Volver a las salas de cine implica un nuevo reto sanitario que se suma a la grave situación económica de toda la industria. De nuevo, la batalla entre salas y cadenas exhibidoras vs. plataformas digitales se recrudece. Pero no queda claro, aún, si en esta contienda hay verdaderos vencedores. Por lo pronto, como espectadores necesitaremos certezas sólidas para volver a sentarnos frente a la pantalla grande.
Otra industria en crisis
El regreso a los cines será, por decir lo menos, extraño.
A la industria de la exhibición cinematográfica le urge la reactivación económica, la salida de la cuarentena y el levantamiento de ciertas restricciones en espacios públicos.
Las cifras no pueden ser más elocuentes. Según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), en 2019 se vendieron 350 millones de boletos. Un incremento del 5 % respecto a 2018. México es el cuarto país que más boletos de cine vende y el décimo al hablar de recaudación total de taquilla, lo que representa el 2.4 % de la taquilla mundial. Un atractivo mercado. De los 19 mil millones de pesos generados por taquilla en México el año pasado, Disney, por ejemplo, se llevó más de 7 mil millones. Todas estas ganancias se esfumaron este año.
Alejandro Ramírez, director general de Cinépolis, afirmaba el pasado 18 de junio que “tenemos que reactivar la economía, porque si no la economía misma se va a colapsar, las empresas se vuelven insostenibles”. Aunque también señalaba que esto deberá ser “de manera paulatina, gradual y responsable como nos invitan a hacerlo las autoridades”.
A Ramírez no le falta razón al enfatizar la urgencia de reactivación económica: “Nuestra pérdida es de 83.5 millones de boletos [50 millones en México y 33 millones en otros mercados/países donde tienen salas]. Pero también está llegando a un límite de insostenibilidad financiera. Si no podemos reabrir en algunas entidades en las próximas semanas, vamos a hacer despidos”. Cinépolis no ha despedido a colaboradores y sigue pagando los sueldos a sus trabajadores.
Pero, como señalaba Ramírez, el regreso de los cines depende en buena medida de instrucciones y acuerdos con las autoridades. Y esto puede ser muy distinto de un país a otro.
Los suecos, por ejemplo, nunca cerraron sus cines. Son la excepción. Pero el resto del mundo ha comenzado en las últimas semanas un gradual regreso a la “nueva normalidad”: han reabierto cines en Corea del Sur, Alemania y Austria, donde se han establecido reglas como el distanciamiento entre butacas disponibles reduciendo el aforo máximo de las salas, el uso obligatorio de cubrebocas para empleados y asistentes así como una constante sanitización de los espacios. A mediados de junio, la National Association of Theatre Owners en Estados Unidos estimaba que el 90 % de las pantallas del mundo estarían abiertas para mediados de julio. Sin embargo, AMC, la cadena de cines más grande del mundo —con más de 10 000 salas—, anunció que en Estados Unidos no abrirán antes del 1.º de agosto por el reciente incremento en contagios en dicho país.
En México desde hace un par de semanas, en los estados cuyo semáforo sanitario y según las exigencias de las autoridades locales —como en Aguascalientes y Michoacán—, ya comenzaron a abrirse algunos cines. En redes sociales aparecían campañas multimedia que mostraban protocolos de salud para proveer de la mayor seguridad e higiene posible a los asistentes: limpieza regular, menos asientos disponibles por sala, venta de alimentos solo empaquetados y no a granel, etcétera.
Pero la gente no asistió. En ambos estados se reportaron funciones de 4 o 5 personas, o incluso salas vacías. Lo cual nos lleva a otra variable: la confianza de la gente.

Ilustración: Kathia Recio
Yo, como muchos, podría hacer todo lo que me corresponde para asistir protegido al cine, y habré hecho en las semanas previas también todo lo necesario para mantenerme en casa. Pero en esta sociedad —como en muchas otras donde la gente no obedece instrucciones ni recomendaciones— nada nos asegura que las personas asistentes a una sala de cine hayan tomado las medidas cautelares de higiene. Una duda bastante válida.
Y los que vayan al cine ¿qué podrán ver?
En México, durante los pasados tres meses, cerca de 60 películas agendadas se quedaron sin estrenar. Los títulos más vendedores se recorrieron semanas o meses: por ejemplo, No Time To Die, la nueva película del agente James Bond que estrenará en noviembre, o Wonder Woman 1984, que tenía un estreno planeado para el 5 de junio, luego se movió a agosto y recientemente se anunció que llegará en octubre; o bien la nueva entrega de la saga Rápido y Furioso, que debía estrenar en abril pasado, se estrenará en 2021.
Dos películas se preparan para ser los grandes estrenos del regreso a los cines. Una suerte de mini verano cinematográfico de último minuto. Por un lado, Tenet de Warner Bros., dirigida por Christopher Nolan, cambió su fecha de estreno del 16 de julio al 12 de agosto. Por otro, Mulan de Disney, una muy anunciada adaptación de la cinta animada ahora en acción real, planeaba estrenarse para el 24 de julio y ha sido cambiada para el 21 de agosto. Todo esto se anunció en la última semana de junio ante los rebrotes en Estados Unidos. Estos títulos necesitan más del 80 % de las salas del mundo abiertas para que sean negocio. Y sus distribuidoras presionarán como saben hacerlo para tratar de tenerlas en tantas pantallas como sea posible. Sobre todo si pensamos que en estos meses el ingreso generado en cada pantalla es apenas una fracción de lo que hubiera sido el año pasado.
Con la ley de la oferta y la demanda como guía máxima, la cartelera regular de las salas de cine podría verse aún más limitada y en ese proceso comprometer la supervivencia de distribuidoras de cine más pequeñas y espacios para el cine mexicano más allá del estrictamente popular-comercial —el puñado de casi siempre insulsas comedias románticas que atraen alguna atención masiva del público— o para películas que representan al cine alternativo/de arte.
¿Qué posibilidad habrá de tener una cartelera variada en estas circunstancias? Las películas que Hollywood necesita estrenar masivamente deberán permanecer más tiempo y las cadenas exhibidoras preferirán llenar sus salas lo más posible con los mismos estrenos comerciales. Tendremos entonces un puñado muy reducido de opciones.
Cine en salas vs. exhibición digital
Los cambios de planes han sido radicales.
Universal Pictures, por ejemplo, convenció a Judd Apatow que olvidara la idea de estrenar The King of Staten Island en cines; mejor otro estreno digital. Lo mismo hizo Disney con Kenneth Branagh y Artemis Fowl.
Universal también decidió mover uno de sus estrenos importantes del año de salas de cine a digital: Trolls World Tour. La estrategia le generó 90.5 millones de dólares en 20 días. En el estreno en salas, su precuela, Trolls, había recaudado cerca de 150 millones de dólares en la taquilla estadunidense. Pero el acuerdo que tenía con los cines le significó obtener solo la mitad de esa taquilla; más o menos lo mismo que ha ganado con el estreno en digital de Trolls World Tour.
A la cadena de cines AMC no le gustó la rápida y positiva adaptación de Universal Pictures al nuevo contexto. Después de que el CEO de NBCUniversal, Jeff Shell, se refiriera a la historia de Trolls World Tour como un éxito, la exhibidora más grande en Estados Unidos afirmó que en el futuro no iban a estrenar las producciones de este estudio. Sin embargo, a finales de junio, AMC tenía otras preocupaciones más importantes que atender. El cierre de sus salas por tanto tiempo se sumaba a una situación financiera lo suficientemente precaria para que, de acuerdo a especialistas de Wall Street, tenga que declararse en bancarrota en el corto plazo bajo el concepto Chapter 11 (una forma de bancarrota que implica la reorganización de los asuntos comerciales, deudas y activos de un deudor). Si AMC busca sobrevivir no lo hará sin las películas de uno de los tres estudios que más boletos venden en el mundo, por lo que tendrá que olvidar la amenaza y aceptar que las exhibidoras dejen de priorizar, en ciertos casos, a las salas.
Por otro lado, es un hecho que los estudios y distribuidoras globales necesitan a las cadenas de cine vivas y funcionando para hacer rentables buena parte de sus estrenos. La situación ejemplifica la compleja y frágil situación de la industria y de lo que le espera.
Cada país tendrá sus propias dinámicas y adaptaciones en los próximos meses. En México, muchas películas nacionales están considerando la alternativa de salir en plataformas digitales. En los últimos años, las películas producidas son casi el doble de las películas estrenadas, lo que crea un efecto de embudo: hay muchas películas pendientes y pocos espacios y fechas. El estreno de Ya no estoy aquí de Fernando Frías en Netflix, durante la cuarentena, le permitió un nivel de atención, consumo y conversación digital que difícilmente hubiera logrado a su paso por los cines.
De cara a la reapertura de los cines en acuerdo con los semáforos sanitarios —muchos esperan que se abran en las principales plazas del país en la segunda mitad de julio—, la industria cinematográfica mexicana prepara una campaña que incluirá una estrategia digital, un tráiler nostálgico con escenas de varias películas que nos recuerden la experiencia de asistir al cine, difusión de las medidas y protocolos sanitarios en las salas y diversas dinámicas de descuentos. La campaña implica un trabajo conjunto entre la CANACINE, todas las cadenas exhibidoras y gran parte de las distribuidoras. A ver si así nos animan y dan certezas para regresar a los cines.
Arturo Aguilar
Periodista y crítico de cine.