Un texto fundamental para saber desde dónde se escribe, cómo se construye el escritor y de qué manera nacen su obra y sus textos de lo que es él mismo es Operación masacre de Rodolfo Walsh. La escritura de este libro cambiaría para siempre la forma de escribir del joven Walsh.

Rodolfo Walsh nació el año de 1927 en Río Negro, provincia de la Argentina. Huérfano de padres irlandeses, es llevado por sus tías a un internado en donde hará los estudios más básicos según la tradición druida. Es su buen inglés lo que lo llevaría a conseguir su primer trabajo a los 17 años en una librería-editorial en donde aprenderá la anatomía del oficio. Traductor, editor, corrector de estilo y galeras, Walsh se formó en la obra; el título secundario no lo consigue hasta que su primera esposa lo obliga a tenerlo. Pero el verdadero escritor se forma en lo que lee.
Aunque sus biografías lo definen como periodista por publicar en algunos periódicos desde muy joven, es un hecho que lo que publicaba ahí no era periodismo sino cuentos o crónicas que, con el toque literario aprendido de tanta lectura, inauguraban lo que sería el nuevo periodismo en América Latina. Respecto a su trabajo periodístico antes de Operación masacre, el mismo Walsh dice en un epílogo escrito en 1964: “Cuando escribí esta historia, yo tenía treinta años. Hacía diez que estaba en el periodismo. De golpe me pareció comprender que todo lo que había hecho antes no tenía nada que ver con una cierta idea del periodismo que me había ido forjando en todo ese tiempo, y que esto sí –esa búsqueda a todo riesgo, ese testimonio de lo más escondido y doloroso—, tenía que ver, encajaba en esa idea.” Será Operación masacre su primer trabajo realmente periodístico y, tal vez, el más importante.
La historia es la siguiente: una tarde de ajedrez en un café de La Plata le susurran a Walsh: “Hay un fusilado que vive”. El antecedente es la ley marcial emitida por el gobierno golpista a unos días del levantamiento del general Valle. La historia que le cuentan a Walsh se trata de Juan Carlos Livraga y un grupo de amigos que, después de escuchar una pelea de box en casa de uno de ellos, son detenidos a las 23 horas para ser fusilados supuestamente por ser peronistas, según una ley emitida hora y media después. Cuenta su hija, Patricia Walsh, que a su padre le interesó la historia por la indignación que le causó el hecho, y porque la sentencia “hay un fusilado que vive” parece obra del mejor escritor de ficciones.
Con Operación masacre, Walsh cambia el tipo de su periodismo por un periodismo de acción. Pero ¿puede el periodismo, aunque sea de acción, cambiar algo en realidad? Escribe Walsh: “Entonces me pregunté si valía la pena, si lo que yo perseguía no era una quimera, si la sociedad en que uno vive necesita realmente enterarse de cosas como éstas. Aún no tengo una respuesta. Se comprenderá, de todas maneras, que haya perdido algunas ilusiones, la ilusión en la justicia, en la reparación, en la democracia, en todas esas palabras, y finalmente en lo que alguna vez fue mi oficio, y ya no lo es.”
Entre la narrativa del periodismo y la de la novela hay algunas diferencias que es importante anotar. La novela produce sentidos múltiples, el periodismo estereotipa los sentidos: los reduce. La novela busca el relato complejo, el periodismo lo simplifica. Walsh convierte a la historia de los fusilados vivos en una especie de novela policiaca porque el periodismo del momento, volcado sólo en dar datos y sin profundizar en las historias, no tiene los elementos necesarios para contar semejante relato, es ahí cuando podemos decir que Walsh está inaugurando ese nuevo periodismo.
Operación masacre, como novela de no ficción, permite a Walsh crear una tensión entre la experiencia y la información; la experiencia es el terreno de la novela, la información es el del periodismo. Walsh quiere decir algo pero sin tener que decirlo. Quiere decir que un asesinato y un fusilamiento son cosas diferentes. Operación masacre revela significados sin decirlos, da al lector el privilegio de juzgar, hace la oposición entre información y experiencia, cuenta los testimonios, da voces a los testigos y confronta la información. Walsh es limpio en la novela, sobre todo deja que los personajes hablen. En la primera parte del libro hace el perfil de cada uno, contando cómo se fueron acercando al lugar en donde algunos encontrarían el fin plasma las características de los personajes. Después cuenta cómo les fue.
Walsh escribe una novela policiaca, pero en el prólogo cuenta la historia de la investigación que la prosibilitó y es interesante ver que ésta es digna del género de novela negra. La primera versión de Operación masacre consistió en una hojita amarilla que se distribuía en algunos quiscos, mal diagramada, con títulos que no llamaran la atención y las iniciales R.W. El impacto del reportaje haría que las hojitas llegaran a los pasillos de la Jefatura Policial provocando el enojo del teniente coronel Fernández Suárez. Es así como un periodista de La Plata con las mismas iniciales que Walsh, pero invertidas (W.R.), fue llevado en calzoncillos a la Jefatura de Policía para dar explicaciones. Enterado de eso, Walsh decide ser más cuidadoso, abandona su trabajo, cambia su nombre por Francisco Freyre, carga siempre con un revólver, se muda al Delta del Tigre, y se dedica a escribir la primera novela de no ficción (se adelantó por nueve años a Truman Capote con A sangre fría). La escritura de Operación masacre marcaría una forma de escribir que daría pie a la técnica narrativa e investigativa encontrada también en Esa mujer (uno de sus mejores cuentos), ¿Quién mató a Rosendo? y El caso Stanowsky.
La escritura y repercusión de Operación masacre regresará a Walsh al peronismo y lo convertirá de nuevo a la izquierda, eso lo hará viajar a Cuba para la fundación de Prensa Latina, agencia de información creada por la incitativa de Fidel Castro y Ernesto Guevara, en la que participarían entre otros Gabriel García Márquez, Rogelio García Lupo y Jorge Ricardo Masetti.
Una historia fue la que le dio fuerza a la escritura de Walsh. Una historia lo hizo descubrir su voz y el compromiso que tendría esa voz fue el mismo que lo hizo morir. Es la responsabilidad del escritor, el arma que son las palabras, lo que lo llevó a escribir el 24 de marzo de 1977 la “Carta abierta de un escritor a la junta militar” que gobierna en la dictadura del 76, la misma que es responsable de la muerte de su hija Victoria. La carta no es sólo para expresar una opinión o contar un sentimiento personal, la carta contiene información de lo que vivió la Argentina durante el primer año de la dictadura, es investigativa y transmite el sentimiento nacional, escrita como un sólo Walsh enojado lo puede hacer. Al día siguiente es asesinado por un grupo de tareas de la ESMA.
Cuando se lee a Walsh, se cae en ese sentimiento de impotencia generado por no poder lograr mucho con las palabras, entristece el oficio de escribir por que no llega más allá. La historia de Walsh sólo admite como conclusión a estos párrafos, que son una cita del mismo escritor, publicados a la muerte de Ernesto “el Che” Guevara: "La nostalgia se codifica en un rosario de muertos y da un poco de vergüenza estar aquí sentado frente a una máquina de escribir, aun sabiendo que eso es también una especie de fatalidad, aun si uno pudiera consolarse con la idea de que es una fatalidad que sirve para algo".
interesante
estoy dedicado a este tema de la NOVELA NEGRA, ya que voy a publicar algo al respecto este año, y les agradezco infinitamente el abrirme los ojos con este escritor, que al parecer es un gigante desconocido…le seguiré la huella muy pronto y será mi modelo a seguir con el tema que tengo en mente, por lo pronto el año me recibe con este tesoro que me trajeron los reyes magos en unos cuantos comentarios que me harán crecer mucho…gracias y felicidades….
Excelente ejemplo de que periodismo y literatura están imbricados…