Franco Berardi “Bifo” (Boloña, 1948) es un activista y teórico contemporáneo, interesado particularmente en el estudio de la información y los medios en la era del capitalismo posindustrial. En 1975 fundó la revista A/traverso y un año después, la primera estación de radio no regulada de Italia, Radio Alice. Posteriormente se involucró un importante movimiento de izquierda junto con Toni Negri y Oreste Scalzone entre otros, conocido como Autonomía. Sus últimos libros traducidos al español son La sublevación (Sur+, 2014) y El alma y el trabajo (Elefanta Editorial, 2013). Este artículo fue publicado originalmente en el blog de la editorial Verso el 17 de julio.

El domingo 5 de julio, la victoria del OXI nos dio la ilusión de que era posible romper la cadena financiera. Una semana después, descubrimos que la cadena es más severa que nunca. La semana de humillación a los griegos ha sido una semana de humillación a la decencia y democracia de toda Europa.
Por tercera vez en un siglo, Alemania ha destruido a Europa.
Pero debemos aprender algunas lecciones de la experiencia de esa semana amarga. La primera lección es: aquellos que creen en la unidad de Europa están perdiendo. Aquellos que desprecian la idea de Europa están ganando. Los griegos han aceptado la miseria y la humillación porque creen en Europa. Los alemanes nunca han aceptado la solidaridad europea; siempre han estado convencidos de que la escoria floja del sur solamente está buscando su dinero. Su rechazo a aceptar la responsabilidad de los migrantes que vienen del Mediterráneo, su negación a pagar las indemnizaciones de guerra a Grecia y la violencia contra el gobierno de Tsipras evidencian el total repudio que sienten hacia la solidaridad europea. Esto es por lo cual están ganando.
Debemos aprender una lección: cancelemos el nombre de Europa en nuestras mentes y nuestros corazones.
La segunda lección que tenemos que sacar, es que la izquierda política está muerta. La derrota de Syriza es la enésima prueba de la imposibilidad de combatir el capitalismo financiero de forma democrática. La vía de elecciones democráticas ha sido proscrita por actos de terrorismo alemán. Los españoles, los italianos y los portugueses ahora saben que votar por la izquierda es peligroso porque significa exponerlos a la represalia violenta de los Finazis.
En Italia, como en Francia, la única alternativa a esta forma de opresión colonial financiera es el nacionalismo: la Liga Norte, el Frente Nacional y el Partido de la Independencia del Reino Unido son las únicas fuerzas que tienen algo de credibilidad frente a los Finazis.
Ahora podemos ver claramente que la Unión Europea implica, al mismo tiempo, el desempoderamiento del trabajo impuesto por el neoliberalismo y la imposición colonial de la depredación financiera.
Sé muy bien que el odio de los colonialistas está fomentando el nacionalismo en las naciones colonizadas. Este ha sido siempre el límite de los movimientos anticoloniales: el peligro de quedar atrapados dentro de una identificación nacional y la incapacidad de ver que el capitalismo es la fuente real de la opresión colonialista. Sin embargo, no podemos dejar de ver que el nacionalismo económico alemán es la fuerza opresiva que empobrece los países colonizados de Europa.
El nacionalismo alemán no es como otros nacionalismos. Está basado en una insensibilidad al sufrimiento de los otros y en la primacía absoluta del gobierno automatizado. La exterminación de lo disfuncional es una característica esencial de su historia cultural.
Tratamos de no ver estas pruebas sencillas, y nos decimos a nosotros mismos: Schäuble y Merkel no están matando gente. Cierto, pero no hemos visto todavía el último acto de la tragedia —de todos modos, no hay que olvidar que el suicidio se ha disparado en Grecia, y que masacre yugoslava de los años noventa fue antes que nada el efecto de la provocación alemana. Ya no envían a las Schutzstaffel. Envían dinero y alguna Ustacha local (¿o Amanecer Dorado?) hará el trabajo.
El futuro de Europa es obscuro. ¿Qué podemos hacer?
Como comentario a la derrota de Syriza, en una hermosa revista digital llamada Euronomade, leo el encabezado: “Continuaremos luchando”. Desafortunadamente estas palabras suenan patéticas. ¿Qué significan, amigos Euronomádas? ¿Cuál es el significado de la palabra “continuaremos”? Hemos sido incapaces de luchar.
¿Qué hicimos durante el martirio griego? ¿Ocupamos las embajadas griegas? ¿Destruimos tiendas de BMW? ¿Organizamos huelgas masivas?
No vi una lucha en las calles de Italia y Francia. Lo más triste de la amarga semana de humillación ha sido el silencio de las ciudades de Europa: impotencia y depresión. ¿Por qué deberíamos negar esta simple verdad? Creo que más nos vale aceptar la lección de la humillación; deberíamos empezar por esta lección y construir sobre ella.
En primer lugar, el movimiento social tiene que pensarse a sí mismo como un hospital militar (como Francisco ha dicho de la Iglesia): crear espacios para la autosanación, para el cuidado y para la solidaridad con los humillados.
En segundo lugar, tenemos que lanzar la poderosa ofensiva de los desempoderados: la insolvencia, la retirada, el abandono de la escena política y el derrotismo como consecuencia de la guerra que ya se avecina sobre cada nicho del mundo.
Y durante la retirada, durante la devastación que esta guerra está provocando, tenemos que preparar las condiciones para la secuela comunista.
Salir de Europa es imposible, como hemos visto, porque Europa es una prisión bien custodiada. La única salida de la trampa europea es la salida del capitalismo.
Traducción de Luciano Concheiro