablar de un proceso amplio, con señas de identidad cambiantes y otras más perdurables, ¿cuál fue el proceso ideológico que acompañó a este movimiento? ¿Cómo resultó en la proclamación de la Independencia de 1821 y en que un grupo muy definido fuera el que la protagonizara?
En El proceso ideológico de la revolución de Independencia, el filósofo Luis Villoro relata los movimientos ideológicos que caracterizaron a este periodo, diversos entre sí y arraigados en diferentes capas de la sociedad mexicana. Lo que en un principio había sido reforma jurídica, con la entrada de “las clases obreras” se torna en un movimiento revolucionario por la libertad (la “conmoción universal de la Ilustración” se manifestaría en México mucho tiempo después). Este libro es un clásico de la historiografía mexicana, fundamental para entender que las visiones de mundo, abstractas e idealizadas, negocian siempre con las posibilidades políticas reales.
Luis Villoro, El proceso ideológico de la revolución de Independencia, México: FCE, 2010.
Divertimento histórico

Finalmente, si el lector está interesado en los pormenores de la lucha independentista, puede encontrar un relato divertido en las crónicas de Ireneo Paz, abuelo del Nobel mexicano. Siguiendo de cerca a los protagonistas, la narración negocia todo el tiempo entre la historia y la ficción con diálogos y descripciones detalladas de escenarios y paisajes. De estas “leyendas”, en particular disfurtamos y recomendamos la de Vicente Guerrero (que se puede leer completa aquí). La lección de Paz es que leer del pasado es, entre otras cosas, entretenido, sobre todo porque existen muchas posibilidades de que la historia misma lo fuera.
Ireneo Paz, Leyendas históricas de la Independencia. México: Imprenta, litografía y encuadernado de Ireneo Paz, 1894.