En un cenote: Marguerite Duras y el amor

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Este enero, la artista coreana Haegue Yang orquestó en México el performance La maladie de la mort: écriture et lire (El mal de la muerte: escritura y lectura) basado en la novella epónima de Marguerite Duras de 1982. Auspiciado por la Galería Kurimanzutto, el performance de la lectura del texto de Duras tuvo lugar en un cenote en Yucatán después de que Yang lo ha realizado en diferentes lugares alrededor del mundo y en varias lenguas, entre ellos el Nasman Arts Center en Seúl, Documenta 13 en Kassel, el Walker Art Center de Minneapolis y el teatro Sunbeam en Honkong. Todos han sido distintos: mientras que en Documenta 13 el performance tuvo un público de 900 personas y hubo una proyección de imágenes de la actriz francesa Jeanne Balibar, quien interpretó el texto, la versión del cenote fue casi en completa oscuridad, con iluminación tenue e intermitente y la actriz Irene Azuela parada o sentada en una balsa leyendo mientras un público selecto observaba y la escuchaba desde la orilla.

Yang trabaja con materiales cotidianos y se ha hecho conocida por sus esculturas con persianas venecianas, bastidores de ropa, paja sintética, pays de chocolate, campanas, etc.  Combinando estos materiales industriales con efectos sensoriales de luz y olor, la artista hace coloridas instalaciones que se convierten a veces en escenarios y próstesis de performances con humanos. En ese sentido, sus obras son vehículo de una preocupación por la experiencia sensorial y las formas de asociación afectiva más allá de lo verbal y de lo conceptual. Yang ha descrito su trabajo como el resultado de la traducción de textos  o circunstancias vividas a formas abstractas. Y esto deriva en otro elemento importante de su obra, que es el establecer aporías (tensiones no resueltas), específicamente entre la abstracción y la textualidad. Además de ésta aporía, en la puesta en escena de La maladie de la mort aparecen tensiones entre espacio y no-lugar, voz y sensación. Esta pieza, que Yang ha ejecutado en varios escenarios, contextos radicalmente distintos y lugares remotos, tiene una posición especial en su obra: difiere del resto en contenido y forma, y es un proyecto inspirado en la curiosidad por el libro e interés personal en la obra de Marguerite Duras.

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ORNAMENTAL MOUNTAINS AND SEAS – FIRE AND DRAGON, HAEGUE YANG, 2011, 183.4 X 80 CM DIAMETER, MIXED MEDIA, COURTESY OF THE ARTIST AND GALERIE CHANTAL CROUSEL.

 

La novella de Duras es minimalista, escrita en un lenguaje simple y mediante una narrativa que no es transparente en cuanto a lo que está ocurriendo. Más bien es un diálogo no-lineal que describe lugares de dolor, frustración, lo presente y lo ausente y la imposibilidad del amor al establecer una tensión entre género y sexualidad. La premisa de La maladie de la mort es que un homosexual –a quien una voz femenina se dirige invocándolo como “tú”–  contrata a una mujer heterosexual –la voz principal del diálogo– para que se quede una semana con él esperando poder experimentar el amor con ella. La premisa contiene su propio fracaso: el amor no es un acto de voluntad, ni de compra. De este modo Duras plantea una tensión entre la homosexualidad del hombre y la heterosexualidad de la mujer. En la novella, el personaje homosexual quiere aprender a amar y su “mal” se debe a la idea equivocada de que el amor se pueda dar en la diferencia sexual.

Duras plantea en La maladie una versión devastadora de la sexualidad y las relaciones de género modernas a partir del abismo que se establece entre el hombre y la mujer cuando están basadas en lo irracional de las relaciones pasionales y el erotismo: “La penetración de los cuerpos usted no puede reconocerla, no puede nunca reconocerla. Usted no podrá nunca. Cuando usted lloró, fue sólo por usted y no por la admirable imposibilidad de alcanzarla a través de la diferencia que los separa”. La noción de erotismo de Duras –como la imposibilidad de compenetración de dos cuerpos diferentes – remite a la noción de deseo y amor de Bataille, cuando afirma que “somos seres discontinuos, individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible; pero nos queda la nostalgia de la continuidad perdida. Nos resulta difícil soportar la situación que nos deja clavados en una individualidad fruto del azar, en la individualidad perecedera que somos. A la vez que tenemos un deseo angustioso de que dure para siempre eso que es perecedero, nos obsesiona la continuidad primera, aquella que nos vincula al ser de un modo general”. Es decir, tanto para Bataille como para Duras, el amor se debe a que los seres añoran recuperar una continuidad o compenetración originaria perdida entre los cuerpos y los seres. Sin embargo, recuperar esa continuidad a través del deseo es imposible porque la continuidad es en realidad ilusoria, irracional. Y la imposibilidad del amor como su propia premisa, es también para Duras el mal de la muerte.

En 2004, la cineasta Cathérine Breillat interpretó el texto de Duras para su película Anatomie d’enfer (Anatomía del infierno). En la versión de Breillat, los roles se invierten: una mujer le paga a un homosexual para que le acompañe en un viaje de cuatro días de exploración del cuerpo y sexualidad femeninos. Aunque Breillat no cita literalmente la novella de Duras, los vínculos son muchos y evidentes. En Anatomie d’enfer y en La maladie la narrativa se desarrolla en un lugar aislado de la sociedad, las mujeres están recostadas en una cama y los personajes rechazan las convenciones y los límites para confrontar aspectos innombrables de la sexualidad humana. En cierto sentido, en ambas obras los personajes libran una batalla metafísica de voluntades sexualizadas. Sin llegar a ser arquetipos, lo que el texto de Duras revela es la brecha entre los sexos que a veces puede ser el abismo de la tortura de la discontinuidad entre los seres y diferencia de género. Mientras que Anatomie d’enfer termina en un acto de violencia, en la novella de Duras no hay catarsis: el hombre parece no haber amado. “Nunca has amado a una mujer? Dices no, nunca. Ella pregunta: ¿nunca has deseado una mujer? No, nunca.” En La maladie de la mort, el amor es la muerte y el mal es la pulsión romántica de transgredir los límites hacia y con el otro, es decir, la imposibilidad de la realización de la pareja romántica heterosexual. Cuando la escribió, Duras vivía con Yann Andréa, un homosexual 38 años más joven con quien compartió la vida hasta su muerte en 1996.

En el experimento de amor que hace Duras entre un homosexual y la heterosexual, revela que éste no puede encontrar una lógica sino que ocupa el espacio de lo irracional. Denis de Rougemenot describe al amor heterosexual pasional como un lazo inexplicable entre la muerte y la imposibilidad. Esto se debe a que la pasión implica sufrimiento porque es un anhelo que, cuando triunfa, nos aniquila como sujetos. Por eso, la pasión siempre presupone a un tercero que constituye la imposibilidad o un obstáculo para el amor (ya sea social, moral, convencional, político, o aquí: la diferencia sexual). La maladie plantea la grandeza del amor heterosexual como algo sin solución debido a la irreconciliabilidad entre el hombre y la mujer. Por eso, el amor heterosexual es un intento que se repite con cada affaire de lograr lo imposible: el amor que se pierde antes de que llegue a realizarse. En Duras, el mal de la muerte es también la homosexualidad del personaje masculino, su negación de la diferencia entre los sexos y una forma de amor radicalmente distinta al heterosexual. En La comunidad inoperable, Maurice Blanchot toma la novella de Duras para articular su concepto de “comunidad”. Para Blanchot “comunidad” no es una base de valores compartidos que hacen que la ley sea significativa para un grupo de personas, sino que ésta siempre es silenciosa, inacabada y se escapa de la comprensión del sujeto. Por eso, la comunidad desaparece al materializarse. La historia de amor sin esperanza de La maladie es para Blanchot un arquetipo de “comunidad de amantes”. Los amantes están simultáneamente aislados del mundo y son inaccesibles el uno del otro. Como si la muerte estuviera parada entre ellos, la naturaleza poco convencional de su relación carece de sentimiento de eternidad o de trascendencia. De este modo, el amor imposible entre una mujer heterosexual y un homosexual es el arquetipo de relación ética con el/la otro/a que no se asimila al yo (a la vida compartida), pero que implica una responsabilidad con él/ella.

Al final del libro, Duras describe en una nota las posibles maneras en las que la narración podría presentarse como película o como obra de teatro: un diálogo que expondría teatralmente al erotismo melancólico. Y si en su interpretación de La maladie para Anatomie d’enfer Breillat visualiza frontalmente la sexualidad y sus aspectos violentos y alienantes, Yang hace lo opuesto: los hace invisibles. La coreana describió a su performance como una “lectura escénica”. En su versión, el diálogo entre la mujer y el hombre –el texto es una narración de una voz femenina dirigida a “él” en segunda persona– es la lectura pública de una mujer. La puesta en escena de Yang reemplaza la actuación de dos personajes con la lectura del texto por la actriz, haciendo que el cuerpo femenino que vehicula la voz hablante se convierta en el puente que unes las voces de los dos personajes.

Para el performance de la Riviera Maya, la voz de Irene Azuela puntuando soberbiamente el ritmo del texto de Duras resonaba en las paredes del cenote junto al aleteo ocasional de murciélagos y el sonido de sus deshechos o restos de alimentos cayendo en el agua. La atmósfera era caliente y algo húmeda. Ya que la iluminación no era constante, la imagen era intermitente, haciendo que predominaran la percepción del ambiente desconocido del cenote y el sonido de la voz de Azuela leyendo el texto de Duras. De este modo, prevalecía la sensación  (aiesthesis) sobre la imagen; el aspecto pragmático del texto (la acción que se ejerce con el lenguaje en el momento de la enunciación) y no la interpretación; parole (la estimulación sensible desconectada de la denotación) sobre mot (materialidad sónica y significación denotativa). En otros momentos, la percepción se anclaba en la singularidad de la voz resonando en la conjunción entre la carne de ella y el significado que encarnaba; de este modo, voz e imagen se fractalizaban, y a veces, la voz se descorporeizaba disociándose de su referente. Con la lectura escénica del performance en el cenote, se rompía la relación fija del texto con su referente, ya que no era una representación del mismo, sino una evocación en la que el significado, un tipo de experimento del amor pasional moderno, se desterritorializaba.

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La desterritorialización del significado ocurre porque el texto está desligado de una voz y de un contexto que le den significado y, ya que el lugar en donde ocurre el performance de Yang es intercambiable al igual que el idioma y los intérpretes, el performance hace que el texto sea “puro”, estableciendo una de las aporías mencionadas arriba que caracterizan la obra de Yang entre la abstracción y la textualidad. Al tiempo que se abstrae el significado del texto, el cenote – o cualquier lugar en donde se lleve acabo el performance – se transforma en un no-lugar en el sentido de Marc Augé. Mientras escuchaba sentada la lectura, la percepción singular del espacio invadía mis sentidos, habiéndose convertido en vehículo de la experiencia de la lectura-performance. En ese momento se establecía otra tensión: entre la relación singular entre el individuo que ve y escucha y el espacio que le rodea. Y este espacio – el cenote – proporcionaba una experiencia sin orientación espacial, geográfica o histórica, ya que el performance en sí borraba las marcas de los estratos históricos del paisaje-lugar. De este modo, el espacio se reducía a la sensación y al lugar, a una relación afectiva (a través de la voz de la actriz). Si la “lectura escénica” de Yang no es una interpretación del texto de Duras, tampoco es una puesta en escena. Por eso, el texto se convierte en un ready made para formar parte de un montaje conceptual y brindar una experiencia sensorial que oblitera toda orientación espacial, geográfica e histórica.

En el performance de Yang, el texto de Duras se traduce a pura sensación y en su abstracción, la complejidad de la manera en la que Duras aborda las relaciones eróticas acaba por aplanarse. El hecho de que sitio, actriz e idioma en donde se pueda ejecutar el performance de Yang sean intercambiables, y que contenido, significado y percepción sensorial se disloquen y disocien, recuerdan a la homogeneización de formas de vida que es tan propia de la globalización de nuestra modernidad occidental.

 

Fuentes

Katie Fallen, “A Conversation with Haegue Yang” Ocula 15 January, 2016 disponible en red: http://bit.ly/1WeVaKL.

Vergara, Afterall (2013), disponible en red: http://bit.ly/1TSMKLG.

Georges Bataille, El erotismo disponible en red: http://bit.ly/1YGLZEr.

Franco Berardi, Phenomenology of the And, New York: Semiotext(e), 2015.

Maurice Blanchot, La comunidad inconfesable (1983), Madrid: Arena Libros, 2013.

Helene Cixous, “On Marguerite Duras with Michel Foucault,” Suzzane Dow, ed. Interviews on Sex, Text and Politics,New York: Acumen Publishing, 2008.

Marguerite Duras, El mal de la muerte, Barcelona: Tusquets, 1994.

Tony McKibbin, “The Malady of Death Colluding with Melancholy” disponible en red: http://bit.ly/1TSN9xH.

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Publicado en: Curadero