El miedo como entretenimiento

El miedo es una fuerza poderosa. Conecta las reacciones emocionales controladas por el sistema límbico (procesados por la misteriosa amígdala) con las regiones cerebrales con las que razonamos el mundo. Todos los seres humanos tienen la capacidad de sentir miedo, pero a qué tenerle miedo es un proceso de aprendizaje. De ahí que los niños no tengan los mismos códigos de miedo que los adultos. Pero el miedo afecta comportamientos utilizando emociones casi inapelables de autopreservación individual (y grupal) y por eso es un sentimiento tan poderoso y tan usado en nuestros hábitos de comunicación: promover agendas políticas, vender planes de seguridad, de retiro, seguros y hasta productos innecesarios que tengan el fin de integrar mejor a los individuos con las expectativas sociales, echando mano del miedo recurrente a ser expulsado de la manada.

Por otro lado, el miedo superfluo, el que no es una reacción a una necesidad física o emocional muy evidente, suele ser una gran fuente de entretenimiento, quizá especialemente porque ejercita el sistema límbico que no es sólo un proceso sufrido, sino también de aprendizaje. Nos hace sentir vivos y alerta de una manera muy básica sin necesidad de pagar las consecuencias: nos conecta directamente a la amígdala sin que tenga que devorarnos un tigre. Se cree que la reacción inmediata frente a las amenazas es el dilema de “confrontar o escapar” de la amenaza. Esa es la difícil pregunta que debe resolver la amígdala en fracciones de segundo y en eso parecen cifrarse las claves del suspenso y del horror.

La clave del suspenso como entretenimiento, por un lado, es empujar al espectador a su límite del deseo de confrontar sin tampoco forzarlo a que escape del cine (o de la trama). Por el otro lado, la clave del horror es cruzar el límite del deseo de confrontar sin dar tiempo al espectador para que tome la decisión de escapar; pero -eso sí- después darle un respiro, dejar que la adrenalina se nivele mostrando que nada ocurrió en realidad y que uno (o el personaje) sigue vivo y sobreviviendo. Así se asocia la liberación de adrenalina con el premio que viene después, el alivio, y se asegura que el espectador seguirá viendo la película.

Esta serie de espasmos de shock y relajación  pueden ser largos y lentos o cortos y en rápida sucesión. El horror puede ocurrir con un sólo gran punto de confrontación por el que se va acumulando la tensión o con muchos pequeños momentos de amenaza inmediata y sorpresiva. Se ha sugerido que el horror como entretenimiento es más sabroso cuando es inesperado, casi por definición las reacciones más extremas de la amígdala nunca vienen de lo esperado; en ese sentido, y en teoría, el cine de horror es el enemigo del cliché por excelencia. Sobre estos y otros dilemas vale la pone escuchar a los expertos. He aquí algunos ejemplos y una entrevistas clásica que más vale que vea ante de aventurarse a filmar su primera cinta de horror o de planear una broma pesada que a sus amigos les sea difícil de olvidar.

“Entonces, para construir un guión donde el horror se cuece lento, la regla de bolsillo es llenarnos de material de los cómos y por qués del horror, mientras se hace en medio de escenas que podemos reconocer como nuestras propias vidas; porque, mientras de vez en cuando nos gusta buscar un susto de una forma o la otra, nuestro mayor miedo, en realidad, es que la mundanidad de nuestras vidas diarias sea inesperadamente trastocado. Para bien o para mal.” Mark Albracht, Tips on writing a horror movie script.

 

“Todo está basado en la Caperucita Roja. Nada ha cambiado desde caperucita Roja. Así que de lo que se asustan [las audiencias] de hoy es exactamente lo mismo de lo que se asustaban ayer. Porque esto… llamémoslo “complejo del miedo”… está enraizado en cada individuo por igual.” Alfred Hitchcock

“[Un buen grito] es el producto de la satisfacción de la pena temporal. Ocurre lo mismo cuando la gente soporta la agonía de una película de suspenso – cuando todo se acaba, se sienten aliviados.”  Alfred Hitchcock

 

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