De entre todos los materiales que surgieron a raíz del incendio de la catedral, rescatamos este poema de Nerval que figura en sus Pequeñas odas (Odelettes) de 1853. Sin duda alguna, los siguientes versos tienen algo de profecía, en cualquiera de sus dos estrofas en dodecasílabos. La traducción, inmejorable, es de Tomás Segovia.