Al incesante espíritu móvil de los primeros seres racionales que habitaron nuestro planeta debemos el inicio del proceso, lento y complejo, de la apropiación del territorio. Desde nuestros primeros pasos, las sociedades se han creado, sobre todo, a partir del andar incesante. Este ensayo explora las relaciones de la humanidad con el movimiento, así como la historia de las corrientes artísticas e intelectuales que han insistido en la importancia del andar y en las posibilidades expresivas que palpitan en las ciudades y su vértigo.