Freud en Mex

Frente a los textos de Freud ningún lector puede permanecer indiferente. Está quien lo desdeña de un solo plumazo, como Vladimir Nabokov: “Freud hizo creer a sus lectores que podían curarse con aplicaciones diarias de mitos griegos en sus partes íntimas”. Otros, en cambio, como Roberto Calasso lo ven como un maestro del pesimismo “que había escrito cosas eternas sobre lo que todo el mundo consideraba irrelevante” sacando a la luz las fuerzas primitivas y destructivas del inconsciente, sus impulsos sexuales y sus pulsiones tanáticas. Ningún país de Occidente fue indiferente a su proyecto, artistas, escritores, médicos y filósofos discutieron su interés y oportunidad. México no fue la excepción. Rubén Gallo, profesor de literatura de la Universidad de Princeton, da cuenta de los primeros lectores del médico vienes en el ensayo Freud en México. Historia de delirio. Salvador Novo, Samuel Ramos, Octavio Paz y Gregorio Lemercier usaron las ideas de Freud de muy diversas maneras, y a través de ellos, Gallo analiza cómo fue colándose en el imaginario intelectual mexicano la figura de Sigmund Freud.

Pero el libro también puede leerse como una autobiografía intelectual del propio Rubén Gallo, allí están todos sus manes: intereses y autores. Gallo, desde Estados Unidos y en inglés —este libro es una traducción— a pesar de haber nacido en Guadalajara, ha estado revisando el pasado artístico mexicano, sus heterodoxos, sus artes, para ofrecernos una imagen moderna e incómoda que no ha pasado desapercibida entre escritores y artistas. El México de Gallo es un país que se disputan Freud, Marx, Trotski y Proust por igual, es un México nocturno que experimenta a fondo los cambios tecnológicos y artísticos, la ideas de vanguardia, sin perder, al mismo tiempo cierta constante, un gesto entre taimado y audaz, que podríamos identificar con “lo mexicano”.

Daniel Rodríguez Barrón: ¿Cómo se leyó a Freud en México?
Rubén Gallo: Cada país hizo algo distinto con las ideas de Freud. Por ejemplo en Rusia, por la revolución rusa, las grandes discusiones de Freud fueron sobre psicoanálisis y política. Trotski, cuando llega a México en el 37, una de las preguntas que él estaba tratando de responder en los tres años que vivió en México, era sobre hasta qué grado se podían reconciliar psicoanálisis y revolución. Y él pensaba que sí era posible conciliar estás dos disciplinas, no sabía muy bien cómo, él pensaba que la sociedad utópica del futuro, la sociedad comunista, sería una sociedad de hombres sin inconsciente, eso quiere decir que no habría neurosis, no habría nada reprimido, él leía la represión en forma política como algo que había que eliminar. No habría lapsus…

DRB: Pero entonces tampoco habría deseo…
RG: ¡Exacto! Ese es el problema que sería una sociedad sin sueños, sin arte, sin bromas y sin todo lo que produce el inconsciente.

DRB: Salvador Novo fue uno de los primeros lectores de Freud en México e hizo una lectura muy personal.
RG: Novo quería vivir en un mundo moderno y Freud es el instrumento que le permitió pensar la modernidad en todos sus aspectos. Entonces descubre en Freud una teoría moderna para comprender un mundo moderno.

DRB: En este sentido, ¿dirías que la homosexualidad es una forma de la modernidad?
RG: Para Novo, sí. Novo tenía muy claro que ser homosexual es ser una identidad moderna. Por primera vez, Novo puede hablar de la homosexualidad con un lenguaje técnico modernos, entonces puede usar palabras como libido, represión, deseo.

DRB: ¿Crees que lo liberó?
RG: Quizás sea más interesante pensar que Novo liberó los textos de Freud de una manera clínica ortodoxa. Novo lo saca de ese contexto clínico, a él no le interesa la parte psiquiátrica, sino le interesan estos juegos que tienen que ver con el deseo. Novo leyó a Freud como un libro de recetas, por ejemplo el libro Tres ensayos sobre sexualidad, Novo lo tomó como un catálogo de recetas, Freud hablaba del sadismo, entonces Novo quería aventarse y practicar el sadismo, Freud escribía sobre el masoquismo o el exhibicionismo y Novo quería intentar todas esas prácticas.

DRB: El segundo lector es Samuel Ramos, me entusiasma que en sus textos ya habla de autores como Otto Weininger.
RG: Y sin embargo, Ramos es alguien que tiene muchos más conflictos con la modernidad y con las teorías de Freud. Es alguien que por un lado quiere ser moderno, que viaja a Alemania que busca a Alfred Adler, pero por otra parte nunca dejó de ser hasta cierto punto provinciano, católico.

DRB: Entonces, ¿sus ideas sobre el complejo de inferioridad del mexicano es más un autoanálisis que un análisis nacional?
RG: Es muy buena pregunta, Freud diría que todo es un autoanálisis, todo libro que publica un escritor, toda pintura que hace un artista, toda película que hace un cineasta nos revelan muchísimo sobre la visión del autor. Y yo creo que allí se ve el gran conflicto: el problema de Ramos es que nunca se suelta, como se suelta Novo. Cuando Novo se decide hacer un autoanálisis en La estatua de sal, se suelta y revela cosas muy íntimas, muy incómodas y eso explica que el libro no se haya publicado hasta los años noventa, permaneció casi cincuenta años en el armario.

DRB: El siguiente es Octavio Paz, ¿El laberinto de la soledad fue una forma de liberar a ese Ramos reprimido?
RG: Yo creo que sí, se ha escrito mucho sobre como Octavio Paz responde a Samuel Ramos, El laberinto de la soledad es un una respuesta al Perfil del hombre y la cultura en México, y es muy interesante que Paz retoma la figura de Freud. Ramos había retomado a Adler, que es una figura que le sirve mucho porque no hay sexualidad, Adler piensa la política y es como un blanqueamiento de Freud donde todas las teorías sexuales quedan eliminadas. Paz retoma a Freud y quiere hacer un psicoanálisis de los mitos y las tradiciones mexicanas y también del habla y los insultos mexicanos pero con una óptica freudiana en el que hay toda una carga inconsciente y sexual. Es muy interesante pensar en el capítulo sobre los hijos de la Malinche donde Paz arma un triángulo edípico: el padre que es Hernán Cortés, la madre que es la Malinche y luego todos nosotros, los hijos neuróticos perdidos en el laberinto de la soledad.

DRB: Y por último, un extranjero en México, un caso muy especial el de Gregorio Lemercier.
RG: Lermercier es el más explícitamente político, es un monje belga que llega a México en los años cincuenta con la idea de crear monasterios benedictinos que tuvieran una función política y social; que estuvieran involucrados en la vida política de México, que tuvieran una cierta influencia en ayudar a solucionar los graves problemas sociales de desigualdad y pobreza extrema del país. Funda varios monasterios en el norte, después funda uno en los años sesenta en Santa María de la Resurrección cerca de Cuernavaca y este monasterio tiene la misma idea social.

Es un momento en que Cuernavaca se convierte en un centro católico de izquierda, está Ivan Illich, está Sergio Méndez Arceo de obispo… Lemercier quiere que su monasterio tenga una vida política. El hábito de sus monjes está copiado del uniforme de los barrenderos de la Ciudad de México,y en cierto momento descubre a Freud y le parece una gran revelación, él quiere incorporar el psicoanálisis y el pensamiento freudiano a esa práctica política del monasterio.

DRB: ¿Se conocieron Ilich y Lemercier?

RG: Sí, y no se cayeron nada bien, pero es porque se parecían mucho…

DRB: ¿Esa tradición de leer a Freud y ponerlo en práctica ya se cerró o hay una continuidad en nuestro país?
RG: Yo todavía no sé sí tengo una respuesta. Creo que hay dos lugares donde se podría pensar, dos terrenos muy fértiles en la cultura mexicana que son el arte contemporáneo y otro es el mundo del cine. Habrá que investigar si quizá en el cine o el arte hay figuras que estén leyendo a Freud de una manera original y creativa.

 

Rubén Gallo, Freud en México. Historia de delirio, Trad. Pablo Duarte, FCE, México 2013

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Publicado en: Ciudad de libros