Meses antes de su fallecimiento, Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968 – Querétaro, 2016) tenía planeado recopilar una serie de cuentos que no habían sido incluidos en otros títulos. Decidió que ese libro se llamaría Inéditos y extraviados (Océano. México, 2016). En dicho volumen queda registrada su gran capacidad como fabulador.

Para referirse a los cuentos de Ignacio Padilla es necesario considerar varios puntos:
1) La mayoría de las veces que comenzaba a escribir creía que estaba ante un relato. Si después se trasformaba en novela, era otra cuestión. La esencia de lo narrado partía de un cuento. En varias ocasiones dio la referencia del cuento-génesis que se había convertido en novela.
2) A diferencia de otros escritores de su generación, él se sentía cómodo al incursionar en el relato. No lo consideraba un género menor. Escribió novelas, pero es probable en algún momento del proceso de escritura fueran concebidas como se titula un libro de Günter Grass, Es cuento largo.
3) La palabra trenes resulta esencial para adentrarse en sus historias. En 1996, la UNAM publicó Últimos trenes, continuación de Trenes de humo al bajoalfombra (1992). Y este libro póstumo también muestra trenes que, como él mismo explica, “corren por las ferrovías de la ficción”.
4) Desde los primeros trenes hasta los que ahora se incluyen en este volumen, está marcado su interés por erigir bestiarios. Hay cierta predilección por las tortugas, los seres alados y, en particular, por los dragones. Como puede comprobarse también en Las fauces del abismo, otro volumen de cuentos que dio a conocer en 2014 y que se inscribe en la mejor tradición de los bestiarios (Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Julio Cortázar, José Emilio Pacheco).
5) Exhibe su vocación por el relato breve. Asimila la manera en que algunos escritores mexicanos se han acercado al relato fantástico (Alfonso Reyes, Juan José Arreola, Julio Torri, Efrén Hernández, Francisco Tario, Augusto Monterroso, Carlos Fuentes) y decide mirar hacia la literatura italiana. Le interesa la narrativa de fines del siglo XIX y XX.
6) ¿Por qué Ignacio Padilla opta por explorar en los relatos de autores italianos? Por el sentido del humor, la ironía, el análisis incisivo y mordaz. Porque la literatura italiana se volvió antisolemne. Y, básicamente, porque se convirtió en un atento lector de Ítalo Calvino, Tommaso Landolfi y Dino Buzzati. De este último es posible reconocer cierto aire mordaz impregnado en sus cuentos breves y su particular manera de acercarse a las historias. Quizá a Padilla le llamaba la atención la forma en que Buzzati recreaba una especie de teoría del fracaso o de lo inesperado.
7) Sin embargo, en el prefacio a Inéditos y extraviados, el autor reconoce que el narrador italiano que más le ha llamado la atención es Giorgio Manganelli. Padilla compara las breves novelas-río de Manganelli con los lienzos de Grosz o los grabados de Escher. Son “laberintos, trampantojos, decapitadores y saltimbanquis de la ilusión narrativa, paseantes que abren puertas y ventanas hacia universos en tal medida alrevesados que al final tendrán que resultarnos aterradoramente familiares”.
8) Viste un traje de contador de historias y sabe que no es cualquier cosa. Quiere llamar la atención y tiene muy claro que debe atrapar al lector. Su estrategia es recurrir a los laberintos y a la imposibilidad de los hechos. Por ejemplo, que un dragón pierda sus documentos que acreditan su identidad; la aburrida vida de un rey que ve televisión en su sillón favorito; el minotauro que ha decidido abandonar su laberinto; la historia del hombre que diseña una finca campestre en su departamento; la vida de un anciano que colecciona asesinatos, se dedica a matar a las personas que así lo solicitan; un genio de una lámpara que ya no puede cumplir deseos de nadie; que una princesa tenga insomnio, entre otros relatos.
9) Era un autor que apreciaba los libros de viajes porque su narrativa, en cierta forma, era una invitación a iniciar un periplo, una aventura. Tenía muy claro cuál era su objetivo: contagiar el asombro.
10) Coleccionista de historias. Disfrutaba de esas leyendas que tarde o temprano llegaron a sus cuentos cortos o largos, muchos de ellos dotados de precisión, astucia y fuerza narrativa. En ocasiones, parecía que le gustaba confundir al lector y luego mostrar una ruta o salida de esa aparente complicación. Si cruzaba esa delgada línea en donde se borra la ficción de la no ficción, estaba complacido. La suerte de ser un diestro confabulador, aún estaba de su lado.
11) La novela gana o pierde por decisión y el cuento por nocaut técnico, decía Cortázar. Esta selección de cuentos, Inéditos y extraviados, logra librar su propia batalla.
12) Cuando el lector tenga el libro en sus manos, sonará la campana y podrá comprobar cómo le fue a Ignacio Padilla en éste, su último round.
Mary Carmen Sánchez Ambriz
Periodista cultural, ensayista y editora.