Felicito a Roberto Breña por su iniciativa para continuar con el diálogo y la reflexión sobre el lugar que ocupan, en nuestro imaginario colectivo, los acontecimientos fundacionales del actual sistema político mexicano. Me refiero a la insurgencia y a la Constitución de Apatzingán.
Primer tema. En la guerra civil de 1810 hubo varias insurgencias, así en plural, y con intereses militares, políticos e ideológicos diversos. Unos pensaban en la independencia de México, como Hidalgo y Morelos, otros en una mayor autonomía, como los criollos notables de la ciudad de México, muchos más reivindicaban derechos tradicionales, como los indígenas, y otros vieron en la guerra la posibilidad de alcanzar un beneficio personal. En este grupo ubicamos a las cuadrillas de bandoleros que se decían insurgentes. Nadie podrá negar que Hidalgo y Morelos han sido los personajes más estudiados por la historiografía; sin embargo, en los últimos años se ha rescatado la historia regional y local de la insurgencia y la de las clases populares (sobre todo de las castas, los indígenas y las mujeres), no menos importantes que los mencionados caudillos y que también merecen ser reconocidos en los relatos de la historia nacional. No descalifico ni minimizo la importancia del líder para la conducción de las masas hacia el objetivo que se proponen;esto no significa que la historia, como la de 1810, se circunscriba a la explicación de la vida y “milagros” de los dos curas rebeldes, cuando hubo cientos de jefes insurgentes regionales y miles de actores de todas las clases sociales. Lo que sí puedo asegurar es que, ideológicamente hablando, Hidalgo y Morelos no fueron derrotados, por el contrario, sin que ellos se lo propusieran, los políticos, los historiadores y el imaginario colectivo los han convertido en dos de los referentes fundacionales de la identidad mexicana, misma que de tiempo en tiempo es revisada y actualizada con nuevos contenidos y significados, lo que no implica modificación alguna de su esencia. Difícilmente los mencionados caudillos serán desplazados del lugar que ahora ocupan.
No comparto la afirmación de que sólo Hidalgo y Morelos pusieron en peligro la estabilidad del virreinato; habría que agregar, insisto, a los miles de actores que tomaron las armas en ciudades, villas y pueblos. Si lo hacemos nos daremos cuenta de que fueron muchos los movimientos armados que de manera simultánea cubrieron gran parte de la geografía novohispana, y que fue la suma de todos ellos la que puso en jaque al gobierno virreinal, tanto en la ciudad de México como en las principales capitales provinciales. La guerra modificó las jerarquías sociales, las formas de gobierno y la impartición de justicia. Con y desde la guerra se formaron nuevas estructuras políticas y de gobierno, desaparecieron los privilegios y la calidad étnica. En resumen, durante el periodo de guerra los novohispanos se asumieron y se reconocieron como mexicanos; de esta manera iba llegando a su fin la división que a partir de 1810 diferenciaba a los realistas de los insurgentes.
Me sumo a la idea de Breña de no calificar a Iturbide “insurgente”. En todo caso sería “Trigarante”, pero no insurgente, nunca lo fue. Por el contrario, él encabezó la lista de los jefes realistas que más se ensañaron con las clases populares. Basta revisar los informes que Iturbide envió al virrey sobre los “diezmos” aplicados en Guanajuato y en Michoacán. El castigo consistía en reunir a los varones en la plaza pública, y al azar elegía a los que terminarían en el patíbulo. Por otro lado, las razones son de origen: en la mayoría de los casos,los movimientos insurgentes fueron eminentemente populares y sus demandas también fueron populares; en cambio, Iturbide defendió primero al gobierno virreinal y, a partir de 1821, los intereses de los grupos de poder más conservadores radicados en la ciudad de México, los más afectados por la guerra y que veían en la aplicación de la Constitución liberal de 1812 la pérdida de los privilegios que aún conservaban. Un dato más, contra el Plan de Iguala hubo declaraciones de los ayuntamientos de las ciudades capitales de provincia como Valladolid, Guadalajara, Oaxaca, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro y Puebla, por citar algunos. Estos cabildos aseguraban que el Plan de Iguala era contrario a la Constitución de 1812, la que otorgaba plenas libertades a las provincias y ayuntamientos para formar sus respectivos gobiernos.
Me parece un disparate convertir a Iturbide en “insurgente”. Veamos sus escritos. En los “Sentimientos de la Nación”, Morelos habló de una América independiente de España y de cualquier otro gobierno o monarquía. Así de claro. En cambio, Iturbide no planteó la “independencia absoluta de México” como suele afirmarse. Recordemos el inciso cuatro del Plan de Iguala que a la letra dice: “Fernando VII, y en su caso los de su dinastía o de otra reinante serán los emperadores”. ¿De qué manera podemos explicar el hecho de que Iturbide subordinara la independencia del futuro Estado mexicanoa la casa reinante de la que intentaba separarse? ¿De qué clase de independencia absoluta estamos hablando?Yo no veo ninguna continuidad entre el pensamiento de Hidalgo y Morelos, por un lado, y el de Iturbide por otro. Estoy de acuerdo en que el término “consumación” debe someterse a una discusión más profunda; la abordaré en otro momento.
Para entender la guerra civil debemos ubicarla en el corte cronológicoque inicia en 1810 y concluye en 1825; es decir, desde el momento en que iniciaron los levantamientos armados anticoloniales hasta la rendición de la última plaza española, la de San Juan de Ulúa, en Veracruz. Sólo así nos daremos cuenta de que no hubo una insurgencia “derrotada”, como suele afirmarse.De lo contrario, ¿cómo explicar que los dos primeros presidentes republicanos y catorce oficiales de alto rango tuvieran un pasado insurgente? ¿Por qué, si la insurgencia había sido derrotada, Iturbide tuvo que negociar con Vicente Guerrero una salida política al conflicto? En todo caso, ¿no sería más adecuado calificarla como una insurgencia controlada o contenida, gracias a los 14 000 soldados expedicionarios enviados desde la península? Me explico.Por la gran cantidad de hombres y mujeres que apoyaron los diversos levantamientos en buena parte de las provincias y regiones de la Nueva España, podemos inferir que había un profundo malestar contra el gobierno colonial; asimismo, que las clases propietarias se indultaron y cambiaron de bando, ante la ausencia de un programa militar y político y único insurgente que condujera las acciones de sus seguidores. El cambio de “chaqueta”, como se decía, no significa que hubieran renunciado a sus aspiraciones de cambiar lo que ya no les funcionaba en su entorno político, económico y social. En 1821 se dio la coyuntura para continuar con la lucha, pero ya no como insurgentes sino como trigarantes.
Segundo tema. El más polémico y escurridizo: el de la aplicación de la Constitución de Apatzingán. Jamás negaré su importancia como documento histórico o su profundo y claro contenido social, como los principios universales de igualdad, seguridad, propiedad y libertad, la abolición de la esclavitud, la presunción de inocencia, la libertad para realizar cualquier actividad relacionada con la agricultura, la cultura, la industria y el comercio, o su rechazo al nepotismo y a la heredad de cargos. A pregunta expresa de varios de los colegas en el Congreso de la unam, ninguno de los presentes pudo explicar con precisión qué artículos de la Constitución fueron aplicados y en qué contexto. Con la información que cuento, dudo mucho que se haya aplicado.
Tercer tema.La “influencia” de la Constitución de Cádiz en la de Apatzingán y de éstas en la de 1824, requiere de una argumentación más extensa que en este caso no puedo abordar a plenitud. Sólo adelanto que en las tres se propone la división de poderes; la segunda es más generosa en el otorgamiento de los derechos políticos e igualdad social, los cuales no fueron atendidos por la Constitución de 1824. Cabe recordar que en la primera república, el gobierno federal gobernaba estados, no ciudadanos. Ello explica que cada estado, con base en la Constitución de Cádiz, definiera los requisitos para otorgar la ciudadanía y la formación de ayuntamientos, la proscripción o pervivencia de la esclavitud y la exclusividad para la realización de ciertas actividades económicas, entre otras.
Juan Ortiz Escamilla, historiador, profesor-investigador de la Universidad Veracruzana

Un comentario disparatado: la Real Academia define “Insurgente” como “Levantado o sublevado”. No discuto que Iturbide fuera contrainsurgente entre 1810 y 1820, pero de que lo fue en 1821 (pues se levantó, sublevó e insurgió) no hay duda. ¿Por qué no reconocer que si hubo varias insurgencias, con sus diferencias, la trigarante fue una de ellas? Esto no quiere decir que hubiera continuidad ideológica ni programática.
El asunto de Iturbide es complejo. Definitivamente no es un insurgente como tal, pero en los Tratados de Córdoba sí se plantea la Independencia absoluta. Aunque se nombre como primera opción para ocupar el trono a Fernando VII, hay casos en los que se reconoce como monarca al de la antigua metrópoli, como en países de la Commonwealth.
Lo que llamamos “guerra de independencia” fue muy compleja y exige la comprensión del historiador. al margen de ciertos prejuicios ideológicos que todavía algunos colegas comparten como resultado del peso que aún ejerce la historia clásica o tradicional. Tratar de encontrar una continuidad entre Hidalgo,Morelos e Iturbide, es forzar a los hechos históricos. Yo creo que todos hemos llegado a la conclusión, sin que nadie se apropie de la paternidad de la idea, de que hubo varias insurgencias. A manera de resumen yo veo tres “gritos”: el de Dolores, el de Apatzingán y el de Iguala. Jaime Olveda.
Lo que llamamos “guerra de independencia” fue muy compleja y exige la comprensión del historiador. al margen de ciertos prejuicios ideológicos que todavía algunos colegas comparten como resultado del peso que aún ejerce la historia clásica o tradicional. Tratar de encontrar una continuidad entre Hidalgo,Morelos e Iturbide, es forzar a los hechos históricos. Yo creo que todos hemos llegado a la conclusión, sin que nadie se apropie de la paternidad de la idea, de que hubo varias insurgencias. A manera de resumen yo veo tres “gritos”: el de Dolores, el de Apatzingán y el de Iguala. Jaime Olveda.