El castillo de cristal
(The Glass Castle, Estados Unidos, 2017)
Director: Destin Daniel Cretton.
Actores: Brie Larson, Woody Harrelson, Naomi Watts, Ella Anderson.
Guionistas: Destin Daniel Cretton y Andrew Lanham, basados en la novela de Jeannette Walls.
Género: Drama.
De niño se ve a los padres como seres perfectos, como súper héroes, personas que nunca nos mentirían, que verán incondicionalmente por nosotros y que siempre cumplirán sus promesas; al menos esa es la manera en la que Jeannette (Larson) ve a Rex, a pesar de que su padre es un alcohólico que los decepciona continuamente.
La película dirigida por Destin Daniel Cretton (responsable de Short Term 12) y estrenada en México en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), está contada en distintos tiempos mostrando la infancia de Jeannette y sus tres hermanos, y cómo las experiencias vividas con sus padres los marcarían como adultos.
El castillo de cristal está basada en la historia real de Jeannette Walls, quien escribió el libro homónimo sobre su vida y cuyo material se tomó como base para el guión de Andrew Lanham y del propio Cretton.
La actuación de Brie Larson, ganadora del Oscar por su poderoso trabajo en Room, aquí resulta un tanto más acartonada; sin embargo, su personaje es tan interesante que se le perdona. No obstante, más conmovedora resulta la actuación de la niña: Ella Anderson, quien a través de sus ojos nos convence de que Rex es el mejor padre, a pesar de que éste se la pase bebiendo, de que nunca tenga dinero, trabajo, o de que haya decidido asilarlos en una casa en lugar de permitirles ir a la escuela.
Esta dinámica, educar a los niños en casa, es similar a la mostrada en Captain Fantastic, cinta protagonizada por Viggo Mortensen y que el año pasado acumuló varios premios y reconocimientos. La diferencia es que en aquella historia los niños, aun sin ir a clases y viviendo en el bosque, eran estudiosos, cultos y muy listos, aunque no muy adaptados para la vida social.

En El castillo de cristal, Rex les recuerda continuamente a sus hijos lo privilegiados que son por ser nómadas alejados de la ciudad, por vivir ahí donde pueden contemplar el cielo y sus miles de estrellas. Incluso, a falta de dinero, una Navidad les regala a cada uno su propia estrella; este tipo de detalles lo hacen un ser interesante y contradictorio. Porque Rex no les da ropa, juguetes ni lujos, pero sí tiempo y atención, además de la eterna promesa de que un día va a construirles una gran casa de cristal, una con un techo tan grande y tan claro que les permita ver siempre las estrellas.
Siendo una historia basada en un caso real, resulta imposible no pensar en cómo después de esa vida tan dura estos niños lograron salir adelante y tener vidas funcionales; todo anticiparía que acabarían en la calle o en las drogas. Pero quizá el deseo de no emular a sus padres fue motivación suficiente para ir a la escuela y esforzarse en lograr un mejor futuro.
Además de resultar inspiradora, el mayor atributo de El castillo de cristal es conmovernos con la relación de este contradictorio padre con su hija. Porque ella creerá en él y, a pesar de todo, nunca perderá la fe en que cumplirá con sus promesas; es quien da ese ejemplo de amor incondicional, a pesar de las innumerables fallas y defectos.
Quizá esa sea la principal lección de esta historia: recordarnos que los padres son seres llenos de imperfecciones, pero que nos quieren a su manera. Y que, aunque prometan castillos en el aire —o de cristal— para luego romperlos en mil pedazos, volverán luego a construirlos y, sobre todo, nos incitarán a construir los propios.
Mariana Mijares