El Ballet Zürich nos regresa la narración

La compañía suiza Ballet Zürich estará por primera vez en el Palacio de Bellas Artes hoy y mañana en la noche presentando Woyzeck. La coreografía retoma la obra de teatro inconclusa del escritor alemán del siglo XIX, Georg Buchner, para representar un fragmento que habla del amor, la traición implícita, los celos y el crimen pasional. Todos grandes temas, y de grandes historias.

Foto © Judith SchlosserDe principio a fin, la pieza tiene lugar en una penumbra que se debe asemejar mucho a la manera en que ve el mundo su protagonista, el soldado Friederich Johann Franz Woyzeck. La soledad que lo aqueja es clara desde que se levanta el telón para dejarnos vislumbrar poco a poco a un hombre joven, que se mueve inquietamente entre ruidos de tambores que lo acompañan sin terminar de perturbarlo. Desde ese momento, en el espacio en que transcurre su historia parece siempre ser de noche. Es un pueblito alemán el que atestigua su fallido romance con la madre de su hijo, el sufrimiento de su carrera militar y la continua censura del resto de los habitantes de ese lugar que murmura por todas partes.

Los elementos escenográficos para situarnos son muy simples, pero logran que el público se pueda enfrentar hasta a tres distintas escenas de manera simultánea. Así atestiguamos una historia que se resiste a ser contada desde un único punto de vista. En el momento más dramático de la narración incluso llueve, y ver que no llueve en todo el escenario ni para todos los bailarines recuerda la particular complejidad de algunos personajes. El cuerpo de baile acentúa esto, pues todo el tiempo aparece como un unísono cuya sincronía sólo acentúa el aislamiento de los protagonistas.

La puesta en escena de Christian Spuck, director y coreógrafo de la compañía, logra así crear el ambiente que acompaña a la historia de un soldado enamorado, desesperado y celoso. Y es en la traducción al movimiento de ésta historia en donde reside el mayor éxito de la obra. Woyzeck nos recuerda que la danza –y singularmente, la danza en donde todavía predomina el lenguaje clásico, a pesar de las muchas adopciones contemporáneas– es todavía capaz de contar grandes historias. Para el espectador que ya sólo reconoce largas narraciones en ballets canónicos, el trabajo de Ballet Zürich le demuestra que el escenario puede escapar de lo fragmentario para crear historias de personajes que es posible rastrear y sentir.

Vale la pena ir a ver la primera vez que se presenta esta compañía en Latinoamérica en el marco del 80 aniversario del Palacio de Bellas Artes. Aquí la información.

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Publicado en: Curadero