Lo había llamado el conserje para advertirle que Ricardo estaba mal. Muy loco. Gilberto encontró la puerta entornada y entró al departamento pero de algún modo no se sorprendió demasiado cuando descubrió las primeras señales de la catástrofe: cristales, platos, botellas, vasos de vidrio rotos yacían trazando caminos afilados y sinuosos.