El Museo Metropolitano de Arte en Nueva York cierra este fin de semana la exposición Pergamon and the Hellenistic Kingdoms of the Ancient World. La muestra que estuvo un par de meses en el recinto de la 5ta Avenida, juntó por primera vez muchas de las piezas que reconstruyen la historia del reino de Pérgamo. Ésta fue organizada por Carlos A. Picón, el jefe de curaduría del Departamento de Arte Griego y Romano del Met después de trabajar seis años visitando más de 50 museos en 12 países diferentes. Pero el ‘protagonismo lo tiene sin duda el Museo de Pérgamo en Berlin, el cual empezó un proceso de restauración recientemente lo que explica la ligereza con la que prestaron un tercio de su colección. Picón está seguro de que esto no volverá a pasar jamás.

La exposición se trata de un recorrido por la historia de Pérgamo durante el imperio atálida, con algunos antecedentes en las conquistas de Alejandro y ecos a los otros reinos helénicos que sucitan curiosidades que, sin embargo, no acaban por tener respuesta. Entre otras cosas, no se explica la recurrencia de la lectura de Homero, la popularización de la Comedia Nueva del ateniense Menandro, o las diferencias entre los estilos de patronazgo de los monarcas helénicos (por ejemplo, el episodio que relata la popularización del pergamino a partir de la prohibición del rey Ptolomeo de Egipto a exportar papiro, pues quería evitar que la biblioteca de Pérgamo compitiera con la famosa de Alejandría). Quizás sea mucho pedir a un esfuerzo que es primordialmente de recolección y que funciona con creces como tal.
La exposición regresa al tiempo en que los llamados diádocos gobernaron lo conquistado por el macedonio Alejandro. A la muerte del joven emperador en el 323 a.C., el amplio territorio conquistado quedó sin dirigente, por lo que el acuerdo fue que los antiguos generales de campaña se lo dividieran, aunque no sin sangre de por medio. Los que habrían podido considerarse los sucesores de Alejando –su madre Olimia, su esposa Roxana y el hijo que tuvieron juntos– fueron asesinados todos por órdenes de Casandro, que se haría del reino de Macedonia, fundando la dinastía Antigónida. Ésta conviviría con la Ptolemáica en Egipto y la Seléucida en Siria y Babilonia.
La exposición da cuenta de distintos aspectos de la vida en la colina de la actual Turquía, en donde se estableció el pequeño pero poderoso reino de Pérgamo independiente del seléucida desde el 280 a.C. Se ven múltiples esculturas, piezas hechas en vidrio, vasijas de oro y plata con fines religiosos, joyas o monedas y retratos de los gobernantes helénicos. El conjunto funciona como una especie de bisagra entre el imperio de Alejandro, que muestra el intercambio entre la cultura de la Hélade y la de Oriente, y el poderío creciente y constante de la República Romana en la península de Italia. Están representados nada menos que Pompeyo, Julio César y Cleopatra.
Al mismo tiempo, se reconstruye brevemente la historia del sitio arqueológico de Pompeya, uno de los mejores conservados del periodo helénico. Una versión de la imagen panorámica del sitio de 360 grados creada por el artista Yadegar Asisi, que da cuenta de cómo fue la ciudad en sus mejores tiempos, se expone junto a algunas maquetas. Sin embargo, se puede decir sin demasiada nostalgia que lo más impresionante siguen siendo los objetos que provienen directamente del sitio, así como los que muestran cómo lo vieron por primera vez los ojos del siglo XIX en que fue descubierto. Hay cuadernos, fotografías, acuarelas y pinturas de cuando el arqueólogo Carl Humann lideraba las excavaciones y descubrió su parte más emblemática: el famoso gran Altar de Pérgamo. En honor a este descubrimiento, desde 1967, los restos del arqueólogo fueron removidos del cementerio de Esnirna en que se encontraban originalmente para colocarse en el sitio de Pérgamo, al sur del gran Altar.
Este Altar fue construido entre el año 200 y el 150 a.C. por Éumenes III, en recuerdo de la victoria de su antecesor Átalo I sobre los gálatas, un pueblo de origen celta que amenazaba al reino. Como una de las joyas de la exposición, el Met dedicó una sala a varios elementos escultóricos del gran Altar que están custodiados por el Museo de Berlín, como recuerdo de las ambiciones por parte del imperio prusiano. A éstos los acompañan imágenes de la Gigantomaquía –el episodio mitológico que relata el enfrentamiento entre los dioses del Olimpo y los gigantes engendrados por la diosa Gea para contender por el poder. En el frizo que reconstruye la exposición se ve a Atenea venciendo a Alcionedo con ayude de Nike, a Zeus acompañado por su emblemática águila fulminando a tres gigantes, entre otros dioses.
Son estos dos fragmentos del friso los que discuten los historiadores del arte Beth Harris y Steven Zucker. A sus ojos, estas figuras combinan lo mejor de la escultura griega: por un lado el amor al cuerpo y, por el otro, la expresión y el dramatismo con los que ha quedado asociado el helenismo, y que fueron retomados también por el Imperio romano. Recordemos que éste absorbió a los reinos helenísticos, empezando por Pérgamo en el 133 a.C., cuando Atalo III lo dejó a Roma después de no tener herederos.
Harris y Zucker discuten el contenido y la manufactura del proyecto. Smarthistory, el cual fue fundado en 2005 como un mero recurso didáctico, pero hoy contiene miles de ensayos y videos que cubren el desarrollo del arte desde el Palelítico hasta el presente. En el proyecto colaboran más de 200 historiadores del arte, arqueólogos y curadores entre otros especialistas interesados en crear contenido gratuito y de fácil acceso, como lo demuestra su comentario sobre el Altar.
Reparan en la cantidad de figuras que le dan movimiento al conjunto del friso, todas en posturas complejas: algunas con las piernas atrás del resto del cuerpo, otros con las extremidades invadiendo el espacio del espectador, y cuellos sostienen cabezas que miran a todos lados. Los historiadores nos recuerdan que lo que hoy es mármol blanco –en lo que creemos que reside buena parte de su virtuosismo y belleza– alguna vez estuvo pintado. Interpretan la elección de esta escena de la mitología griega para el frizo como una metáfora del triunfo de su cultura frente a lo desconocido. Un poco como fue la historia de la griega antigua en su conjunto. La exposición del Met probablemente será única, pero para aprender historia antigua por suerte sobran los recursos. Aunque si algo muestra el museo neoyorkino es que, confrontar al espectador directamente con los objetos sin mayor discurso curatorial, sigue siendo una gran forma de acercarse al pasado.