Elogio de la hipocresía

La hipocresía es considerada como un comportamiento indeseable. Nadie lo ostenta de manera orgullosa; se guarda como un secreto vergonzoso. Y aquellos que son desenmascarados como hipócritas, resbalan en un instante al terreno de la inferioridad moral: se convierten en bichitos cuya antipática naturaleza está corrompida por su penuria de honestidad y autenticidad.Esta es la imagen más común con la que se califica a la hipocresía. Demasiado cursi y empalagosa: al sólo ampliar un tanto el ángulo ocular es posible percatarse de la importante función que ofrece ésta en la organización de la sociedad como fuerza civilizadora de la conducta humana.

En efecto, el disimulo del comportamiento coadyuva de manera determinante a la consolidación de formas sociales más moderadas, alejadas de los impulsos y la espontaneidad. La convivencia social precisa de la hipocresía debido a la flaqueza de la voluntad humana, que nos impide desenvolvernos con una conducta perfectamente racional. Así, en cuanto brotan nuestros caprichos, deseos e intereses es necesario contenerlos a través de cortesía, prudencia y discreción, los cuales permiten construir y mantener vínculos sociales entre los individuos. En no pocas ocasiones dichas uniones son fingidas, pero no por ello menos integradoras. Finalmente, el edificio de la sociedad no exige la amistad y hermandad entre sus miembros, precisa más bien del compromiso de éstos con ciertas formas y convenciones que limen la connatural aspereza y ambigüedad humana. Bien lo dijo La Rochefoucauld: “La hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud.”

Mas los beneficios de esta fuerza civilizadora van más allá de las reuniones de café entre amigos y las juntas de trabajo. La hipocresía es una pieza insustituible en la dinámica política de las democracias modernas. Ante la mirada de la publicidad de sus actos, los actores políticos tienen que fingir (atemperar) sus intereses personales y egoístas. Esto es, justamente, lo que detectó el filósofo, Jon Elster, al estudiar los procesos componentes de la Asamblea Constituyente de París de 1789-1791 y la Asamblea de Frankfurt de 1848. Los paradigmáticos documentos políticos que resultaron de tales asambleas, asegura este académico noruego, no fueron producto de la participación de individuos enteramente honestos, altruistas y comprometidos con el bien común. Cada uno, en realidad, buscaba más poder, proteger sus propiedades, aplastar al débil. Mas las etapas abiertas al público que tuvieron ambos procesos obligaron a los actores políticos a ocultar sus intenciones. Modularlas y mitigarlas. El derecho a saber lo que hacen nuestros representantes no busca curarlos de su ambición y deshonestidad, sino cohibirlos: expresar hipócritamente los intereses regula de manera inevitable el comportamiento.

Así, el gran valor de la hipocresía reside en su capacidad para dar expresión a la compleja conducta humana; su habilidad para retratar fielmente las intrínsecas oscilaciones entre lealtad, honestidad, compromiso y egoísmo, envidia, mezquindad. Y, de esta manera, civilizarnos a pesar de nuestras debilidades. Por ello, sea por malicia o ingenuidad, aquellos que descalifican a la hipocresía e hinchan su pecho al presumir una honestidad y autenticidad absoluta, abrazan la idea de un comportamiento humano plano y monocromático. Una conducta inflexible, impoluta y absurdamente coherente. Aquellos que escupen todo lo que piensan, que su conducta se nutre de la valiente verdad y cuyo interés egoísta se exhibe sin maquillaje sólo pueden terminar como mártires o tiranos. Y de ellos sí hay que cuidarse.

Saúl López Noriega es profesor e investigador de tiempo completo del Departamento de Derecho del ITAM.

 

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Publicado en: Ciudad de libros

9 comentarios en “Elogio de la hipocresía

  1. Lic. Saúl López…si la hipocresía es un valor fundamental en las relaciones humanas y convivencia social, por qué no es enseñada como virtud desde los primeros años de enseñanza académica?

    1. Pues he ahí, en tu comentario, la aportación hipócrita que tu puedes mostrar sobre el artículo.

    2. El artículo es algo crudo no por ello menos aleccionador. Cierto que nadie se muestra desnudo para que lo miren tal cual es, ni el presidente de la república ni el más humilde jornalero. El lenguaje, el estatus, el lujo, la vanidad, son formas distintas para ocultar lo mismo, lo que de alguna manera en verdad somos o queremos ser. Desde luego que la hipocresía es un antivalor aunque sea fundamental en lo cotidiano, de la misma manera como las enfermedades en los seres humanos son “necesarias” para mantener a la especie fortalecida. Creo que la hipocresía se mueve en este ámbito, no es deseable, aunque sabemos que existe en todo momento, es una debilidad o una fortaleza según el momento y el caso. Oculta cosas con propósitos lícitos, otras no . En otras areas del conocimiento Freud lo llama la represión del instinto, el guardar las formas, los impulsos, en reprimirlos de acuerdo a la moral y a las costumbres sociales. En la vida cotidiana también lo hacemos, no le decimos al vecino que no poda su jardín lo que pensamos de él, porque no tenemos idea de lo como reaccionará contra nosotros, ni al vago que de cuando en cuando se posa cerca de nuestra ventana inocentemente, por la misma razón. Decir lo que pensamos y comportarnos como lo sentimos todo el tiempo haría necesariamente salvaje nuestra vida. Casi en todos los actos pasivos del ser humano hay algo de hipocresía o de represión del instinto, y los políticos no escapan en absoluto al fenómeno, más bién es donde se enseñorea la apariencia, la simulación, el engaño, y la manipulación. Allí donde la hipocresía es el modo normal de operar la vida, siempre escondiendo segundas intenciones, siempre al acecho de aprovechar el error del otro para causarle daño u obtener un beneficio, eso es lo que necesariamente tiene de antivalor, y como todo en la vida, ni la excelsa y absoluta compasión por los otros es algo deseable, debe haber un equilibrio.

  2. Me encantó la manera en que expresa la utilidad de la hipocresía. Fina es su pluma. ¿Qué puede decir del odio? ¿Qué opina de la mentira?

  3. una persona inteligente de la alta sociedad, puede manejar la hipocresía en forma admirable, diciendo algo diferente de lo que está pensando, sin que pueda ser descubierta. es algo muy diferente a la prudencia.

  4. es una formacion reactiva, una defense del yo que contacta con la realidad y busca integrarla.

  5. No creo que la hipocrecia sea un valor y que haya que cuidarse de los que se muestran autenticamente, mas me cuido de un hipócrita de aquel que se muestra tal cual es, el hipócrita nunca sabemos con que te va a salir, acá en Montevideo dan clases de hipocrecia y la mejor escuela la ha hecho el frente amplio oh fraude amplio, discurso para los pobres y gobiernan para los ricos y la banca internacional

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