Cuando Mary Roach recopilaba vivencias para su libro Packing for Mars, tuvo la oportunidad de preguntarle al astronauta estadounidense Jerry Linenger su sensación al estar en el espacio. Linenger le confió que sufrió de una ansiedad única en el espacio. No era miedo, sino más bien una “sobrecarga intelectual”: “la idea de cien billones de galaxias es tan abrumadora que intentaba no pensar en eso antes de ir a la cama, porque me emocionaba o me agitaba tanto que no podía dormir con algo tan enorme en mi cabeza”.

Para los chinos, la idea del infinito no es abrumadora, pues los confines del Universo empiezan a estar al alcance para ellos. Este año, la nación asiática ha completado a FAST, el telescopio terrestre más grande de la historia, el cual cubrirá de dos a tres veces más área celeste que cualquier otro construido con anterioridad. Gracias a éste podrán llegar hasta donde ningún instrumento de medición ha podido hacerlo con anterioridad.
Con los 500 metros de diámetro del Five-Hundred Meter Aperture Spherical Radio Telescope, gracias a su gran sensibilidad de recepción, se podrá estudiar a las ondas de radio de baja frecuencia del Universo. Así, se abonará al conocimiento que tenemos sobre el origen del Universo, a la evolución de las galaxias, las estrellas nacientes, el ciclo de vida del medio interestelar (esto es, la materia que existe entre las estrellas de una galaxia), y a buscar señales de radio provenientes de exoplanetas. Éste último punto se traduce en encontrar evidencia de otras civilizaciones.
La historia de este gran telescopio —del que cada detalle de su composición fue cuidado meticulosamente— se remonta a hace más de veinte años, cuando la International Union of Radio Science comenzó con los esfuerzos para desarrollar un radio telescopio de última generación. Fue inmediatamente después de esta reunión que se comenzó a buscar en dónde colocaría. De 400 posibles lugares, se eligió la depresión Danwodang, misma que presenta un área de casi un millón de metros cuadrados, y cuya ubicación privilegiada parecería mandada a hacer.
Por la zona, la observación de objetos galácticos meridionales será posible. Por el clima subtropical, junto con los pocos días con nieve y escarcha en invierno, las estructuras que conforman al telescopio tendrán un tiempo de supervivencia considerablemente largo. Por su ubicación alejada de grandes concentraciones de personas, además de las montañas que rodean a la depresión y que forman una especie de escudo, se evitará la contaminación de datos que provoca la interferencia electromagnética, algo que tiende a ser común cuando se busca detectar señales de radio. También se encuentra en una zona tectónica estable, en la que sólo existen registros de unos cuantos terremotos.
Fue en 2006 cuando se organizó una reunión internacional en Pekín con el propósito de discutir la ciencia y tecnología detrás de FAST, misma que resultó en la aprobación del financiamiento para su construcción un año después. Ésta comenzó en 2011 y este año anunciaron al mundo su finalización. Desde la reunión realizada hace más de veinte años, y hasta ahora, cientos de científicos e ingenieros de al menos 20 instituciones del país asiático han trabajado de manera conjunta en este proyecto de investigación.
Pero así como en este caso el tamaño sí importa, la forma también. A partir de un análisis de seis posibles tipos de formas geométricas que podrían tener los páneles que conforman al telescopio, se decidió que FAST estaría hecho de la suma de pequeños triángulos de aluminio que, en conjunto, forman una parábola sostenida por una maraña interminable de cableado. Gracias a este complejo acomodo de cables, cada panel puede ser manipulado en longitud y ángulo de colocación para así deformar su superficie.
Aún cuando FAST es ya asombrosamente ambicioso, China sigue sacando más ases para conquistar el estudio del Universo entero. A finales de 2015 lanzaron al espacio a Wukong (que significa Rey Mono), su primer detector de materia oscura, de la cual se cree que está compuesto el 85% de la materia del Universo. A través de este aparato, los investigadores del país asiático buscan detectar partículas de alta energía y rayos gamma, mismos que se producen mediante procesos astronómicos como la fusión nuclear en las estrellas, pero que no pueden ser detectados desde la Tierra. Wukong, cuyo nombre oficial es Explorador de Partículas de Materia Oscura, es la primera de cinco misiones del Programa de Ciencia Espacial chino, el cual comenzó en 2011.
Pero los avances científicos y tecnológicos de China están impactando en todas las ramas del conocimiento. El financiamiento es la clave: la revista Nature reporta que hace 16 años China invertía tanto dinero en investigación científica como lo hacía Francia para ese entonces, pero actualmente inyecta la misma cantidad que la Unión Europea completa. Gracias a esto, junto con Estados Unidos, la nación asiática es la que tiene más publicaciones científicas del mundo, pues provienen del trabajo de su millón y medio de investigadores —número que supera el de Estados Unidos.
Otra área en la que está compitiendo con el resto del mundo es en el estudio de partículas elementales. China ya cuenta con un colisionador de 240 metros de circunferencia, del que han obtenido buenos resultados: en 2012 lograron demostrar la manera en que los neutrinos cambian de forma. Por este entrenamiento en materia de partículas, actualmente están construyendo un colisionador de 52 kilómetros de circunferencia, lo que representa casi el doble del CERN, ubicado en Europa. De salir todo en tiempo y forma, los asiáticos pondrán a chocar positrones y electrones dentro este gran anillo subterráneo para el 2028, logrando así detectar partículas hasta ahora desconocidas o incluso apostar por nuevas fuentes de energía para las ciudades.
En la medicina también están rebasando por la derecha al resto de la comunidad científica. A principios de este año anunciaron haber logrado editar genéticamente a embriones humanos. Gracias al uso de CRISPR, la tecnología de edición genética que está revolucionando a la biología y a la medicina: un grupo de investigadores de esta nación logró editar genes en embriones humanos para hacerlos resistentes al virus de inmunodeficiencia humana. Seguido de esto, un equipo distinto logró modificar algunos genes relacionados con enfermedades de la sangre, también en embriones humanos. En ambos trabajos, sin embargo, los embriones fueron inviables.
Como si la edición genética en embriones no hubiera sido una gran noticia, a finales de julio anunciaron la aprobación del uso de CRISPR para ser empleada en tratamientos con pacientes humanos que padecen cáncer de pulmón. A grandes rasgos, la terapia consistirá en tomar células del sistema inmune de los pacientes para modificarlas genéticamente con las herramientas moleculares, para después inyectarlas de regreso al cuerpo de los pacientes. Es importante destacar que parte del éxito de los investigadores chinos en el área de la edición genética radica en que están sacando partido de la negativa de su nación por firmar convenios internacionales que prohiben la manipulación genética en embriones y en adultos humanos.
A pesar de que China sólo destina a la ciencia básica un 5% del total de su inversión a la investigación y desarrollo, todas las áreas de trabajo están teniendo un crecimiento importante. Desde la agricultura, pasando por estudios antropológicos, hasta los ambientales y ecológicos —además de la astronomía, física, biología y medicina ya mencionadas—, los chinos están comenzando a vivir los resultados de una inyección considerable de dinero en la ciencia. Mientras tanto, el mundo entero está empezando a voltear a verlos, pues están imponiendo la dirección que tomará el progreso científico.
Referencias:
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Editorial (2016) The future of Chinese research. Nature, 534 (7608), [en línea]. Disponible en: http://go.nature.com/2bDF6Tp (Revisado el 14 de julio de 2016).
Gibney, E. (2016) China plans super collider. Nature, 511 (7510), [en línea]. Disponible en: http://go.nature.com/2c0fErB (Revisado el 22 de julio de 2016)
Nan, R. et al (2011) The five-hundred-meter aperture spherical radio telescope (FAST) project. International Journal of Modern Physics. 1-32.
News Feature (2016) Science stars of China. Nature, 534 (7608), [en línea]. Disponible en: http://go.nature.com/2bvFrbG (Revisado el 14 de julio de 2016).
Van Noorden, R. (2016) China by the numbers. Nature, 534 (7608), [en línea]. Disponible en: http://go.nature.com/2bMnzXQ (Revisado el 14 de julio de 2016).
Muy correcto su artículo, con las referencias fidedignas.