El museo en pantalla

De la danza a las exposiciones, pasando por la ópera y el teatro, ¿qué posibilita y qué puede significar ver obras de arte, que pensamos que necesitan de nuestra presencia física y compromiso absoluto, a través de una pantalla? Con este texto iniciamos una serie de reflexiones sobre el arte transmitido y su aparente contraindicación.

proyeccion

André Malraux describió el museo imaginario —o “sin paredes” en algunas traducciones—, como un museo sin límites espaciales, temporales, ni geográficos. En el primer ensayo de su libro Las voces del silencio, Malraux explora la transformación profunda en la relación que tenemos con el arte, a partir de la institucionalización del museo en el siglo XIX y anuncia los cambios que vendrán con la reproducción fotográfica. Con este soporte se podría crear una colección extensa que no estuviera sujeta a las capacidades limitadas del museo físico; lo fundamental sería el diálogo entre las piezas y la diversidad de las mismas.1 Sus ideas son un presagio de lo que puede hacer el internet, la digitalización de las colecciones e iniciativas como Google Arts and Culture.

Hoy nuevas tecnologías de reproducción y comunicación facilitan proyectos que van más allá de una visita virtual a un museo o espacio de exhibición. Las pinturas de un gran artista diseminadas en galerías, colecciones privadas y frescos pueden reunirse para mostrar la evolución y la envergadura de casi toda su obra en un solo sitio. En Una muestra imposible, presentada el año pasado en el CENART se reproducían 57 pinturas de Miguel Ángel, Leonardo y Rafael en una escala de 1:1 y con una técnica de impresión excelente. La intención de que un mayor número de personas puedan disfrutar del arte también se puede llevar fuera del museo. En 2009, Phil Grabsky imaginó lo que se podría hacer al combinar el cine y las exposiciones temporales. Su idea se concretó con el proyecto Leonardo Live en 2012,  que se centró en la exposición taquillera de Leonardo da Vinci: Painter in the Court of Milan de la National Gallery. Este primer esfuerzo después consolidó el proyecto Exhibition on Screen, a cargo de Grabsky y su productora Seventh Art.

El proyecto recuerda el esfuerzo que realizó Peter Gelb ante las dificultades económicas y la edad avanzada del público de la ópera del Met en 2006. La revolución digital del cine facilitó este tipo de transmisiones.2 Exhibition on Screen corresponde al primer experimento con las exposiciones. Se presenta en salas de cine y no pretende sustituir la visita a la muestra, sino democratizar y complementarla, sobre todo cuando la distancia y el dinero son un impedimento para asistir. Las emisiones han tenido buenos resultados y van en la tercera temporada: Goya. Visiones de carne y hueso, Renoir. Admirado y denigrado y Pintando el jardín moderno. De Monet a Matisse. En la Sala Julio Bracho del CCU, se presentó la segunda temporada el pasado marzo y abril. La tercera temporada se está proyectando tanto en el Lunario como en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón.3

Una exposición temporal se desarrolla en un espacio determinado durante un promedio de 3 a 4 meses. Uno de los efectos más interesantes de Exhibition on Screen es la reflexión que genera sobre qué es una exposición y hasta qué punto la podemos caracterizar como un evento en vivo. Cada una de las decisiones en la selección y muestra de las piezas configuran la experiencia del visitante y ensayan distintas historias. El acomodo de las piezas y la información que las acompaña coreografía ideas en el visitante. Recorrer una exposición es en gran medida un acto de lectura. Nada es inocente: el lugar, las personas involucradas y la ideología detrás de éstas elecciones también tiene implicaciones políticas. Una exposición es como un ensayo que se pone en escena en las salas del museo. Bruce Ferguson las define como “un sistema estratégico de representaciones”.4 La arquitectura, la luz, el color de las paredes, las fichas, la seguridad y todos los elementos que se nos ocurran, la cargan de significados.

Exhibition on Screen no se trata de visitas guiadas a las exposiciones. Más que transmisiones en vivo, son documentales de arte muy cuidados cuyo sujeto no es el artista ni su obra, sino la exposición misma. Con más precisión, cada uno reúne fragmentos de lecturas privilegiadas de la exposición. El recurso más evidente son los acercamientos a las obras con una resolución muy alta, físicamente imposibles para cualquier visitante. Esa acrobacia visual intensifica las pinceladas y las texturas e imprime duración y cercanía a las pinturas. Las explicaciones, análisis e interpretaciones están a cargo de los curadores y otros invitados. Las entrevistas se caracterizan por el entusiasmo y la curiosidad. Escucharles opiniones contrapuestas es un privilegio. La especialista alude a la homosexualidad de Goya y poco después el curador de la exposición la desmiente. A su vez, tenemos puntos de vista como el del jardinero en Giverny que, más que hablar de Monet, platica sobre las estaciones y cómo cuida las plantas en cada una. En el documental, la exposición se entiende como un punto de partida y también como un proceso. La filmación no está restringida sólo a las piezas que están en exhibición, muestra otras obras y documentos que por su valor jamás serían prestados. Escuchamos comentarios perspicaces sobre los motivos para colocar una pintura junto a la otra. Los documentales nos vuelven espectadores más exigentes y competentes.

Dada la experiencia de Grabsky con otros documentales de arte, los museos y las galerías confían en él y le permiten entrar a áreas restringidas. Así, podemos ver la conversación de las obras y el montaje. Estas preparaciones suceden muy rápido en el museo y para poder registrarlas debe de haber mucha comunicación entre la productora y el recinto.  Hay muchas tomas actuales de las ciudades en las que los artistas vivieron y los lugares que frecuentaron. Estos paralelismos visuales con el presente, intercalados en los filmes, reiteran un sentido de vigencia. Además, en cada documental observamos y escuchamos al menos a dos artistas contemporáneos que utilizan técnicas y géneros similares, o tratan los mismos temas. La pintora que retrató a la familia real británica comenta sobre la expresividad de los retratos de Goya. Esto invita a pensar en cómo se relaciona el arte del pasado con el presente. Los documentales se anclan a un texto, ya sea el diario del artista o las impresiones de algún escritor al momento de conocer al artista. Las citas son interesantes y aumentan la sensación de intimidad. En conjunto, los recursos del documental quieren que lo exhibido, más que ser entendido como piezas de arte, se perciba como momentos que fueron y pueden ser vividos.

Poco después de ver el de los jardines y el de Goya, mientras trataba de articular lo que pensaba sobre ellos, un amigo me escribió para contarme que se había acordado de mí mientras veía Museum Hours. Aseguraba que me iba a encantar. Es un documental/ensayo sobre el Kunsthistorisches en Viena dirigido por Jem Cohen. Se siente como una carta de amor parsimoniosa al museo mismo. Uno de los guardias se vuelve amigo de una mujer canadiense que espera a que su familiar muera. Las reflexiones de las conversaciones sinceras van hilando imágenes y las secuencias tienen una cadencia especial. No hay pretensión, ni elegancia en la ciudad y el museo. En el cuarto de hospital, el guardia comparte una écfrasis muy personal de un Cristo que ha observado durante horas. Esto se contrapone después con una guía en el museo que quiere evangelizar con  una explicación erudita y apasionada sobre Brueghel. Frente a un Adán y Eva, la mujer canadiense confiesa la envidia que le tenía a un novio que desnudo, se paraba con tal orgullo que parecía que llevaba puesto un smoking. Minutos después todos los visitantes en la sala están desnudos y caminan con un garbo semejante.  

Exhibition on Screen podría ser algo que Malraux incluyera en la discusión de haber pensado también en el cine. Son documentales que rompen la rutina y apelan a la sensibilidad. Ir al cine para ver una exposición es una experiencia completamente distinta e inesperada del museo. La posibilidad de una amplia difusión aunada a la novedad de la iniciativa los convierte en productos muy interesantes. Ayudan a ver más claro ciertos aspectos, dialogan con la exposición filmada y cuestionan la naturaleza de las muestras temporales en general. A pesar de sus itinerancias, las exposiciones temporales son generalmente de carácter efímero. Estas películas le dan un valor cultural posterior, en un soporte diferente a los catálogos o las publicaciones en línea. Los elementos oníricos de Museum Hours y la selección de los momentos a destacar de todo lo que observa el guardia durante una jornada laboral recrean un museo imaginario y subjetivo muy distinto del concepto de Malraux, pero también muy sugerente. Tanto Exhibition on Screen como Museum Hours nos llevan a imaginar maneras de leer y escribir al museo a través del cine.


1 Malraux, André. “Museum Without Walls” en The Voices of Silence. Trad. Stuart Gilbert. Frogmore: Paladin, 1974, 13-130.

2 Barker, Martin. Live to Your Local Cinema: The Remarkable Rise of Livecasting. Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2013. 2-10.

3 Goya. Visiones de carne y hueso se proyectó en el Lunario el 8 de agosto y se proyectará El 28 de agosto a las 12:00 hrs. en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón.
Renoir. Admirado y denigrado se proyectará en el Lunario el 29 de agosto a las 20:00 hrs y el 25 de septiembre a las 11:00 hrs. en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón.
Pintando el jardín moderno. De Monet a Matisse se proyectó en el Lunario el 18 de julio y se proyectará el 25 de septiembre a las 14:00 se proyectará en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón.

4 Ferguson, Bruce W. "Exhibition Rhetorics: Material Speech and Utter Sense." Thinking about Exhibitions. Ed. Reesa Greenberg, et al. Londres: Routledge, 1996. 126-36.

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Publicado en: Curadero