El rascacielos (Irlanda, Gran Bretaña, Bélgica 2016)
(High-Rise)
Director: Ben Wheatley
Género: Drama
Guionistas: J.G. Ballard y Amy Jump
Actores: Tom Hiddleston, Jeremy Irons y Sienna Miller

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Una mañana en la década de los 70, el escritor británico J.G. Ballard se encontraba en un edificio de playa en Costa Brava, España. Al mirar hacia los pisos de abajo, fijó su atención en uno de los residentes: un hombre francés en un ataque de furia por las colillas de cigarros que arrojaban los habitantes de los niveles superiores. El hombre comenzó a montar guardia y fotografiar a los responsables. Después colgaba las imágenes en una pared. Esa oscura escena –que bien podría rayar en la comedia– fue el detonante para que Ballard escribiera High-Rise (1975), una novela que por mucho tiempo fue considerada inadaptable al cine por las imágenes que construye.

La novela nos guía por la desastrosa vida en un lujoso edificio de departamentos, a través de la mirada del doctor Robert Laing, nuevo residente del lugar.  Ahí conoce a Charlotte Melville, una atractiva mujer que vive un piso arriba y a Richard Wilder, un documentalista que vive con su esposa y sus hijos en uno de los niveles inferiores. La vida en el edificio comienza a degenerarse a raíz de fallas en el sistema de luz, las cuales los habitantes de clase baja –de los pisos inferiores– atribuyen a los residentes afluentes. Pronto el edificio se ve envuelto en una adictiva y primitiva ola de violencia, guerra, orgías, sin lugar para una sola norma de convivencia social.

Entre la lista de realizadores que han intentado llevar esta retorcida fábula distópica se encuentran Nicolas Roeg (Eureka) y Vincenzo Natali (Cube). Sin embargo, quien finalmente aceptó el reto fue el británico Ben Wheatley (Kill List), quien navega y reinterpreta sin el éxito esperado las líneas formuladas por Ballard.

A pesar de contar con una excelente fotografía de Laurie Rose, música del mismísimo Clint Mansell, y un elenco envidiable (Tom Hiddleston como Laing, Sienna Miller como Melville, Luke Evans como Wilder y Elisabeth Moss como Helen), la cinta deja mucho que desear. El impacto visual es inmediato. ¿Cómo no iba a serlo si comienza con el protagonista comiéndose a un perro en un edificio abandonado? Sin embargo, las atrocidades que cometen los personajes escalan de simples protestas a arrebatos salvajes de manera automática, sin alguna justificación aparente, lo que hace que la historia se sienta forzada, improvisada y sin alguna razón de ser. Wheatley nos pasea por una pesadilla surrealista y aturdidora en la que la locura comienza con un grupo de gente burlándose del atuendo del protagonista –que era perfectamente normal–, y en cuestión de segundos escala a gente peleando a muerte al intentar saquear el supermercado. La temperatura sube tan rápido que los personajes pierden toda dimensión y se vuelven simples comedias negras orquestadas únicamente para lograr escenas gratuitamente alarmantes. Lo más importante en la creación de un personaje –ya sea un personaje individual o la representación de una sociedad, como, digamos, todos los habitantes del edificio– es la capacidad de transmitir el cambio de un estado mental a otro, sobre todo en casos tan contundentes. Y en eso, Wheatley falla rotundamente.

https://www.youtube.com/watch?v=ws7Kyf9BuiU

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Publicado en: Cine