Mientras leía el faraónico Borges de Bioy, iba espigando allí varias afirmaciones del eminente ciego, que les regalé —sin referencia bibliográfica— a mis amigos tuiteros, por si acaso querían subirlas como trinos a sus respectivas cuentas en la red Twitter. Una de ellas fue su veredicto tras una ardua lectura de muchos sonetos del Fénix de los ingenios españoles, Lope de Vega: “Son una musiquita. Después de los primeros versos podría escribir ‘etcétera’”.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco
Enseguida me llegaron varias reacciones indignadas que resumiré en esta: “No solamente le atribuyen a Borges estúpidos poemas sentimentales que nunca escribió, donde se lamenta por no haber sido un ‘niño desobediente’ y otros lugares comunes, sino que ahora lo quieren hacer pasar por uno que no sabía nada de literatura. ¿Por qué no se dedican a leerlo y aprender algo, en vez de perder tiempo y hacérselo perder a los demás?”.
Les contesté a todos que se trataba de citas extraídas del citado libro, uno ciertamente divino si encubriera más lo humano; en él se documenta un Borges viperino del que sólo teníamos una cierta sospecha. Por otra parte, añadí, si algo demuestra esa frase de Borges sobre Lope es que sí sabía, y mucho, de literatura. Cuando uno analiza a fondo la poesía española del Siglo de Oro, auditivamente, leyéndola en voz alta, descubre que es bastante más el ruido que las nueces, y a eso se refiere Borges. Excluyo, eso sí, a Quevedo.
Existían, para mí, dos grandes libros de conversaciones entre escritores; el inalcanzable clásico de Boswell sobre el Dr. Johnson, y el de Eckermann registrando sus encuentros con Goethe. No se me caen los anillos para decir que ambos han encontrado un homólogo en éste de Bioy acerca de Borges. Y no se trata de ningún voyeurismo, que acaso sí pueda infectar la lectura por parte de sus compatriotas argentinos; quienes no lo somos, podemos disfrutar del banquete sin que se nos indigeste ni para bien ni para mal, como felices gourmets de la obra de un maestro. De quien aprendemos a saber leer, casi en cada página.
Para abrirles aún más el apetito, les copio un largo par de mentadas de madre e incorrecciones políticas, agrupadas por afinidades selectivas.
Argentina
“Que nos devuelvan las Malvinas y nosotros nos comprometemos a devolver el país a los indios o, por lo menos, a los españoles”.
“La gente decía que Dios era peronista. Qué gusto el de Dios, no me extraña”.
Octubre 1961, desde Austin, en carta a Bioy: “Si pudiéramos juzgarla imparcialmente, Texas sería superior a la Argentina”.
“El día que el país eligió Martín Fierro en lugar del Facundo para libro nacional, eligió la barbarie”.
Sobre el gran bandoneonista: “A Aníbal Troilo, ¿le preguntarán por Crésida?”.
“Los músicos no tienen oído. Piazzolla no sabe leer los versos. Cree que “Aquí me pongo a cantar” tiene siete sílabas”.
La mucama de Bioy ante un paquete de ejemplares de la Antología que envió la editorial: “Así cualquiera escribe libros. Todos son iguales”.
Literatura argentina
En 1961: “Sobre la literatura argentina tengo dos ideas: una, que es la más importante del continente, y otra, que es una porquería”.
Borges vs crítica: “Escribí hablando de Alejandro Magno ‘la gran sombra del macedonio’ y un crítico vio una alusión a Macedonio Fernández”.
“Macedonio estaba muy enamorado de Norah [la pintora, hermana de Borges], ella no le hacía caso. Y, la suciedad es un elemento que se toma en cuenta en tales casos”.
Borges, según Bioy: “¡Cómo se hubiera reído Macedonio de sus libros, si hubieran sido de otro!”.
Lo dijo Borges de un autor contemporáneo suyo: “No creo que haya leído el Petit Larousse, pero probablemente sí un Larousse Médiocre”.
En una entrevista, en Mendoza, hablando de Sabato: “Es una excelente persona y creo que ha publicado algunos libros”.
“Vedia aseguró que Larreta se había repuesto de su enfermedad, que era de nuevo él mismo. De nada le sirvió entonces la enfermedad”.
Hugo Wast: “Mi secreto: escribir por día seis carillas. De este modo dejaréis obra”. Comentario de Borges: “Nulla dies sine mamotreto”.
Le leen a Borges, sobre lo “telúrico” en la literatura, una frase de Martínez Estrada: “Hay que pensar con los pies en el barro americano”. Y Borges comenta: “Estuvo imprudente Martínez Estrada. Por un momento dice: ‘Hay que escribir con los pies’. Luego viene como un alivio lo del barro”.
“Mallea tiene una notable capacidad para elegir buenos títulos. Es una lástima que se obstine en añadirles libros”.
Al saber que Mallea, enamorado, le habría ofrecido a su amante no escribir más, Borges comenta: “Sería un gran bien para la literatura”.
Borges, a los 68 años: “Un escritor de mi edad, ¿qué puede hacer sino repetirse? Si no, cae en el ultraísmo o en Cortázar”.
Literatura española
Sobre su cuñado Guillermo de Torre [el crítico español marido de Norah]: “Es un idiota, pero no hay que dejarse engañar por ello: también es una mala persona”.
Bioy: “¿Seguís leyendo a Baroja?”.
Borges: “No. No se puede leer. Es inútil. Más aceite da un ladrillo”.
“El único aporte de España a la cultura de Occidente es el galicismo”.
Otras literaturas
Borges oye por primera vez el discurso Nobel de Hemingway, quien lo inició así: “Siendo incapaz de toda oratoria, agradezco el honor”. Y Borges, al respecto: “¿Cómo? Si no fuera incapaz de oratoria, ¿no agradecería?”.
Una joven en un examen oral con Borges como profesor: “Johnson, realmente, nació en Lichfield”. Borges: “¿Cómo ‘realmente’? ¿Alguien dudó?”.
“Si sospechan que cometimos un crimen, decimos que leíamos a Stendhal y nos piden que contemos lo leído, nos meterían presos”.
Borges, según Bioy, 7.10.1979: “Qué triste la vida de Kipling, hablando siempre con facsímiles del general Videla”.
Bioy le pregunta a Borges si ha oído hablar en Ginebra del creador de la Lingüística moderna, Ferdinand de Saussure.
Borges: “El nombre me suena, aunque menos que Chaussure [=calzado] y que Saucisse” [=salchicha].
Después de leer Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda: “Es peor que Amado Nervo, pero menos eufónico”.
Las mujeres
“Uno se pasa la vida hablando contra las morochas chuecas y se enamora de una morocha chueca”.
“‘Qué raro, qué lástima que no haya chicas jóvenes’, decía Bioy. ‘Lo que pasa, digo yo, es que son otros los que las encuentran’”.
“Como no tienen ideas generales, las mujeres son siempre menos morales que los hombres”.
Borges: En los medios mundanos ¿el avance del sicoanálisis será tan pavoroso como entre las chicas de Filosofía y Letras?
Bioy: Creo que sí. Tal vez reemplace a las religiones: tiene esa parte de estupidez que requiere una doctrina para gustar a la gente.
Bioy a un Borges enamorado y desorientado: “Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería”.
Cajón de sastre
“Sin duda la frase ‘Salir a los pedos’ es anterior a las motocicletas, sin embargo parece inventada para ellas; futurismo idiomático”.
“Habría que iniciar una campaña para sustituir el indicativo por el subjuntivo, para joder bien al idioma”.
“Qué tristeza, qué miseria, cuando la mayor virtud a que se aspira es la corrección gramatical”.
“Me leyó poemas eróticos, breves y admirables… Decorosos: de pronto te das cuenta de que estás oyendo una descripción del acto”.
“Lo que caracteriza un gran poema es que puede mejorarse fácilmente. Un mal poema no puede mejorarse”.
“Dios, al crear los animales, cuando llegó al sexo debió de estar cansado: servía también para orinar y estaba al lado del culo”.
“La más clara prueba de que Dios no existe es el acto de cagar”.
“Un disparate la democracia. Nadie cree que el pueblo sepa cuál es el mejor biólogo. ¿Por qué sabría quién puede gobernarlo mejor?”.
“Periodistas vinieron a preguntarme si yo había dicho en serio que los negros eran una raza inferior. ¿Nunca vieron un negro?”.
Periodista: –¿Cuál es el mensaje de su obra?
Borges: –No soy mensajero.
Poco antes de morir, platicando en Ginebra con Jean–Pierre Bernès, su traductor al francés, éste mencionó el poema “La moneda de oro” y Borges le corrigió: “De hierro”. Lamentó su error Bernès pero Borges le dijo: “No se contraríe. Usted hizo lo que la alquimia no pudo”.
Lindo imaginar la escena según la cuenta Bioy, es como para trucar un video con imágenes ya filmadas de las tres personas que intervienen en ella.
Están en su casa Bioy, su esposa Silvina Ocampo y Borges, ya ciego. Y este diálogo:
Borges: –A Coleridge sólo le importaba hablar. No le importaba el interlocutor ni nada.
Silvina (mirando a Borges): –Hay mucha gente así.
CODA
Bioy no consigue boswellizar a Borges, pero sí más de lo que Eckermann a Goethe. Ahora bien, no se crea que Borges fue más viperino de lo que fueron Karl Kraus y Gottfried Benn, para hablar de un ámbito idiomático, el alemán, que creo (creo) conocer bien. Les arrimo dos ejemplos característicos de esta otra historia universal de la infamia. Hablando de Hugo von Hofmannsthal, el vitriólico Kraus dictaminó que sus obras eran “flores artificiales que se mustian n a t u r a l m e n t e”. Y como yapa, ñapa, propina o pilón, he aquí la opinión de Benn acerca de Rilke: “No lo hacía nada mal, tratándose de un checo”.
Ricardo Bada
Escritor y periodista, residente en Alemania desde 1963. Editor en ese país de la obra periodística de García Márquez y los libros de viaje de Cela, y autor de Don Enrique, la única antología integral en castellano de la obra de Heinrich Böll.
Del libro que cita el articulo, recupero este poemita de Borges: «La señora de Perez y sus hojas comunican al publico y al clero que han abierto un taller de chupar pijas en la calle de Santiago del Estero».
Hijas no hojas
Gracias por leerme, y en el cuarto verso sobra una sílaba, la del «de» delante de «Santiago»,.
A veces parece hacerse el idiota, todo vale para molestarse a sí mismo… El hombre en busca del orco, miedo al deseo, miedo…
Siento tanta admiración por el escritor como repugnancia por el hombre Borges. No lo puedo remediar.
Gracias por leerme, Manu, y lo que no entiendo es lo de la repugnancia. Si me dijeras que te cae antipático, eso sería algo distinto, y lo podría entender. Pero la repugnancia es un sentimiento muy fuerte, que a nivel humano significa aversión e incluso asco. Y aunque hay facetas de la personalidad de Borges que son en verdad antipáticas, no creo que la cosa llegue a tanto como para convertirse en repugnancia.
Si es que no lo puedo remediar. Debe de ser que no necesito que la cosa llegue a «tanto».
Lo siento, Manu, pero es evidente que tu concepto de la tolerancia y el mío no son compatibles. A mí me produce alergia que Borges se dejó condecorar por Pinochet, pero no por eso me resulta repugnante, sino tan solo un anarquista mental a quien Allende debió parecerle una encarnación de la democracía que detestaba en un socialismo que no le parecía viable (y al menos en eso, y en el caso chileno, tenía más que razón en aquel momento). Yo nunca juzgarè a Borges por sus ideas políticas basculadas a la derecha por su profundo y comprensible antiperonismo: apenas ha habido un personaje de la historia argentina menos borgiano (cortazariano, etc.) que Perón, una caricatura de Franco exiliado a la sombra de Franco, a un tiro de piedra de la residencia del inferiocre, en su casa-palacio de Puerta de Hierro. El hecho de que haya argentinos peronistas es harto más incomprensible que el hecho de que haya inteligencia artificial. La inteligencia. o es natural, o no lo es. Lo que se llama inteligencia arrtificial es lo más próiximo que en materia de pensamiento político me recuerda al peronismo.
Repito aquí lo que ya dije en tu diario: «No creo que Borges se escorase a la derecha porque pensara que Perón ira de izquierdas, porque de eso no tuvo nunca nada. Fue un populista nada democrático y, el peronismo, la causa de todos los males argentinos, hasta hoy».
Me hubiera gustado ser testigo de algunos de los diálogos entre Bioy y Borges. Nunca he tenido muy claro si su amistad estaba cimentada en la admiración o en la envidia… un abrazo, Ricardo!