El inicio de año llega con fuertes vientos cruzados en lo que al feminismo y al trasfondo de la libertad de expresión artística y política se refiere. Pero antes de entrar en esas ventoleras, una noticia trata de lavarle la cara a Twitter como lodazal injurioso.
La lectura colectiva que desborda la red
Twitter no es únicamente un lodazal de insultos, infamias y resentimientos cobardes enviados a punta de pulgares. Los llamados trending topics, aunque en contadas ocasiones, también pueden acuñar nobleza, transformando un rastro lejano en una huella del presente. ¿De qué demonios estamos hablando?

Ilustración para el “Canto X” del Infierno, de @Leo Achili parte de la serie con la que este artista acompaña cada canto del #Dante2018
Al iniciar el año, las redes han propiciado el fenómeno de la lectura masiva de Dante. ¿Quién? Ese autor condenado al polvo de las bibliotecas y los libros de historia de la literatura que hoy está siendo leído y comentado por la friolera de 2000 personas. Contó usted bien, querido lector: dos-mil-personas están inmersas en un fenómeno sin precedentes desencadenado por un tal Pablo Maurette (@maurette79), profesor argentino de Literatura Comparada en la Universidad de Chicago, quien, al lanzar un tuit totalmente espontáneo y ajeno a cualquier efeméride el 27 de diciembre, escribió: “¿Están hartos de Tinder, de Happn, de Badoo? ¿Quieren conocer gente como ustedes para iniciar vínculos duraderos, profundos, bellos? Vengan a #Dante2018. Hablaremos de demonología, torturas infernales, medioevo, angeleología, numerología, epicureísmo”. Su propuesta fue leer y comentar 100 cantos en 100 días y, hasta ahora, el asombro no deja de crecer. Un ensayista colombiano y profesor universitario, Humberto Ballesteros (@Graograman), ha tenido la generosidad de entregar un ensayo al día, correspondiente a cada canto. A la iniciativa ya se han unido gran número de museos, bibliotecas, ilustradores, escritores y tuiteros de casi todos los países hispanohablantes.

Las formas de aproximarse a La Divina Comedia mediante el hashtag #Dante2018abarcan todos los espectros de la cultura: desde la investigación a fondo (por ejemplo, Diego Papic transcribe aquí todas las menciones a la Comedia en el Borges de Bioy Casares), la erudición o el aforismo bien catado hasta acompañamientos y playlists para la lectura, o la fanfarronería, el albur y la desacralización que no temen saquear y alterar la tradición.

Por su parte, la cuenta Autodante (@autodante) seguirá divulgando cada canto íntegro en su original y en la traducción de Bartolomé Mitre, en algunos casos acompañado de las aguafuertes de William Blake. Por si fuera poco, hasta un niño, nacido a principios de enero, ha sido bautizado Dante, a raíz del fenómeno, como lo muestra este tuit:

Para iniciados, traductores, principiantes o quien quiera acercarse a su obra, este será definitivamente el año en que renació Dante Alighieri.
Zafarrancho mundial por la equidad de género
No podía ser una coincidencia menor que el mismo año en que un misógino de alto calibre se convirtió en el presidente 45 de Estados Unidos, un movimiento global de denuncias por acoso, abusos y malos tratos machistas floreciera. El caso de Harvey Weinstein sirvió como detonante en Hollywood. Las repercusiones en México fueron las peticiones en Change.org y el peso de la opinión pública que ahora obligan a lanzar un debate, el 12 de febrero, sobre la paridad de género en el Colegio Nacional. La institución, fundada en 1943, ha tenido 103 miembros y solo 4 mujeres. Una cifra ruin y vergonzosa.
Mientras tanto, un centenar de francesas encabezadas por Cathérine Deneuve han criticado el “puritanismo” del movimiento #MeToo, defendiendo el derecho de los hombres a “importunar” y la libertad del juego de la seducción. Detrás de esta defensa de cierta idea de la seducción se esconde el miedo, no siempre injustificado, a que una nueva ola de censura invada las artes y la literatura. Lo cierto es que no puede ser más saludable que en distintas partes del mundo se discutan las posibilidades de muchos feminismos en construcción. Caray, por un momento pensamos que Estados Unidos iba a salvar otra vez al mundo pero, ¿qué creen? Los latosos franceses no dejan de cuestionar todo, de dudar de todo, de meter su narices y darle una vuelta de tuerca a lo que parece tan claro y evidente. No nos dejan protestar en paz y tener la conciencia tranquila, maldita sea.
Arte, política y censura
Una hebra de ese debate que aún falta por resolver es entonces el problema de la relación entre arte, libertad expresiva y corrección política. ¿Debemos dejar de ver las películas de Woody Allen o de Polansky por culpa de sus devaneos sexuales? ¿Guardamos para siempre a Hemingway en el cajón por haber sido un macho alcohólico? ¿Olvidamos el pensamiento de Heidegger por sus coqueteos con el nacionalsocialismo? ¿Lo que cuentan son las obras o los autores? Separar la creación estética y sus alcances políticos inherentes de las posturas ideológicas de sus autores ha sido siempre un arma de doble filo.
Sin embargo, hay casos más espinosos, como los panfletos abiertamente antisemitas de Céline, cuya publicación anunció Gallimard a mediados de diciembre, lo que desató una vasta oposición en Francia. Incluso la viuda del autor, Lucette Destouches, siempre se había negado que fueran reeditados los llamados textos “polémicos” del escritor, publicados entre 1930 y 1940. La temperatura subió a tales grados, que este mismo jueves, la editorial Gallimard anunció que anulaba el proyecto. Su editor en jefe, Antoine Gallimard declaró a AFP: “En nombre de mi libertad como editor y de mi sensibilidad a mi época, suspendo el proyecto; a mi juicio no se reúnen las condiciones metodológicas ni memoriales para emprenderlo con serenidad”.

La intención de Gallimard era publicar una edición crítica para mostrar esa cara, hoy tan visible, del antisemitismo francés. Está claro que, como afirmó el editor, “condenar estos textos a la censura crea una curiosidad malsana”, pero el argumento de divulgar estos panfletos en nombre del “talento literario” y de la libertad investigativa de historiadores o interesados cojea un poco. Cualquier investigador puede acceder a ellos en línea, en cientos de bibliotecas, librerías de viejo y ediciones antiguas. A pesar de que Mein Kampf —que sí se sigue reeditando— y los susodichos panfletos se asemejan en su incitación al odio y al antisemitismo, acaso no pueden equipararse en términos históricos ni simbólicos. Total, ¿quién entiende a los franchutes?