Cartografía americana de la ciencia ficción

Para Diana, Melissa y Martha, por
acompañarme en esta exploración.

“¿Me estás diciendo que publiqué la historia de una mujer? ¡No tenía ni idea de que las mujeres pudieran escribir ciencia-ficción!”, declaró Groff Conklin, un antólogo de ciencia ficción estadounidense, cuando, después de haber publicado uno de los cuentos de Leslie F. Stone en la antología The Best of Science Fiction, el esposo de ésta le hizo notar que Leslie era una mujer. Tal vez fue esta absurda, ignorante y misógina afirmación la que me hizo interesarme por la ciencia ficción contemporánea escrita por mujeres.

Leí las afirmaciones de Conklin en una entrevista a Lisa Yaszek, profesora de Estudios de Ciencia Ficción en Georgia Tech, en la que explora cómo es que los relatos escritos por mujeres, a pesar de haber sido pieza clave para el desarrollo del género, han sido constantemente desplazados por sus homólogos masculinos. La contundencia de una declaración como la de Conklin sólo es reveladora del desconocimiento de la existencia y relevancia de grandes escritoras como Judith Merril y Úrsula K. Le Guin.

Es en este sentido que Yaszek hace Retrofuturismos (Almadía, 2024): segunda entrega de la colección ¡El futuro es mujer!, una compilación que reúne cuentos escritos entre 1931 y 1966 por Sonya Dorman, Leslie F. Stone, Elizabeth Mann Borgese, Margaret St. Clair y otras autoras norteamericanas. Esta compilación fue traducida al español por el colectivo Falsos Amigos —un grupo de 7 traductoras y un traductor— con la finalidad de llevar a lectores hispanohablantes obras que no son tan conocidas y que podrían tener un lugar más importante en nuestros imaginarios colectivos.

Los relatos contenidos en esta antología indagan en universos que se deslindan de la mirada patriarcal que se imponía en aquella época, y cuestionan la relación entre tecnología, colonización, género, maternidad y las relaciones humanas y no humanas.

Ilustración: Oldemar González

Ahora bien, antes de comenzar a indagar en el libro, vale la pena hacer algunas observaciones sobre este género. Darko Suvin, en su libro Metamorfosis de la ciencia ficción: sobre la poética y la historia de un género literario, afirma que la ciencia ficción tiene dos condiciones necesarias: la presencia del extrañamiento y su interacción con el conocimiento. Además su recurso más importante es el desarrollo de un marco imaginativo diferente del horizonte experiencial del autor. 

Por otro lado, para Isaac Asimov el elemento crucial de la ciencia ficción es la percepción del cambio a través de la tecnología. En su texto Sobre ciencia ficción menciona que,

no es que la ciencia ficción prediga este o aquel cambio particular lo que la hace importante, sino el hecho de que predice el cambio… Es el cambio continuo, inevitable, el factor dominante en la sociedad actual. Ya no puede tomarse ninguna decisión razonable sin tener en cuenta no sólo el mundo tal como es, sino como ha de ser.

En este género la ciencia se transforma en ficción para cuestionar, predecir, especular y dar sentido a nuestra relación con el futuro. En cuanto a esto, Alicia Mariño Espuelas en “Entre lo posible y lo imposible: el relato fantástico”, afirma que:

El relato de ‘ciencia ficción’ se sitúa en un mundo de anticipación científica, tratando de responder a los interrogantes del hombre ante el acelerado desarrollo de la ciencia y teniendo, no obstante, su fundamento en el vértigo existencial ante el misterio del futuro.

Otra aproximación es la de Rodrigo Bastidas Pérez, para quien en la ciencia ficción hay al menos dos visiones de lo científico: una dura, que se adscribe a las ciencias exactas, y otra blanda, que se inclina hacia las ciencias sociales.  Sobre esta tajante clasificación, en el prólogo del libroEl tercer mundo después del sol(Minotauro, 2021), Bastidas menciona que si bien la ciencia ficción dura permite detallar y precisar un futuro factible partiendo de datos científicos concretos, la ciencia ficción blanda concede una visión más flexible de la ciencia, “no como una estructura que permite diferenciar entre verdad y mentira, sino como un discurso que está marcando la forma de construir una visión del mundo”.

Para retomar un poco de todas las visiones mencionadas antes, en general, las posibilidades de futuro que presenta la ciencia ficción cuestionan un presente tangible que es regido por normas dignas de ser repensadas. En este género el juego que se crea con el lector es tenso y paradójico: reconocemos que el mundo que leemos no es el nuestro, pero al mismo tiempo lo identificamos como el mundo que habitamos. Es un ejercicio constante de reconocimiento y desconocimiento, en el que nos cuestionamos qué tanto es y qué tanto podría ser realidad lo que se nos presenta.

Los intentos de respuesta al qué podría ser, así como a los incipientes cambios tecnológicos y sociales, son explorados con profundidad por las autoras de Retrofuturismos. Tal es el caso de Leslie F. Stone, quien dejó huella por escribir algunos de los primeros cuentos con protagonistas mujeres y negras. En “La conquista de Gola” (1931) la voz femenina de la última superviviente de la invasión de Detaxal a Gola, un país regido por mujeres, traza el recuerdo de cuando los detaxalianos llegaron en busca de un refugio del calor abrasador que invadió su mundo. La narradora se dirige a sus hijas para rememorar la llegada de los invasores y sus intenciones de colonizar su mundo y comercializarlas como lo hicieron con el resto del universo. Haciendo uso de elementos de la tradición oral, Stone emplea la memoria y la voz para contar y advertir: “Detaxal se dio por vencido en su plan de conquistar nuestro mundo de nubes. Tal vez en el futuro lo intenten de nuevo, pero ahora nos mantenemos siempre listas”. El tono irónico y de advertencia que invade el relato de Stone le permite, más allá configurar un mundo dominado por mujeres que desafía la realidad patriarcal que la autora habitaba, criticar las afirmaciones que validaban la superioridad del género masculino por encima del femenino.

Por otro lado, Elizabeth Mann Borgese, en su cuento “Se vende, razonable” (1957) narra un mundo en el que, a pesar de que las máquinas pueden hacer casi todo, los humanos aún pueden ofrecer funciones especiales que pocas máquinas logran igualar por costos sustancialmente más baratos. La voz femenina en primera persona escribe una carta haciendo uso de un lenguaje completamente maquínico, para solicitar ; ofrece sus funciones especiales así como sus capacidades psicotécnicas sobre las máquinas. El relato explica que, previo a la solicitud de empleo, la mujer fue sometida a un acondicionamiento especial en el que se le lavó el cerebro, se le calibró el dolor y se le pusieron sus respectivas vacunas para que pueda realizar todas las tareas para las que se le requiera. En un mundo donde las máquinas comienzan a revelarse, a hacer huelgas y se niegan a pensar, la mano de obra humana se transforma así en una posibilidad de eficiencia y ahorro. Con este cuento Mann logra poner en juego la relación entre lo doméstico y la tecnología, y pone en perspectiva la dueñidad de los cuerpos humanos y las tecnologías.

A diferencia de las dos autoras anteriores, Carol Emshwiller se decide por una voz no humana para narrar su cuento “Pelaje” (1958), en el que se relata la historia de una perra blanca que habita el planeta Jaxa, quien  junto a su amo se enfrenta a la llegada de unos observadores que amenazan su relación. La narradora describe el lugar que habita, un “mundo de hielo, un mundo con el sonido de copas rompiéndose”, así como los peligros a los que se enfrenta junto a su amo, “¿cuál era la señal, el ruido, que habían acordado para ‘estamos siendo observados’?”. De igual modo, Emshwiller hace uso de la corporalidad animal para retratar la curiosidad por lo extraño, lo salvaje y desconocido.

La lectura de esta antología me llevó a textos de ciencia ficción escritos por mujeres latinoamericanas. Explorar literatura producida por mujeres en estas dos latitudes me permitió descubrir que la relación que existe con el género en Estados Unidos es diferente a la que se tiene en Latinoamérica. Estados Unidos exporta tecnología. Latinoamérica, en su mayoría, la recibe. Por ello, Bastidas menciona que,

En la ciencia ficción latinoamericana aparecen elementos de hibridez cultural (ya no es una dependencia de lo anglosajón), una crítica política contrahegemónica (que se exalta desde las dictaduras militares en adelante), una ansiedad tecnológica (que subraya el papel de consumidores de tecnología) y, finalmente, señala cómo la ciencia ficción ofrece una alternativa a las narrativas nacionales que han sido elaboradas por el canon.

No obstante, existen resonancias entre las plumas de las escritoras estadounidenses y latinoamericanas. En todas hay un ejercicio de empatía, de escribir y describir la otredad, así como de imaginar formas de existencia menos antropomórficas, que se inclinan más hacia posturas contemporáneas como el solarpunk que, de manera optimista, profundiza en la conciencia ecológica, y el biopunk, que ahonda en el impacto ético y moral de la modificación genética.

Encuentro en la de ciencia ficción escrita por mujeres, más allá de un tipo de literatura que mueve su centro para expandirse, para descentralizar la mirada humana y recordarnos que no estamos separados de aquello que nos rodea: una exploración del impacto de lo tecnocientífico en lo doméstico y en el desarrollo de las mujeres, tanto en lo personal como en comunidad.

La ciencia ficción como la de Gabriela Damián o Cristina Camacho Fahsen, por ejemplo, apuestan por una relación esperanzadora entre los humanos, las máquinas, la naturaleza y el universo. Sin embargo, propuestas como las de Ligia Escribá o Elaine Vilar Madruga se arriesgan a explorar un encuentro mucho más violento y atroz, y echan mano de los recursos literarios del género —como la manipulación del tiempo, topografías detalladas de manera minuciosa, personajes no humanos y la presencia de elementos científicos—para hacer visibles procesos políticos y sociales que acontecen o han acontecido en la historia de latinoamérica.

Ligia Escribá es una escritora guatemalteca de la que se conoce poco . Ella, desde el exilio, escribe ciencia ficción para denunciar la represión que se vivió en su país durante la guerra civil (1960-1996) y los años de dictadura de Ríos Montt. Las máquinas y yo  (Tipografía Nacional, 1984) es un libro de cuentos en el que detrás de las máquinas se esconde una figura dictatorial y represiva que asfixia a los humanos que hacen uso de ellas. Ejemplo de esto es el cuento “Punto de partida” en el que la narradora relata el despiadado conflicto sin tregua ni cuartel entre las máquinas y los humanos. La batalla comenzó cuando por su falta de discreción y secretividad confesó los secretos y confidencias de las máquinas, el por qué de sus acciones y sus limitaciones. Haciendo uso de un lenguaje militar, la narradora explora las dificultades que atraviesa ahora que las máquinas han comenzado a conspirar en su contra. El cuento cavila en el miedo infringido y en las limitaciones impuestas por aquellos que detentan el poder.

De manera radicalmente diferente a Escribá, Cristina Camacho Fahsen, también guatemalteca, escribe poesía de ciencia ficción. En sus poemarios Profundidad sidérea (Ministerio de Cultura y Deportes, 2001) y Meridianos de luz (Fundación Cultural y Educativa Óscar de León Palacios, 1996),Camacho le dedica poemas a los cometas y otros fenómenos astronómicos. En este poema titulado “Al cometa Halley, en su perihelio”, Fahsen se dedica a imaginar el impacto del cometa al orbitar tan cerca del sol, así como las consecuencias que este tendrá sobre el cometa:

[…]
En tu cuerpo primitivo
brilla la chispa futura
que te irá convirtiendo
en otro pequeño mundo,
uno más de línea circular
que romperá su elíptica
para soñar bajo la lluvia del tiempo.

Atrás del Sol
duerme la nota vertical
de tu eje futuro,
cerca del Sol está el secreto
de nuestro sistema planetario.
[…]

Por otro lado, Elena Aldunate, escritora chilena apodada “La dama de la ciencia ficción”, fue pionera del género en su país. “Juana y la cibernética”, además de ser el título del libro homónimo, es un cuento en el que la protagonista se queda encerrada en una sala de máquinas. Esto suscita en Juana cuestionamientos y reflexiones en torno al papel de la tecnología en su vida, y la soledad que padece fuera de la sala. Mediante una narración caótica, Juana enlista una serie de responsabilidades con las que debe cumplir, por lo que no puede permitirse estar encerrada. Pero pasa tanto tiempo enclaustrada que se permite contemplar su cuerpo y sus deseos, más allá de sus obligaciones. Con las máquinas, quienes se han convertido en su única compañía, explora su placer y encuentra con ellas el goce de una vida diferente a la que tiene fuera de la sala.

El cuento de Adulante resuena con las cuestiones planteadas por Elizabeth Mann en su cuento “Se vende, razonable”, incluido en Retrofuturismos, ya que ambas apuestan por hacer una crítica al mundo laboral y las condiciones que pueden orillar a la destrucción de aquellos cuerpos que trabajan sin descanso. Asimismo, plantea cuestiones como la interdependencia que existe entre los humanos y las máquinas, la soledad, el deseo y el placer femenino.

Finalmente, Gabriela Damián Miravete, escritora mexicana de ciencia ficción, trabaja en proyectos relacionados con el género como MexiCona y FutureCon, dos proyectos que, en formato de convención virtual, promueven las conversaciones entre autores, lectores y creadores mexicanos y latinoamericanos, en torno a la literatura especulativa, fantástica, fantasía y horror. La canción detrás de todas las cosas (Elefanta, 2024) es una colección de 12 cuentos que pueden ser separados en dos grupos: por un lado, los relatos que siguen la investigación de la SAPENO (Sociedad Anónima para la Preservación y el Estudio de los Naipes de Ópalo), una comunidad conformada por investigadores que estudian de manera no oficial un extraño mineral que, al ser manipulado por un aparato especial, produce sonidos que alteran la conciencia de quienes los escuchan. Y, por el otro lado, los cuentos que narran aquellas historias cantadas por el mineral, los naipes de ópalo. La canción… crea todo un universo en donde se explora la relación de los seres humanos con el mundo mineral y volcánico, en una realidad en la que la sobreexplotación de recursos y el miedo a la inexplicabilidad de la naturaleza es cada vez más latente.

Al trazar este mapa de escritoras de ciencia ficción me doy cuenta de que su especulación es esperanzadoramente incisiva. No porque nos prometen un futuro mejor, sino porque nos obligan a escuchar voces menos humanas y a sentir otras perspectivas.

La incidencia de estas escritoras dentro del mundo científico especulativo ha permitido imaginar posibilidades de futuros más libres, más sensibles y más críticos. Las autoras han encontrado en la ciencia ficción un lenguaje que les permite referenciar ciertas experiencias y momentos específicos, en las que categorías abstractas como la libertad, el poder, la injusticia, el género y la empatía, adquieren un sentido empírico. En sus mundos imaginados las escritoras de ciencia ficción crean sentido y generan realidades sociales y políticas que no son sólo simbólicas, sino experienciales. Negar su influencia en el desarrollo de este género es absurdo, ignorante y misógino.

No quisiera terminar sin dejar unas últimas recomendaciones, editoriales, librerías y autores que se dedican a la literatura de ciencia ficción:

Obras citadas

  • Asimov, Isaac. Sobre la ciencia ficción. Nightfall Inc., 1981.
  • Falsos Amigos. Retrofuturismos. Almadía, 2024.
  • Mariño Espuelas, Alicia. “Entre lo posible y lo imposible: el relato fantástico”. Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica, Asociación Cultural Xatafi y Universidad Carlos III de Madrid, 2008, pp. 40-55.
  • Pérez Bastidas, Rodrigo. El tercer mundo después del sol. Minotauro, 2021.
  • Suvin, Darko. Metamorfosis de la ciencia ficción: sobre la poética y la historia de un género literario, FCE, 1984.

Paulina Guzmán: Licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

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Publicado en: Ciudad de libros