La producción fue el resultado de un creativo encuentro entre Jean Rouch, antropólogo que ya tenía una trayectoria como videoasta cuyo lugar de trabajo había sido básicamente el África, con el sociólogo Edgar Morin que para ese momento no era todavía un académico tan conocido. Morin había escrito libros de cine (El cine o el hombre imaginario y Las estrellas: mito y seducción del cine), y Rouch había elaborado una docena de documentales sobre la vida en Nigeria. Se dice que la idea de hacer una película surgió de una crítica cruzada: mientras que uno solamente escribía sobre el cine, el otro sólo hacía documentales etnográficos de sociedades alejadas y nunca de su propio entorno. Y así nació Crónica de un verano, que obligó al sociólogo a dejar los libros y agarrar una cámara, y al etnólogo a filmar París y los suyos.
Hugo José Suárez
La fractura mexicana de Roger Bartra
Estaba en el Fondo de Cultura Económica de Miguel Ángel de Quevedo, tomé el libro de un estante y lo empecé a hojear. Con Bartra siempre dejo que me guíe la intuición. Los dedos se detienen donde se encuentran las ideas que me interesan, es azaroso. Empecé por el último capítulo: “memorias de la contracultura”.
Viaje al Líbano
El viaje del escritor resulta entonces tanto un desplazamiento físico hasta el país de su madre, como al laberinto de sus sentimientos y recuerdos personales. Cuanto más penetra en el Líbano, más se atraviesa él mismo. Es un movimiento territorial y emocional a la vez, material y espiritual. Y entre tanto, un escenario histórico que nos sitúa a quienes no conocemos el lugar ni su pasado: «Entiendo por qué se dice que en ninguna otra parte sobrevive la antigua tradición de la hospitalidad oriental como en Líbano. Las palabras salen atropelladamente; los más viejos me tocan, me oprimen ambas manos, me besan con júbilo en las mejillas, me ofrecen uvas y hay quien me las lleva a la boca.»
Biquini en el C.C.U.
Cuenta Juan Villoro que Ibargüengoitia sugería que cuando las ideas no bajaban al teclado había que salir a caminar y tomar aire. Me tomo en serio la invitación y dejo mi cubículo en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM rumbo al Centro Cultural Universitario. Llego al restaurante Azul y oro, está vacío, […]