Es la historia del más grande, el que en el cuadrilátero volaba como mariposa y picaba como avispa. En su vida social también puede ser aplicado ese viejo lugar común, pues el púgil a la vez que crecía en su carrera profesional fue madurando en sus convicciones religiosas y políticas. Así, pueden establecerse asociaciones: Mohammed Alí y los musulmanes; Cassius Clay y Malcom X, tan válidas como las que relacionan a esa figura legendaria con los peleadores Sonny Liston y Joe Frazer.

La aparición del ex campeón del mundo de boxeo en el final del camino de la llama olímpica, en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, estremeció al mundo. En el Corriere della Sera se aseguraba: “Clay conmueve, pero la piedad por la enfermedad del gran púgil no apaga las controversias sobre su rechazo a hacer el servicio militar”. En La Republica, también de Italia, se leyó: “El más grande, el púgil que sobre el ring bailaba como una mariposa y picaba como una avispa pedía ayuda porque las llamas le estaban quemando el brazo. Pero en los Juegos, desnudo en su enfermedad, Mohammed Alí ha pegado duro, seguramente más que antes, al demostrar que hay aún cosas que hacen palpitar el corazón por algo distinto al miedo”.
La bicicleta robada
Una breve historia del más grande puede ser contada a partir de septiembre de 1954, en Louisville, Kentucky, cuando los hermanos Cassius y Rudolph —de diez y doce años de edad— vagaban desesperados por las calles buscando una bicicleta que les había sido robada. Alguien les aconsejó que visitaran al policía Joe Martin, que atendía el gimnasio Columbia en la parte sur de la calle 4. El rubio Martin escuchó ahí el cuento de las desgracias de los hermanos.
—Si agarró al tipo que me robó la bicicleta —sollozó el hermano mayor—, ¡le daré una paliza!
—¿Ustedes saben boxear? —preguntó Martin—. Los voy a ayudar de esa manera: enseñándoles a boxear.
También puede contarse la vida de Cassius Marcellus Clay II desde el viaje que hace a Roma en 1960 —con 18 años de edad—, como parte de la delegación de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos. Medía 1:85 y pesaba 81.650 kilos. El moreno peso semicompleto despachó a Yvon Becaus, de Bélgica, y al soviético Gennadiy Shatkov, en sus dos primeras peleas. En semifinales se enfrentó a Tony Madigan, campeón australiano, en un encuentro difícil que conquistó por puntos. Los jueces sumaron, sobre todo, los jabs izquierdos que Clay incrustó en el rostro estupefacto de Madigan. La gran final ocurrió el 15 de septiembre de 1960 en el Palazzo dello Sport. Para abreviar, sólo hay que apuntar que el polaco Zbigniew Piertzkowski terminó con cortadas en torno a los ojos, la nariz y la boca.
Medalla de oro y humillación de color oscuro. Dice Alí que al regresar a su patria no le fue permitido entrar a un restaurante “por ser negro”. Entonces tomó la medalla y la arrojó al río.
Ocho rectos consecutivos
Otro posible inicio, el nacimiento de un campeón en pesos pesados. 25 de febrero de 1964. El salón de convenciones de Miami tiene, ocupados, 8,000 asientos. Sonny Liston aparece como el favorito, y está 8 a 1 en las apuestas. El sexto round es decisivo, pues en él Liston empieza a ser sacrificado. Clay le llegó a pegar ocho rectos consecutivos hasta que se dobló. El joven peleador pensaba: “Sí, viejo baboso. Intentas ser tan grande y tan malo”.
Vino el descanso, y cuando se marcaron los diez segundos de preparación para el séptimo round el campeón escupió el protector, y Cassius Clay saltó de gusto.
—¡Soy el rey, soy el rey, soy el más grande!
La historia, entonces, puede ser relatada de muchas maneras. ¿Cuándo comienza a vivir un hombre, cuando nace o cuando descubre los resortes ocultos de la vida? ¿Cuando asciende o cuando cae y se refugia en sí mismo? ¿Cuando decide oponerse a las injusticias establecidas?
Cassius Clay desapareció con el nacimiento del musulmán Mohammed Alí. Fue declarado oficialmente muerto cuando rechazó el reclutamiento para ir a la guerra de Vietnam en 1967. Volvió a la vida en sus combates con Joe Frazier y George Foreman, en 1970 y 1974.
Alí, el más grande. El rey.