La clave del suspenso como entretenimiento, por un lado, es empujar al espectador a su límite del deseo de confrontar sin tampoco forzarlo a que escape del cine (o de la trama). Por el otro lado, la clave del horror es cruzar el límite del deseo de confrontar sin dar tiempo al espectador para que tome la decisión de escapar; pero -eso sí- después darle un respiro, dejar que la adrenalina se nivele mostrando que nada ocurrió en realidad y que uno (o el personaje) sigue vivo y sobreviviendo. Así se asocia la liberación de adrenalina con el premio que viene después, el alivio, y se asegura que el espectador seguirá viendo la película.