
El doble, el otro, el mismo. Cuentos clásicos
Bruno Estañol (selección, prólogo y comentarios)
Cal y arena, México, D.F., 2012
Hablar sobre el doble es hablar de una larga tradición no sólo literaria, sino de la misma humanidad. Así nos lo hace saber Bruno Estañol en la antología El doble, el otro, el mismo. Cuentos clásicos, que reúne nombres tan importantes en la literatura como Nathaniel Hawthorne, H. G. Wells, Robert Louis Stevenson, Marcel Schwob, Franz Kafka, Guy de Maupassant, Nikolái Gógol, Ambrose Bierce y Edgar Allan Poe.
Hemos dicho que el tema del doble es parte de una larga tradición social porque ha sido ampliamente estudiado y representado, no sólo en la literatura, sino también, por ejemplo, en la danza, en el ballet El lago de los cisnes. Por otra parte, varios estudios científicos y psicológicos se han ocupado de describir y tratar enfermedades como la esquizofrenia, la personalidad múltiple o la bipolaridad, en donde el paciente cree tener más de una identidad.
Pero, sin duda, ningún tratado científico ha podido descifrar los comportamientos delirantes que provocan la aparición de un doble en los cuentos de Maupassant (“¿Él?”), Poe (“William Wilson”) o en el muy alucinante “Diario de un loco”, de Gógol. Aquí, el doble surge de una paranoia extrema que le hace suponer al protagonista la presencia de otro; presencia que resulta desagradable y sumamente incómoda, a tal grado que el protagonista (el “dueño” de la identidad robada por el otro) no logra vivir en paz. En el cuento “¿Él?”, el doble es apenas una insinuación (no así la locura del protagonista, que se le aparece inmensa); en “William Wilson” el doble es una presencia incómoda e irritante en la medida en que roba la identidad del “verdadero” William Wilson. Finalmente, en “Diario de un loco”, el doble se apodera de la identidad del protagonista, quien es condenado a una locura irrevocable.
En otros cuentos de la misma antología podemos notar que el doble no siempre es malvado. Tal es el caso de “Markheim”, de Robert Louis Stevenson. Markheim ha cometido un crimen tan atroz que su doble se le aparece y le hace ver lo torcido que está su camino y lo podrida que está su alma. Es decir, tenemos a un doble “bueno” y a otro “malo”, a la manera del memorable cuento del mismo autor, “El doctor Jekyll y Mr. Hyde”.
Sin embargo, la aparición y representación del doble como algo que está en la mente es quizá la más común. A diferencia de los cuentos de Maupassant, Poe y Gógol ya citados, el doble “mental” es un álter ego, como lo demuestra el cuento de Kafka “La verdad sobre Sancho Panza”, donde Don Quijote es un sueño, el otro-yo de Sancho Panza y el que le permite a éste vivir aventuras imaginarias. Algo similar ocurre con “Incidente en el puente de Owl Creek”, de Ambrose Bierce: un hombre condenado a muerte escapa a su suerte gracias a su doble, mucho más valiente e ingenioso.
Los cuentos reunidos en la antología de Bruno Estañol muestran una de las grandes preocupaciones de la humanidad: la de la identidad. Para que haya un doble, primero tiene que haber un “original”, pero, ¿cómo saber cuál es el original, la verdadera identidad, si ni siquiera sabemos quiénes somos? Mejor aún: quizá sólo somos nosotros mismos cuando estamos frente a los demás. ¿Y qué pasa cuando estamos frente a alguien que es exactamente como nosotros, o con rasgos inquietantemente parecidos a los nuestros? Según los cuentos reunidos en El doble, el otro, el mismo, la respuesta es que, o bien el doble es diametralmente opuesto a lo que nosotros somos, o bien es terriblemente malo y termina acechándonos, persiguiéndonos y, eventualmente, condenándonos.
Si bien la literatura no es (y, en principio, no pretende ser) un reflejo de la realidad, sí toma rasgos de ésta para plantearlos de otra manera, ya sea exagerándolos o, simplemente, poniéndolos en palabras que nadie había usado antes. En este caso, el tema de la identidad y del doble es algo que todos hemos experimentado, sea en forma de sueño, como Kafka, o en forma de locura, como Gógol. Y esta inquietud responde al hecho de que seguimos buscándonos en el universo, a través del doble, del otro o del mismo.
Tal vez sea la necesidad del subconsciente de tener a otra persona en estado de bilocación; pero que sea superior ya sea en el bien o en el mal. Tal vez es la necesidad de salir del estado de pasividad de un ser humano. Es un tema complejo que ha dado para escribir excelentes obras de literatura y películas como es el caso del Dr. Jekyll y Mr. Hayde con el actor Jerry Lewis.
Hace poco volvía a ver el episodio “El caso del señor Pelham” de la serie de televisión “Alfred Hitchcock presenta”. En ese relato el doble del señor Pelham trata de usurparle la vida al original. Inquietante y divertido