Excepciones normales: el Museo Jumex reabre sus puertas

El Museo Jumex acaba de reabrir sus puertas después de cerrar por un año a causa de la pandemia con una amplia exposición que explora los últimos veinte años del arte contemporáneo en México. En esta reseña, la autora recorre la galería y descubre en la curaduría de la muestra gestos dialógicos que permiten a las obras entablar una conversación entre sí.

“México se ha convertido en un nexo del arte global en este siglo”, reza el texto curatorial de Excepciones normales, la muestra actualmente montada en el Museo Jumex. La exposición —la primera desde el cierre del museo en el año pasado debido a la pandemia— promete ser un recorrido del arte en México a lo largo de los últimos veinte años.

Elaborado principalmente con obras de la propia colección del museo, el show no sigue una organización cronológica. En cambio, se organiza en torno a temas independientes de la principal narrativa historiográfica del arte contemporáneo en México —el ascenso del conceptualismo junto con el mercado privado, la transformación económica del país y la simultánea retirada del arte patrocinado por el estado—. Tales temas —que incluyen retratos, excavaciones, intervenciones y registros — forman secciones transversales que llevan a su audiencia a yuxtaposiciones interesantes y productivas.

En Excavaciones, por ejemplo, se han colocado la pieza 1 tonelada de escombro. Calle Santos Degollado, Ciudad Juárez. 2010 (2019), de Teresa Margolles al lado del Febrero, de Laureana Toledo (2006). La obra de Margolles es un cubo, parcialmente oxidado, de una tonelada de acero recuperado de varillas de edificios del centro de Ciudad Juárez —incluyendo discotecas frecuentadas por la comunidad trans— que en los últimos años han sido demolidos o abandonados por parte del ayuntamiento con el fin de fomentar procesos de renovación urbana. La pieza de Toledo, por otro lado, es un video que muestra una porción del exterior del Multifamiliar Alemán, documentando las rutinas de los habitantes a lo largo de un día. Aunque las obras se valgan de medios distintos, el contenedor de Febrero —una televisión vieja, pesada y cúbica— le da a la obra de Toledo una presencia similar a la de la obra de Margolles. Ambas capturan el conflicto entre las complejidades de la vida urbana particular y los esfuerzos de la planeación monolítica.

Teresa Margolles, 1 tonelada de escombro. Calle Santos Degollado, Ciudad Juárez. 2010, 2019. Cortesía de la artista y LABOR. Foto: WhiteBalance MX. Reproducida con permiso del Museo Jumex

Otro emparejamiento aparece en la sección de la exposición llamada Excavaciones. Rain Breath de Lorena Ancona (2021) cuelga al lado de Coliseum: Diagram of Time (2017), una escultura de Damián Ortega hecha de piezas curvas de cemento de color. La obra de Ortega puede ser entendida como representativa del giro a lo conceptual en el arte mexicano. Al mismo tiempo, sin embargo, hace una linda resonancia estética junta con la obra de Ancona, que puede entenderse como un ejemplo de lo que la historiadora del arte Amy Sara Carroll llama "Remex" —un remix de la ‘mexicanidad’ del arte patrocinado por el estado para la época de conceptualismo—, explorando la cultura visual y las técnicas artesanales prehispánicas a través de una serie de herramientas cerámicas. Las dos esculturas están constituidas de muchas piezas pequeñas; además, aunque divergen en medio y textura, comparten colores terrosos y apagados.

Lorena Ancona, Rain Breath, 2021. [Aliento de lluvia]. Foto: Ramiro Chaves. Reproducida con permiso del Museo Jumex

En la segunda sala, llamada Intervenciones, las piezas de Francis Alÿs y Pia Camil interrogan el entorno de la zona metropolitana del Valle de México. La pieza de Alÿs, Untitled (1998) es una fotografía emblemática del horizonte urbano —un edificio de ladrillos anaranjados, un anuncio espectacular, una obra negra— intervenida con papel chino y trazados arquitectónicos de lápiz. Al lado, la fotografía aparece reproducida en un estilo rotulista. Mientras tanto, la obra de Camil, Espectacular Telón Pachuca I y II (2014), recrea los paneles verticales de los anuncios espectaculares de México a través de cortinas teñidas a mano, a velocidad preindustrial, en contraste con la rapidez con la que se suele ver los espectaculares. Las obras surgen de contextos radicalmente diferentes dentro de la misma ciudad, con casi dos décadas de diferencia. Alÿs, que es de origen belga, vino a la Ciudad de México en 1986 y trabajaba como arquitecto en una organización de sociedad civil que apoyaba con la reconstrucción de la ciudad después del temblor de 1985; Camil nació en 1980, llegando a la mayoría de edad en un momento de hiperconsumismo y una apertura crítica al turismo global. A pesar de esto, las obras de ambos artistas simultáneamente celebran las infinitas vicisitudes hechas a mano de la megalópolis, y al mismo tiempo —quizás contra viento y marea—,  encuentran algo de sentido y tranquilidad en él.

Pia Camil. Espectacular Telón Pachuca I y II, 2014. Foto: Fransico Kochen. La Colección Jumex, México. Reproducida con permiso del Museo Jumex

Algunas de las yuxtaposiciones no son tan exitosas. En la sala llamada Retratos, con la cual la exposición abre, la obra Primeros 25 Dibujos de la Serie Niño Perdido de Ilán Lieberman (2005-2006) —que reproduce retratos de niños desaparecidos en 25 bocetos diminutivos, arreglados en una cuadrícula— se enfrenta a Vanidoscopio (2007-presente) de Lake Verea (Francisco Rivero-Lake y Carla Verea). Las obras son estéticamente parecidas: Vanidoscopio también consiste de una cuadrícula de headshots en blanco y negro; sin embargo, retrata a individuos reconocibles de la alta sociedad mexicana. Aquí, la organización temática de la exposición termina por descontextualizar a las obras: no queda claro si la decisión de organizarlas por su resonancia estética, bajo la categoría neutral de "retratos," es curatorialmente insensible o un gesto que intenta crear una disonancia generativa.

La exposición presenta la respuesta mexicana al mundo del arte contemporáneo a través de una mirada estética, no historiográfica. Bajo esta mirada, los últimos veinte años de arte en México se nos aparecen como un periodo fecundo y diverso que se presta a ser analizado y disfrutado desde varias perspectivas. Aunque este acercamiento tiene límites, también descubre posibilidades. A raíz de Excepciones Normales es posible encontrar muchas novedosas líneas de investigación artísticas que continuarán el proyecto inmenso de innovar el arte en México.

 

Caroline Tracey
Doctorante en el Departamento de Geografía en la Universidad de California, Berkeley, donde se enfoca en el estudio de la frontera entre México y Estados Unidos.

 

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Publicado en: Curadero, Visuales