Nacido en 1978, en Londres, Adam Thirlwell pertenece a la nueva generación de escritores ingleses que se abren paso más allá de las enseñanzas de sus mayores (Julian Barnes o Ian McEwan, por ejemplo) para encontrar inspiración en otras literaturas como las de Europa central o Latinoamérica. Sus primeras dos novelas, Política y La huida (ambas publicadas en español por Anagrama) fueron elogiadas por Milan Kundera, autor a actualmente ya no le interesa tanto. “Cuando empecé a escribir me entusiasmaba mucho el descubrimiento de las novelas de Kundera, y sus ensayos sobre la novela porque ofrece este tipo de libro liberado que ya no tiene que empezar su historia con un principio e ir hasta el final, sino que los elementos de la historia pueden conjugarse con diversos géneros, puede haber un ensayo, una meditación filosófica, todo es posible. Y además tenía una suerte de glamour para mí, para un chico inglés de 18 años, era como un libertino de Europa central, y eso tuvo una mayor influencia en mí que todas sus teorías intelectuales. Pero me descubrió una tradición de la novela que no se conoce bien en Inglaterra, que no se ha explorado”.
Daniel Rodríguez Barrón: Sin embargo, esa idea de incluir el ensayo en una novela, ustedes lo tienen en Laurence Sterne.
Adam Thirlwell: Sterne es uno de mis escritores preferidos, y efectivamente es un buen ejemplo del ensayo dentro de la novela. Es curioso, todo el mundo en Inglaterra sabe de Tristram Shandy, pero no se ha leído tan bien como en Europa o Latinoamérica donde se le conoce mejor. Sterne ha tenido más influencia en la novela europea que en la británica. Y creo que mucho de lo que me interesa como escritor es redescubrir esa tradición de la novela. Me interesa esa forma juguetona que de pronto cambia de dirección, que cambia la narrativa o la construcción temporal. Y me importa su sentido de la comedia y de lo explícito, Sterne es el autor más sucio en la novela mundial. Y esa energía la encuentro muy interesante, sabe jugar con los lectores y eso me fascina.
DRB: En La huida haces un contraste muy interesante entre un joven y un viejo que no ha madurado.
AT: En esta clase de entrevistas siempre siento que debería traer conmigo a mi analista. Lo que quería explorar no era tanto la vejez sino la madurez. Hay escritores como Gombrowicz que están obsesionados con la inmadurez, y el no hacer las cosas correctas. Y ese tema de la inmadurez me interesa porque… bueno, creo que hay muy pocas transgresiones posibles en la sociedad y la inmadurez es una de ellas. Es una cosa muy mala. Y en esta novela planteó la posibilidad de ser inmaduro durante toda tu vida. ¿Qué significa ser adulto? ¿Te imaginas un personaje que nunca madure a pesar de ser un viejo?
DRB: Con razón parece que, joven y viejo, son un sólo personaje.
AT: ¡Claro! En todas mis novelas estoy muy interesado en una relativamente abstracta exploración de ideas como madurez o el tiempo, pero intento hacerlo lo más cómico posible, de modo que no quiero que ningún personaje represente la vejez y su opuesto.
DRB: El sentido del humor británico es famoso por sutil, sin embargo el tuyo es absolutamente devastador.
AT: Sí, para mí toda gran novela es una gran novela cómica, lo cual no significa que te hace reír todo el tiempo, sino que hay una refutación absoluta de lo serio, que me parece que está siempre en las grandes novelas. Hay algo absolutamente desesperado y poco romántico en las grandes novelas. Y es verdad que es famoso este humor británico más o menos irónico, pero definitivamente yo no lo tengo, el mío es más centroeuropeo hay algo más salvaje en el humor verdadero. Y es verdad que me divierte ser casi cruel con mis personajes y ponerlos en situaciones profundamente humillantes, pero creo que yo trato con personajes que sin importar que tan humillante es la situación, de alguna manera salvan su dignidad. Para mí, Don Quijote es el modelo de lo que fue la novela cómica. En muchos puntos, es increíblemente angustiante, porque si verdaderamente piensas lo que sucede es que a un loco lo castigan todo el tiempo, y sin embargo, el loco tiene su dignidad y sin importan cuanto sea humillado por la vida, se niega a ser destruido por ello.
DRB: ¿La novela ha perdido preeminencia en la sociedad?
AT: Indudablemente ha perdido su prestigio, las series de HBO son la novela tal como era en otros tiempos. Ahora cuando la gente piensa en una narrativa mayor, piensa más bien en la televisión. Pero al mismo tiempo no veo morir a la novela, más bien ha cambiado y en cierto modo nadie debería estar triste por ello. Es una liberación, es como cuando la pintura se liberó gracias a la fotografía. Ahora si quieres el puro placer de que te cuenten una historia, posiblemente te encuentres mejor con Breaking Bad. Pero la novela está ahora para explorar extraños efectos con el tiempo, y jugar con la narrativa. Es un género más libre.
DRB: Los norteamericanos sienten el deseo de escribir la gran novela norteamericana, ¿tienen esa mismo interés en Inglaterra?
AT: Creo que es una loca neurosis que tienen los norteamericanos. Creo que se debe a que su país es gigantesco y sueñan con la novela que pueda expresar el país completo. Nosotros tuvimos las grandes novelas británicas, las del siglo XIX, Dickens y George Eliot. Ellos hicieron esas novelas inmensas donde cabía todo.
DRB: ¿Te interesa algún autor mexicano?
AT: Me gusta mucho Daniel Sada y entre los escritores jóvenes están Álvaro Enrigue y Valeria Luiselli, pero ellos son mis amigos, no debería mencionarlos. Pero Sada es un gran novelista y creo que en general Latinoamérica está tomando el lugar que tuvo Europa Central. Es aquí donde encuentro una verdadera energía.
