Le agradezco a Manolo Arrubarrena, por su invaluable ayuda, su amable guía y la enorme paciencia.
James Hammond conoce bien a la diplomacia científica. La vivió en Eritrea, un país africano azotado por las sanciones internacionales, cuando se encargaba de realizar estudios geológicos en el Rif africano oriental. Fue al finalizar este proyecto cuando recibió una invitación para estudiar las características y el despertar del volcán más feroz y enigmático de Corea del Norte.
El Monte Paektu, el punto más alto de dicha nación asiática, comenzó a tener actividad desde el 2002. Y la preocupación que genera su activación está bien fundamentada: hace mil años, el cuerpo arrojó cenizas y rocas a 33 mil kilómetros cuadrados al noreste de China y Corea, además de material que llegó hasta Japón. De ahí que se le conozca como la erupción del milenio.

Para darnos una idea de su magnitud, la erupción del milenio es casi equiparable a la que sucedió en 1815 con el Monte Tambora, en Indonesia. Esta erupción causó “el año sin verano”, pues el material que lanzó a la atmósfera tuvo tal impacto en las condiciones climatológicas de nuestro planeta, que bajó la temperatura hasta casi un grado centígrado y disminuyó la producción de alimentos en el hemisferio norte. En esa ocasión, el Monte Tambora expulsó de 150 a 200 veces más roca de la que arrojó el volcán Eyjafjallajökull, en Islandia, en 2010. Si tomamos en cuenta que esta erupción islandesa tuvo en Europa un impacto económico estimado de 5 mil millones de dólares americanos, si una erupción por parte del Monte Paektu llegara a suceder, tendríamos un problema similar al del año sin verano, y mucho mayor del que vivimos con Islandia recientemente
Por la periodicidad de la actividad del volcán se teme una erupción próxima. Gracias a los registros históricos se ha visto que despierta cada cien años, y la última vez se registró en 1903. De volver a explotar podría causar un lahar (conjunto de vegetación, agua, rocas y lodo) cuesta abajo del valle hacia territorio chino que pondría en riesgo a 60 mil habitantes, otras 100 mil personas podrían sufrir avalanchas de flujo piroclástico: una mezcla de gases y roca caliente que se mueve a nivel del suelo. Como si esto fuera insuficiente, la ceniza arruinará cultivos enteros y las comunicaciones se verían afectadas, tal como sucedió en 2010 con el volcán islandés.
Fue así que en 2011, el geólogo James Hammond –entonces investigador del Imperial College London– fue convocado por Clive Oppenheimer, vulcanólogo especialista en gases, para estudiar el Monte Paektu, una estructura geológica de importancia central en la cultura coreana. La tradición indica que éste fue el lugar en donde nació Dangun, el fundador del primer reino de dicha sociedad. Pero para los norcoreanos tiene un valor agregado: en ese lugar se asentaron las bases de la revolución que lideró Kim Il-sung, el abuelo del actual jefe de Estado. Para ese entonces, el Monte Paektu llevaba casi diez años presentando actividad con terremotos y emisiones de gases.
Pero este 2016 fue particularmente especial en materia de información. El inicio de año trajo consigo una guerra mediática que ha relacionado las pruebas nucleares de Corea del Norte con el despertar del volcán. Sin embargo, a pesar de que estos ejercicios de guerra comenzaron en el 2006, el volcán ya presentaba actividad desde hacía cuatro años antes.
La parte académica también se ha unido a los alegatos. A la par de los primeros reportes noticiosos, Nature publicó un reporte científico realizado por investigadores de instituciones surcoreanas y estadounidenses en el que se da evidencia sobre la relación entre las explosiones nucleares subterráneas y el inicio de actividad geológica. Con esto, los científicos concluyen que se espera un cambio en las presiones subterráneas del territorio causado por las explosiones nucleares de Corea del Norte, lo que podría desencadenar una erupción volcánica.
Pero, más allá de los argumentos que sostiene el trabajo, es la plataforma de publicación la que resulta de particular interés. Los reportes científicos pertenecen a Nature Publishing Group, y son trabajos de tipo open access, publicados sólo en línea –a diferencia de los artículos tradicionales que se despliegan tanto en línea como en papel, y para los que siempre se debe pagar, ya sea por artículo o por la revista completa–. La intención de estos reportes científicos es la de generar un espacio alternativo que se preocupe más por la calidad científica que por el factor de impacto de sus trabajos publicados, algo congruente si tomamos en cuenta que su valor de publicación es de 5.6, comparado con el 41.5 que tiene la revista principal. ¿Por qué un estudio publicado en una plataforma con menor factor de impacto habría de tener más calidad?, ¿por qué se publicó este trabajo en un espacio en línea con acceso libre?, ¿será que el público objetivo de este trabajo, más que ser la comunidad científica, era uno sin acceso a revistas arbitradas y con necesidad de fuentes rápidas de información… como los periodistas?
Por las especulaciones que ha levantado el despertar del volcán, el trabajo de campo de James Hammond es de enorme importancia. Debido a que el Monte Paektu está entre territorio chino y coreano, las barreras políticas de ambas naciones habían hecho de las suyas para que, antes del 2011, el flujo de información científica sobre el volcán fuera inexistente. Incluso, de acuerdo con una entrevista en Tempted que se le hizo a Kayla Iacovino, una vulcanóloga experta en petrología experimental, y colaboradora de Hammond en esta expedición, había científicos de occidente que incluso desconocían la existencia del volcán antes de todo este revuelo mediático.
A pesar de que los científicos norcoreanos y chinos ya habían estudiado al volcán, cada quien por su cuenta, los resultados eran distintos. Los chinos habían registrado ciertos datos, como temperaturas altas en la caldera, pero para cuando Hammond llegó a Corea, ellos sostenían que la evidencia para demostrar que la lava estaba ascendiendo –señal de una erupción inminente– era poco concluyente. Por su parte, los norcoreanos contaban con datos obtenidos del monitoreo realizado a partir de la obsolescencia o la invención de sus propios aparatos, producto del cierre inminente de fronteras para con el resto del mundo.
Fue así que en septiembre del 2011, Hammond, junto con Iacovino, y Clive Oppenheimer, de la Universidad de Cambridge, se convirtieron en los primeros occidentales en visitar la estación de monitoreo del volcán en Corea del Norte. Pero el camino para llegar ahí fue truculento. Debido a que, por ley, los norcoreanos tienen prohibido comunicarse de forma directa con cualquier extranjero -incluso si hablan el mismo idioma-, los investigadores occidentales fueron incapaces de establecer una relación directa con los geólogos de la Administración de Terremotos de Corea del Norte. Fue así que la comunicación se tuvo que establecer a través de dos organizaciones no gubernamentales que convocaron a un grupo de reuniones anuales en Pequín, en Pyongyang -Corea del Norte-, Berlín y París. A dichas negociaciones se unieron la Royal Society de Inglaterra y la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, que les ayudaron con las licencias y las regulaciones internacionales en sanciones.
Desde entonces, Hammond, Iacovino, y Oppenheimer han estudiado al Monte Paektu al lado de los investigadores norcoreanos y chinos para comprender la historia geológica y la estructura interna del volcán. Mientras que Hammond se encargó de las mediciones de los movimientos terrestres –como el estudio de ondas sísmicas provenientes de todo el planeta y que alcanzaban al volcán–, Oppenheimer y Iacovino se encargaron de recolectar muestras del material volcánico, mismo que pudieron transportar al Reino Unido para su análisis profundo.
Gracias a las negociaciones que realizaron los gobiernos estadounidenses, británicos, así como las organizaciones internacionales con el gobierno norcoreano, los investigadores occidentales pudieron introducir material de medición a dicha nación. De hecho, les tomó dos años poder negociar la introducción de los materiales de medición, como los sismómetros, instrumentos que permiten medir los temblores producidos por el movimiento de la corteza terrestre. Con esto, los datos que se tenían de un lado del volcán, en China, pudieron ser cotejados contra los obtenidos en Corea del Norte. Esta confrontación de información es de gran importancia porque los fenómenos geológicos no necesariamente son simétricos: esto significa que no es obligatorio que lo que se observa de un lado de alguna formación –en el caso del Monte Paektu, en China– esté sucediendo también en el sitio contrario.
Una de las características que más intriga a los investigadores es su localización. El Monte Paektu se encuentra a cientos de kilómetros al oeste del Cinturón de fuego del Pacífico, que es una zona de alta actividad geológica, y en la que el territorio mexicano está incluido. Su localización está relacionada con el choque de placas tectónicas, lo que alimenta a los volcanes ahí ubicados. Por su lejanía de esta zona, y para explicar la potencia del volcán, una hipótesis es que el agua que se encuentra en los minerales de la placa del Pacífico está siendo presionada por la subducción a 600 kilómetros debajo del volcán. La roca caliente del manto, al combinarse con el agua, se derrite y se convierte en magma, lo que explicaría el suministro de material incandescente incluso ante la lejanía del Monte Paektu del Cinturón de fuego del Pacífico.
En abril de este año, los tres investigadores occidentales, junto con sus colegas orientales, publicaron el primer trabajo producto de su investigación. En el mismo se estima a las características de la estructura de la corteza y de la parte interna del volcán, lo que les ha permitido asociarlas con las actividades que se han presentado desde 2002.
Uno de los resultados obtenidos es que la corteza debajo del volcán es más gruesa que la zona aledaña, lo que indica que su estructura es más complicada de lo que se consideraba anteriormente. También se detectó que la cámara interna donde se encuentra el magma es más superficial de lo que se había estimado con anterioridad.En cuanto a este resultado, podría existir la posibilidad de que, por la localización de la cámara magmática, la explosividad del volcán pudiera ser mayor. Sin embargo, asegurar esto sería incorrecto, ya que se necesitan tomar en cuenta más datos del volcán, como la composición del magma, o la relación de la cámara con el resto de la estructura geológica.
Los estudios para el futuro incluyen estudiar las muestras recolectadas para detallar las características de las erupciones anteriores. Uno de los estudios que harán será el de examinar el polen encontrado en las muestras, lo que podría revelar la época de año en que se ha producido la caída de ceniza. También, los materiales más profundos podrán revelar la manera en que la erupción se comenzó a dar, lo que permitiría conocer los posibles peligros ante una explosión y así desarrollar una estrategia de protección futura.
Otro trabajo consistirá en analizar los cristales de las rocas, lo que dará indicios de los gases emitidos, y podrá ayudar a explicar por qué la explosión del milenio, a diferencia del Monte Tambora, no enfrió la Tierra un grado menos. Este estudio también informará sobre las características de la lava. En caso de que se trate de una de tipo viscosa, se sabría que se necesitará una mayor presión para lanzar el material, lo que implica una erupción poderosa.
Es así que el punto más alto de la península coreana, además de guardar un lugar privilegiado en la cultura asiática, esconde muchos enigmas de tipo científico que permitirán abonar en el conocimiento de la actividad terrestre. El Monte Paektu es una muestra de la relación intrincada de la política y la ciencia. La relevancia cultural del volcán (de hecho, tiene con cinco nombres: los coreanos lo conocen, además de Monte Paektu, como Baegdu-san; los chinos lo llaman Tianchi o Changbaishan; los japoneses lo conocen como Hakuto-san) funcionó como un lubricante político para liberar las tensiones y, a través del conocimiento científico, lograr conocer las características geológicas para preservar la integridad de la zona en la medida de lo posible y prevenir cualquier posible desastre futuro.
Referencias:
Biba, E. (2014) Awesome jobs: meet Kayla Iacovino, trekker volcanologist. Tested. [en línea] Disponible en: http://bit.ly/1WYZNef (Revisado el 8 de mayo de 2016).
Drake, N. (2016) Sacred volcano in North Korea may be waiting to blow. National Geographic. [en línea] Disponible en: http://bit.ly/1T2SqB5 (Revisado el 25 de abril del 2016).
Hammond, J. (2016) Understanding volcanoes in isolated locations: engaging diplomacy for science. Science & Diplomacy, 5(1).
Kyong-Song et al. (2016) Evidence for partial melt in the crust beneath Mt. Paektu (Changbaishan), Democratic People’s Republic of Korea and China. Science Advances, 1-6.
Linde, A. y Sacks, S. (1998) Triggering of volcanic eruptions. Nature, 395, 888-890.
Ryall, J. (2016) North Korea’s nuclear test “could jolt volcano back to life”. The Telegraph [en línea]. Disponible en: http://bit.ly/1VSdZ9U (Revisado el 25 de abril de 2016).
Stone, R. (2011) Vigil at North Korea’s Mount Doom. Science, 334, 584-588.
Stone, R. (2013) Sizing up a slumbering giant. Science, 341, 1060-1061.
Stromberg, J. (2013) On conducting science atop a volcano in North Korea. Smithsonian Magazine [en línea]. Disponible en: http://bit.ly/1qcbyB5 (Revisado el 25 de abril de 2016).
Tae-Kyung Hong et al. (2016) Prediction of ground motion and dynamic stress change in Baekdusan (Changbaishan) volcano caused by North Korean nuclear explosion. Nature, Scientific reports, 6:21477, 1-8.