Anomalisa

Anomalisa (E.U.A., 2015)
Directores: Charlie Kaufman y Duke Johnson
Género: Animación

Poco se puede hacer frente al mundo. Peor todavía, poco se puede hacer frente a la cotidianidad y lo diario. Entre parpadeos pasan tiranos, al mismo tiempo que impotentes, los minutos, las horas, los días, las caras, los pendientes, los compromisos, los accidentes, los etcéteras que, uno sobre otro, se apelmazan estériles frente a uno. La vida, vista así, asfixia. Cada segundo guarda dentro de sí una tierra baldía capaz de inercia casi infinita, que se antoja peor, incluso, que el dolor o el sufrimiento activos.

anomalisa

Anomalisa (2015), película más reciente de Charlie Kaufman —la primera que escribe y dirige en poco menos de ocho años—, explora tanto visual como discursivamente las angustias tortuosas de la cotidianidad de la vida. Michael Stone (interpretado por David Thewlis), autor exitoso de un bestseller para mejorar servicios de ventas y productividad, viaja a Cincinnati para dar una conferencia sobre su libro. La trama, enmarcada por este viaje de negocios, se ambienta en su paso del avión al taxi, al hotel, al cuarto, al bar del lobby, de nuevo al cuarto, al podio y de vuelta al hogar de Stone.

No se trata de una épica desproporcionada; por el contrario, la mayoría de las escenas son sencillas, acompañadas por diálogos sin mayor profundidad que la de una charla común y, sin embargo, lo cruel con lo que se muestran las angustias personales y existenciales de Stone construyen e intensifican la tensión de la película. Sin necesidad de ponerlo en palabras de su propio personaje, Kaufman retrata a un hombre de mediana edad que se encuentra fatigado por todo lo que le rodea. En medio de este fastidio, los versos de T. S. Eliot en “The Love Song of J. Alfred Prufrock” resuenan: “For I have known them all already, known them all:/ Have known the evenings, mornings, afternoons,/ I have measured out my life with coffee spoons;/ I know the voices dying with a dying fall”. Vemos a un Stone que reconoce cómo los minutos que tiene frente a sí son los mismos que ya ha vivido y agotado.

Animado en stop motion, el mundo de Stone se parece al nuestro, excepto por que las personas a su alrededor tienen la misma cara y la misma voz (Tom Noonan) —niños, hombres, mujeres, da igual; incluso la mujer que es considerada hermosa por los demás. A los ojos de Stone, el mundo y la vida son planos y simétricos. Salvo por la desconexión entre lo que se ve y se oye, la estética de la película es sobria, pero en la medida que nos acercamos a Stone y hacemos propia su forma de entender la realidad, la misma se vuelve sombría: lo sencillo agota y angustia. Stone se encuentre inmerso y sumergido en una monotonía absoluta. Conforme se descubre la construcción de este mundo, la sensación que deja en el espectador es de desasosiego. Urge la diferenciación. Urge encontrar una voz y una cara diferentes.

Encerrado en su habitación, Stone de pronto escucha una voz diferente. La busca, la persigue y, finalmente, la encuentra. Lisa Hesselman (Jennifer Jason Leigh) es la anomalía —por obvias razones, de ahí el título de Anomalisa— que irrumpe en su vida. Una mujer sencilla y honesta, Lisa muestra la necesidad por justificarse ante todo y todos, y lo muy inadecuado que uno se puede sentir en el mundo. No es muy diferente a Stone, a pesar de su éxito logrado en el mercado de la superación personal. Lisa fracasa constantemente y, sin embargo, es capaz de experimentar lo maravilloso que puede ser todo a su alrededor.

A pesar de presentarse como el opuesto de Stone, el encuentro —que eventualmente deviene en romance pasajero— muestra lo mismo desde ambas perspectivas: una soledad casi irreparable. En ese encuentro y desencuentro con Lisa, (Eliot, de nuevo, se puede traer a cuento: “Stretched on the floor, here beside you and me./ Should I, after tea and cakes and ices,/ Have the strength to force the moment to its crisis?”) la película gira y se desenvuelve.

Anomalisa al mismo tiempo se acerca y aleja del Kaufman que ya conocemos. No hay experiencias monumentales, ni empresas colosales, ni reflexiones sesudas sobre el acto creativo y la angustia creadora. Sin embargo, al igual que Being John Malkovich, Eternal Sunshine of the Spotless Mind y Synecdoche, New York —incluso igual que Human Nature y Confessions of a Dangerous Mind—, Anomalisa se presenta como una expedición a los dolores recurrentes de la soledad y la angustia. Explora lo fatigoso de la vida cotidiana, la normalización de la experiencia diaria. Kaufman muestra cómo las personas a nuestro alrededor se desdibujan para ofrecerle a nuestros sentidos lo mismo y lo mismo y lo mismo. Muestra el solipsismo inherente al ser humano, nos enseña cómo nuestras experiencias están inmersas en una profunda cuanto desgarradora cotidianidad. No se trata de grandes revelaciones ni de grandes sacrificios; al final, sólo se trata de la soledad humana y cómo incluso las experiencias anómalas terminan por normalizarse demasiado rápido (“Till human voices wake us, and we drown”, remataría Eliot tal vez).

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Publicado en: Cine

Un comentario en “Anomalisa

  1. Me pareció una película plana, en momentos patética. Esperaba algún momento cumbre, un parteaguas, no hablo de un final feliz, sino de una reflexión más profunda, que me dejara una incógnita en la cabeza. Al final se parece a la vida que tienen algunos, o que en algún momento ha tenido uno mismo, sólo que en stop motion.

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