Mo Yan (pseudónimo litarario de Guan Moye) acaba de recibir el Premio Nobel por una obra de “realismo alucinante que combina los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad”. Desde Gaomi (en la provincia de Shandong), Mo Yan comenzó a reaccionar al premio que le ha sido otorgado. Aquí reproducimos algunas de sus primeras declaraciones y las impresiones que otras personas han tenido, para echar luces sobre la obra de este narrador.
Notas Bio-bibliográfica por la Academia Sueca
“Con una mezcla de fantasía y realidad, de perspectiva histórica y social, Mo Yan ha creado un mundo que en su complejidad recuerda a los de escritores como William Faulkner y Gabriel García Márquez, tomando al mismo tiempo como punto de partida la tradición literaria china y la cultura narrativa popular”.
Mo Yan reacciona desde Gaomi
“Al saber que me concedieron esta recompensa, me sentí muy feliz…Voy a esforzarme más en la creación de nuevas obras. Quiero trabajar más para agradecérselo a todo el mundo. […] Sin embargo, creo que este premio no lo es todo. Creo que China tiene numerosos autores con mucho talento. Su brillante producción merece también ser reconocida en el mundo[…] ganar no representa nada […] Continuaré trabajando duro, gracias a todos.”
Paula Izquierdo retrata a Mo Yan en una entrevista en ABC Cultural el día 24 de mayo de 2008
“un hombre alto, elegantemente vestido y cuyos gestos suaves y espaciados producen una gran sensacion de placidez. Se trata de uno de los autores mas celebrados en China y muy conocido en Europa. Sobre el sentimiento que le llevo a escribir «Grandes pechos, amplias caderas», una historia que discurre a lo largo de todo el siglo XX en un lugar recondito de China, Mo Yan explicaba que quería rendir homenaje «al universo femenino en un país aún hoy regido por hombres»”.
Claudio Magris publicó en nexos un texto sobre Mo Yan donde comenta la novela Sorgo rojo
“como en la gran épica clásica, el narrador desaparece, es uno nadie y cien mil, es la vida misma anónima, desgarradora y desgarrada, es el campo de {Sorgo rojo} que se tiñe de sangre y de atardecer. Mo Yan, diría Kafka, es uno de esos grandes cuya lectura golpea como un puño y abre, con una desgarradura, un nuevo horizonte.”
Francisco Solano reseñó la traducción al español de Grandes pechos, amplias caderas de Mo Yan en 2007
“Víctima y superviviente, Shangguan Lu representa la brutal transformación de China; nace en el feudalismo de la crepuscular dinastía Qing, que aún obligaba a las mujeres a llevar los pies vendados, y morirá, casi ciega, en la aldea en que nació, convertida en un gran centro urbano de taxis amarillos. […] Como en una exhuberante alegoría, que resuena en el mismo título, Mo Yan concentra en la mujer china la esencia de un país simultáneamente opulento y paupérrimo que se prolonga por su capacidad de sustentar con su propio cuerpo a sus hijos. La novela es más que un homenaje a la mujer; es la expresión de un asombro inmensurable. De ahí que las descripciones de mujeres sean extraordinarias, de una materialidad física que remite a Faulkner. Poco importa que a los varones se les relegue con un retrato más atolondrado y escueto. En novelas de esta envergadura los defectos, las desproporciones y asimetrías, son las burbujas de un caldo que hierve a la temperatura adecuada.”
Fernando R la Fuente reseñó así la novela Sorgo Rojo en mayo de 1993 en ABC
“de manera ejemplar en la línea “regeneracionista” que define a la más inquietante narrativa china. Contiene todos los elementos característicos de una novelística basada en los modelos neorrealistas a los que se ha añadido un cierto pesimismo secular, contrario a los viejos postulados políticos del “socialismo real”, dictados por el poder. Mo Yan escribe, de este modo, la novela de su propia identidad desde un ámbito particularmente verdadero en la vida social china: la familia.”
José María Guelbenzu reseña La República del Vino de Mo Yan en 2011
“La escritura de Mo Yan se basa en el uso de los símbolos, como es tradición en la literatura china (el pequeño demonio, el niño de piel escamosa…) y en una sobreabundancia de imágenes que se suceden sin interrupción. Su sátira -sobre el poder, la corrupción, la obsesión por la comida y la bebida, la estructura social china, la burocracia y la Administración, la picaresca de los cargos políticos…- es no sólo demoledora sino que se apoya además en una falta de delicadeza en todo conforme a la vivencia de los personajes. […] El resultado es un libro tan divertido como aparentemente incoherente que, sin embargo, mantiene con enorme habilidad la esencia del prolijo relato: el absurdo de la existencia en un país sometido a un control total y la fluencia de la vida dentro de semejante encerrona.”
Paul Mason reseña Grandes pechos amplias caderas (uno de sus diez libros favoritos para entender china)
“Al comienzo de Grandes pechos amplias caderas, los campesinos intentan enterrar cuerpos en una fosa común; pero una parvada de cuervos los atolondra: los campesinos poseen tan poca fuerza y tan pocas herramientas que ni siquiera pueden realizar la básica tarea humana del entierro. Una vez que haya leído Mo Yan, usted podrá entender el terrible peso de la historia y de la naturaleza hostil que se extiende a lo largo de la ruta de todos los que buscan el progreso social en China. […] Mo no es el único “realista mágico” de la literatura moderna en China ; pero la manera como maneja los deslizamientos entre realidad y surrealidad es el más diestro, el más doloroso. Él es más una suerte de Pynchon que de García Márquez y – a fin de cuentas- no es como ningún otro de los grandes autores vivos.
Acá se puede leer el primer capítulo de Grandes pechos amplias caderas y a acá el primer capítulo de Rana.

Sin embargo, donde Mo Yan parece que pone toda la carne en el asador es en el personaje Jintong, este hombre que no puede superar su obsesión por chupar pechos de mujer para beber su leche. Pienso que él es realmente el protagonista de la historia (que en realidad, es bastante coral). Con toda razón, el autor ha sido considerado por los entendidos como el Kafka chino, porque la tragedia personal de este tipo sólo puede considerarse de kafkiana. Sus intentos por conseguir la “normalidad” tanto a nivel social como sexual resultan siempre infructuosos. Y lo bueno del asunto es que en ningún momento se busca una justificación a su comportamiento, ni una explicación psicológica… Nada de complejos de Edipo o similares. Jintong no sabe porque sufre tan extraña adicción y nosotros, los lectores, tampoco. No importan los motivos; lo que realmente tiene peso en la narración es la crónica de un inadaptado, de un sujeto que no consigue integrarse y que pasa por la vida sin implicarse, sin “mojarse”. Los pechos de mujer son su refugio pero también el signo de su absoluta incapacidad para convertirse en un miembro plenamente integrado en la sociedad. Por eso señalaba antes que la novela puede resultar tan divertida como amarga. Una mezcla extraña que me ha provocado muchisimo interés, pero cuyo resultado final no ha llegado a llenarme del todo, no ha llegado a satisfacerme por completo, aunque sí lo suficiente para que me haya valido la pena leerla.