El espíritu de Berlín, julio de 1945

A mi presente han llegado las imágenes de Berlín y Potsdam fechadas en 1945. Seré testigo de lo que sucedía en los días de julio de aquel año a través de un video producido por la compañía audiovisual Chronos Media y difundido en YouTube por Berlin Channel. Estoy ante un pedacito de historia que un documentalista de ocasión tuvo la dicha de filmar.

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Entro a ciegas a dos ciudades de las que desconozco absolutamente todo. Sólo llevo conmigo la guía de los sitios enumerados en la breve explicación que acompaña al video. En la pantalla aparece la confirmación de lo que estoy a punto de descubrir: “SPIRIT OF BERLIN JULI 1945”. Los primeros segundos son un vuelo de pájaro sobre Berlín. Y de inmediato caigo a ras de suelo. Observo un edificio mutilado con la estructura metálica de su cúpula al descubierto; ahí están un hombre con la pierna izquierda amputada, un ciclista y tres paseantes más. Llego a otra calle. Escucho pasos y voces de personas a las que no veo. Entro a lo que creo podría ser el Reichstag, la luz del sol toca tímidamente sus muros. Aparece, imponente, la Puerta de Brandemburgo, con un letrero colgado en sus columnas: “YOU ARE NOW LEAVING BRITISH SECTOR”. En la Pariser Platz, una construcción se derrumba y un joven decide fotografiar este instante.

El Adlon Hotel perdió su dignidad y me pregunto qué habrán observado sus huéspedes detrás de las ventanas que alguna vez tuvieron vidrios y cortinas. En el boulevard Unter den Linden esquivo a mujeres y hombres montados en bicicletas. Siento una punzada al ver el amplio camellón plagado de automóviles partidos a la mitad, con las puertas abiertas.

Cambio de rumbo. Me paro a pocos metros de distancia de una larga hilera de hombres y mujeres que intercambian cubetas metálicas. Ellas protegen sus manos con guantes. Están sacando los escombros de los edificios bombardeados. Hacia donde se mire no hay más que columnas quebradas, paredes incompletas, cajas de cemento sin techo. Me toma por sorpresa el paso del tranvía, es una señal de que las personas ya pueden decidir a dónde ir. Otra estampa de vida cotidiana: un puñado de alemanes alrededor de una bomba de agua, llenando sus botes.

Los paseantes van descalzos o con zapatos. Cruzan puentes improvisados o andan por encima de las piedras con cuidado. Hay rostros pensativos, otros sonríen a la cámara, los menos se cubren o dan la espalda.

Miro hacia arriba, en el segundo piso de un edificio sin pared, están dos mujeres tratando de ordenar sus muebles. Hay mesas con las patas hacia arriba cubiertas con mantas rojas, sillas y una cajonera. Una de las mujeres está detrás de una puerta como si tratara de resguardar un poco de su intimidad. No quiero que esta imagen se borre de mi memoria.  

En la reconstrucción de la ciudad todos ayudan: jóvenes toman palas y rellenan zanjas; las calles lucen empedradas gracias al trabajo de niños que dedican varias horas a colocar piedras de manera uniforme.

Hay otra escena: niños, adolescentes y adultos jalan carretas rústicas cargadas con ropa, zapatos, trastes y cobijas. No cabe duda de que van, arrastrando los pies, en busca de su casa nueva. Los acompañan las pocas cosas que la guerra les permitió conservar.

Los emblemas arquitectónicos del Reich tienen los muros manchados de hollín y secuencias infinitas de balazos. No hay nada que lleve a pensar que tuvieron tiempos mejores.

Vuelvo al cielo, guiada por las tomas aéreas. La desolación desde este punto es mayor. Pienso que no hay vida allá abajo, excepto por los árboles que permanecen de pie.

Desciendo una vez más. Conozco el estadio olímpico. Las gradas están intactas. Hay un grupo de militares preparándose para nadar en la alberca. En el club de playa, hileras de jóvenes soldados observan a las jovencitas en traje de baño. No sé cómo pero llego al club de golf.

Retomo las calles. En un edificio en ruinas sobresalen los logotipos de Mercedes Benz y de la Berlitz School. Hay quienes disfrutan ya de cierta animación social como para reunirse en la terraza de un café. Creo que estoy en la desmantelada zona turística de Berlín. Hay hoteles, un teatro y algo parecido a un corredor comercial.

En la ciudad resuenan las marchas coordinadas de pequeños grupos de soldados. Marcan el paso con precisión. Esta vez no llevan armas al hombro. Hombres y mujeres vestidos de verde permiten que la cámara grabe su rostro. La tranquilidad de su mirada me hace pensar que no participaron en la Segunda Guerra Mundial. No sé si por instrucciones del camarógrafo anónimo se dirigen hacia la columna de la Victoria.

La barra de control del video me indica que faltan cinco minutos para el final. Seguiré mi recorrido en silencio. Dejo abierta la invitación para que alguien más descubra cuál era el espíritu de Berlín en junio de 1945.

 

Kathya Millares

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Publicado en: Noticias de Cipango