La verdad es que llevo varias noches sin dormir o soñando con insectos. Al principio de la cuarentena, me encerré con mi padre y su esposa. Cuando después de un mes regresé a mi casa, donde vivo sola, descubrí que tenía nuevos roomies: una voraz colonia de Samsas con sus secuaces del alma, los pececillos de plata.