Yes –we know that when you come, we die.
Chiparopai, an old Yuma Indian.
La naturaleza es majestuosa, benigna y cruel. Cóncavo, el cielo brilla esplendoroso: blanco, gris, azul. La luna ilumina las noches y su cabellera blanca acaricia las penas. El agua sedienta de los ríos refresca las gargantas. Sólo el hombre es una mácula en toda esta perfección. Su paso por el mundo es el punto negro en el diamante divino. La nueva película de Alejandro González Iñárritu, The Revenant (2015) —El renacido en español— se despliega entre las nieves de norteamérica, hacia 1823, y explora la brutalidad del ser humano en busca de fortuna. En este caso, el hombre blanco, que recorre gélidos bosques solitarios, contratado por la Rocky Mountains Fur Company, y atizado por el lucroso comercio de las pieles.

El pretexto: pieles y pieles y más pieles. Las aguas heladas del capitalismo europeo en América. Dinero imaginario y lejano que despierta codicia, envidia, traición y muerte. Fusiles, caballos, fogatas nocturnas, pinos gigantes, flechazos, osos, asaltos, indios y vaqueros de la medianoche. Un western nevado en el Wild Wild North. La violencia en medio de la omnipotente Natura, que solamente vibra ante la mezquindad humana.
Iñárritu ha vuelto a dejar boquiabierta a la crítica. Y es que el director mexicano se largó tan lejos como pudo de las neurosis de Broadway y los vuelos acróbatas e infantiles de Birdman (2014), para volver a las aguas profundas a las que nos tenía acostumbrados en Amores perros (2000) con Gael García Bernal, en 21 Gramos (2003) con Benicio del Toro, o en Beautiful (2009) con Javier Bardem. La cinta le hace guiños a los cinéfilos: los pantanos iniciales recuerdan La infancia de Iván (1961), de Andrei Tarkovski, la soledad sonora de los bosques evoca la Siberia de Dersu Uzala (1973) de Akira Kurosawa, y la conducta despiadada de los inmigrantes europeos semeja la de Aguirre o la Ira de Dios (1972) de Werner Herzog. Por eso Iñárrritu, en esta cinta, se instala de nuevo en los planos del cine internacional, y deja atrás las comedias inanes de Los Ángeles y los camerinos claustrofóbicos de Nueva York. Es decir, regresa al gran cine.
El renacido es una película brutal, de traiciones y venganzas, con un afán inaudito de sobrevivencia. “Mientras tengas aliento, lucha” es el lema vivencial del protagonista. Las furias y las penas de los hombres bajo una fotografía magistral. El lente de 18mm de Emmanuel Lubezki se desplaza con elegancia y lentitud ante la majestad de los paisajes. Vuelve a dar una cátedra estética: planos abiertos, lejanísimos y memorables, tilt-ups espectaculares, giros de 180 grados, close-ups tan cercanos que revelan el alma de los personajes. Hay que ver esta película en la gran pantalla. Es un ejercicio de belleza y de terror. El contrapunto naturaleza inconmensurable e inconmensurable maldad humana conjuntan un drama sorprendente de dos horas y media de duración, que fluye como río y justifica los torrentes de sangre derramados.
Las feministas pondrán el grito en el cielo. En la película aparecen sólo unas cuantas mujeres: el espíritu de una madre asesinada y una muchacha que está siendo violada. Pura testosterona macha. Hombres: carnicería, violencia, armas, locura. Es verdad. Malgré tout así fue el descubrimiento y conquista de las Américas. Un estupro, un deshonroso genocidio cultural. Por eso nadie se sale del teatro: ¿quién, que no sea nativo americano –o nativo latinoamericano—podrá negar la sangre, la esclavitud, y la explotación que ha costado el que estemos aquí? Y no mucho ha cambiado. Las venas abiertas de las Américas siguen sangrando, a borbotones de miseria indígena.
Hallamos, asimismo, lunares en la narrativa: entre más cercano aparece el rostro de Leonardo DiCaprio (Hugh Glass) y el de Forrest Goodluck (Hawk), su pretendido hijo mestizo Pawnee, menos se parecen y menos se la creemos. La genética se equivoca y el mestizaje produce milagros, pero sinceramente… Igualmente difícil es creer que los indios americanos se comieran a los búfalos crudos, a puñados purpúreos, en macabra digestión, especialmente teniendo una inmensa fogata a lado. Conocían la barbacoa (término americano) y distinguían lo crudo de lo cocido. Si no, pregúntenle a Claude Lév-Strauss. Asimismo, reunificar oníricamente a un padre blanco y a su hijo indio en medio de una iglesia en ruinas, bajo la severa mirada de un crucifijo, es un insulto para los indios americanos o, en todo caso, un sueño innecesario y fuera de lugar. A pesar de la defensa que solapadamente se hace de los amerígenas, y de la terrible acusación que acomete contra el hombre europeo, el drama sucede principalmente entre hombres blancos. La cinta es un testimonio más de lo que pasó. Como en el adagio de Chiparopai: “Sí, –sabemos que cuando ustedes llegan, nosotros morimos”
Es notable como Iñárritu obliga a DiCaprio a ejercitar una tremenda actuación. Incluso lo resucita varias veces de manera casi inverosímil –de ahí el título The Revenant—para ver si la Academia se apiada del actor de ojos claros y le concede, finalmente, un Óscar. Si no se lo gana en ésta, tras haber sobrevivido nueve vidas, recorrer adolorido cientos de kilómetros nevados, escapar a todos sus enemigos (animales y humanos), no sé cuándo se lo darán. No obstante, por más lodo que le unten en la cara (de niño) y en el cuerpo (níveo), por más paja que le amontonen en la semibarba (lampiña), el actor angelino no puede deshacerse de su rostro angelical. Romeo ha envejecido y tiene arrugas en los ojos, pero sigue siendo Romeo, el esposo de Julieta.
Iñárritu ha vuelto a romper la piñata. Y hay de dulce, de sangre, y de chocolate. The Revenant es digna de verse. Una película difícil de tragar, como la carne cruda, pero necesaria como el agua. Podremos mencionar momentos inverosímiles, levantar las cejas ante aventuras descabelladas, exaltar o vituperar a hombres blancos heroicos o antiheroicos, ennoblecer a los indios, pero la cinta, como las mejores del director mexicano, es un regalo para los ojos. Está llena de sorpresas y paisajes hermosísimos, que invitan a cuestionarse y a reflexionar.
Muy pretenciosa la reseña.
Para información general la película esta basada en una historia real, no es que el director creo las mil renacidas de Dicaprio para que se ganara un Oscar.
Que falta de información del escritor de esta crítica.
Por otro lado hace alusión a la piñata y lo relaciona con tamales varios… Inconsistente.
Mal ésta reseña pero efectivamente la película es buena. Muy buena.
Bue tampoco exageremos, sí es un buen western, pero esta reseña está más bien arrebatada…
western o northern?
Excelente texto. Justo me quedo con esos paisajes tarkovskianos, los elementos, fuego,aire, agua. Hay que hacer mención especial también a la banda sonora, la música es también espléndida. De acuerdo con los “lunares” que señalas
Sublime imponente magistral pelicula
interesante
Efectivamente, no es para tanto. Es una buena película hecha con mucho entusiasmo y buen presupuesto, pero hasta ahí. Tiene varios errores como aquí se ha dicho, en particular menciono uno de sintaxis, la recuperación de Glass resulta increíblemente rápida, no está bien matizada. Falta también complejidad emocional a los personajes, son planos. Muy buena fotografía, pero yo no la vería dos veces. El argumento tiene ciertos puntos de contacto con “La ley del talión” (Jeremiah Johnson) de Sydney Pollack, de 1972. Esta sí la he visto varias veces.
BUEN ANÁLISIS. YO NO LA HE VISTO PERO DESPUÉS DE LAS CRÍTICAS ESCUCHADAS EN LOS MEDIOS, ÉSTA ME PERMITE IR A VERLA Y APRECIAR SUS LOGROS. ESPEREMOS CON GRAN CURIOSIDAD QUE SUCEDERÁ CON LAS PREMIACIONES SOBRE TODO DESPUÉS DE LA CRÍTICA DEL PRESIDENTE OBAMA SOBRE LA DISCRIMINACIÓN RACIAL Y DEL PRIVILEGIO DE GÉNERO.